Benedicto XVI: ''El obispo es un hombre valeroso''

Orientadoras palabras del papa durante la consagración episcopal en Epifanía

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 1771 hits

Durante la concelebración eucarística por la solemnidad de la Epifanía del Señor, presidida hoy por el santo padre Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro, cuatro presbíteros recibieron la consagración episcopal de manos del sumo pontífice, recogiendo así una tradición iniciada por el beato Juan Pablo II en esta fecha.

Dos de los nuevos obispos eran –y seguirán siéndolo--, sus colaboradores directos, mientras los otros asumirán también misiones de absoluta confianza de la Santa Sede.

Tal es el caso del monseñor Georg Gänswein, el secretario particular de origen alemán del santo padre, actual arzobispo titular de Urbisaglia y prefecto de la Casa Pontificia. Otro que trabajó en el Palacio Apostólico Vaticano como jefe de Protocolo, fue el prelado nigeriano Fortunato Nwachukwu, hoy arzobispo titular de Acquaviva y nuncio apostólico en Nicaragua.

Durante la ceremonia de Epifanía, también recibieron la consagración los presbíteros Angelo Vincenzo Zani, italiano, que fue elegido arzobispo titular de Volturno y nombrado secretario de la Congregación para la Educación Católica, así como el francés, Nicolás Henry Thevenin Marie Denis, arzobispo titular de Eclano y nuevo nuncio apostólico en Guatemala.

Todos los pueblos te den gracias” – Sal 67,4

Al centrar su homilía en el evangelio de hoy (cf: http://www.zenit.org/article-44065?l=spanish), que narra la llegada de los Magos de Oriente quienes, bajo la guía de la estrella, encontraron el camino hacia el pesebre de Belén, el papa advirtió que ellos fueron el comienzo de "una gran procesión que recorre la historia (..) que personifican al mundo de los pueblos, la Iglesia de los gentiles --los hombres que a través de los siglos se dirigen al Niño de Belén, honran en él al Hijo de Dios y se postran ante él".

Por eso recordó que para la Iglesia, esta fiesta se llama «Epifanía», "la aparición del Divino", durante la cual se puede contemplar que "desde aquel comienzo, hombres de toda proveniencia, de todos los continentes, de todas las culturas y modos de pensar y de vivir, se han puesto y se ponen en camino hacia Cristo (..) este encuentro con Dios en la figura del Niño es una Epifanía de la bondad de Dios y de su amor por los hombres (cf. Tt 3,4)".

Pastores ante todo

En una clara analogía con el sacramento celebrado durante la ceremonia, hizo ver que la misión del Obispo "no es solo la de caminar en esta peregrinación junto a los demás, sino la de preceder e indicar el camino".

Por ello se preguntó: "¿Cómo debe de ser un hombre al que se le imponen las manos por la ordenación episcopal en la Iglesia de Jesucristo?". La respuesta de Benedicto XVI a los nuevos obispos fue que este, debería ser sobre todo, "un hombre cuyo interés esté orientado a Dios, porque solo así se interesará también verdaderamente por los hombres (..) un hombre al que le importan los hombres, que se siente tocado por las vicisitudes de los hombres (..) un hombre conquistado por Dios".

Recordó que así como los Magos fueron hombres inquietos, que dejaron atrás sus comodidades y dignidades para ver cómo era Dios y adorarlo, así también "la inquietud del hombre hacia Dios y, a partir de ella, la inquietud de Dios hacia el hombre, no deben dejar tranquilo al Obispo, (porque) el Obispo ha de ser sobre todo un hombre de fe, que va (por) delante, que indica a los hombres el camino hacia la fe, la esperanza y el amor".

Hombre de oración

Para alcanzar estos importantes frutos, el obispo de Roma les recordó a sus nuevos hermanos en el episcopado que "la peregrinación interior de la fe hacia Dios se realiza sobre todo en la oración". Porque esta "quiere arrancarnos de nuestra falsa comodidad, del estar encerrados en las realidades materiales, visibles y transmitirnos la inquietud por Dios (..) el Obispo, como peregrino de Dios, ha de ser sobre todo un hombre que reza".

Y estos momentos de oración, les recordó, servirán para "llevar a Dios sus dificultades y las de los demás, así como sus alegrías y las de los otros, y así, a su modo, establecer el contacto entre Dios y el mundo en la comunión con Cristo, para que la luz de Cristo resplandezca en el mundo".

Líder valiente

Al volver a la figura de los Magos de Oriente, el santo padre enseñó que ellos eran también y sobre todo "hombres que tenían valor, el valor y la humildad de la fe, (porque) la búsqueda de la verdad era para ellos más importante que las burlas del mundo, aparentemente inteligente", refiriéndose a los momentos de mofa que habrían experimentado los Magos cuando anunciaron que dejarían sus pueblos, para seguir una estrella de por sí divina...

"¿Cómo no pensar, ante una situación semejante, en la misión de un Obispo en nuestro tiempo?", reflexionó, recordando que "quien vive y anuncia la fe de la Iglesia, en muchos puntos no está de acuerdo con las opiniones dominantes precisamente también en nuestro tiempo", por lo que hoy –continuó--, "el valor de contradecir las orientaciones dominantes es hoy especialmente acuciante para un Obispo. Él ha de ser valeroso".

Pero este valor --advirtió el santo padre--, "no consiste en golpear con violencia, en la agresividad, sino en el dejarse golpear y enfrentarse a los criterios de las opiniones dominantes, (con) el valor de permanecer firme con la verdad. El temor de Dios libera del temor de los hombres, (los) hace libres".

Porque para un obispo --y con él todo cristiano--, está claro que "la aprobación de las opiniones dominantes, no es el criterio al que nos sometemos". Luego quiso advertirles de que "seremos también inevitablemente golpeados por aquellos que, con su vida, están en contraste con el Evangelio, y entonces daremos gracias por ser juzgados dignos de participar en la Pasión de Cristo".

Terminó su homilía invitando a todo obispo a vivir con Cristo, para que "aquella inquietud de Dios por el hombre os toque, para que todos experimenten su cercanía y reciban el don de su alegría".