Benedicto XVI en el nuevo papamóvil y con ovación popular, en la Plaza de España

Rezó, predicó y entregó su ofrenda a los pies de la Virgen. Concierto en la embajada española

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Por H. Sergio Mora

ROMA, domingo 9 de diciembre de 2012 (ZENIT.org).- En la tarde de la fiesta de la Inmaculada, con un frío polar --inusual en Roma- Benedicto XVI llegó a la Plaza España, donde la multitud le esperaba, compuesta por muchas familias que en primera línea estaban con niños, además de los turistas extranjeros e italianos que iniciaron las compras natalicias.

El coro pontificio de la Capilla Sixtina entonó el Tu es Petrus, y pocos instantes después se escuchó una ovación de aplausos y vivas, cuando el santo padre llegó con el nuevo papamóvil, un Mercedes Clase M con detalles que permiten al papa estar más cerca de la gente. Es un regalo de la casa automovilística alemana, que se renueva desde 1930, cuando entregó a Pio IX la limusina Nurburg 460.

El santo padre quedó muy impresionado del afecto de la multitud de fieles que le acompañó, entre los cuales destacaba un grupo que en español coreaba el nombre de 'Benededicto'. “Es siempre --dijo el papa- una alegría reunirnos aquí, encontrarnos juntos --romanos peregrinos y visitantes- a los pies de nuestra Madre espiritual, que nos hace sentir unidos en el signo de la fe”.

Le esperaban el cardenal Agostino Vallini, el alcalde de Roma Gianni Alemanno y varias autoridades, además de representantes en uniforme de gala de las fuerzas del orden, como carabineros, policía y gendarmería.

Después de sus palabras --en las que recordó como la salvación del mundo no es obra del hombre, de la ciencia, la técnica o las ideologías, sino que viene de la gracia de Dios, “la única que puede colmar los vacíos que el egoísmo provoca en las personas, las familias y las naciones"--, criticó los "falsos remedios" que el mundo propone para llenar esos vacíos, bendijo el ramo de flores en honor de la Inmaculada, y se acercó para entregarlo, mientras el coro de la Capilla Sixtina cantaba las letanías lauretanas.

En frente a la plaza, está la embajada de España ante la Santa Sede comprada hacia1647 por la corona española a los barones Moladeschi, embajada que bautizó a la plaza soplándole el nombre de 'Piazza di Francia'. Ayer la sede diplomática estaba con sus balcones y ventanas abarrotadas de personas que deseaban vivir desde un observatorio privilegiado la ceremonia.

El embajador de España ante la Santa Sede, el madrileño Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, declaró a ZENIT que “el papa no entra, si bien llega ad portas, una larga tradición desde cuando el papa Pío IX inauguró el monumento de la Inmaculada, a mediados del siglo XIX. Fue un reconocimiento por todo lo que España, el rey y el pueblo español habían hecho en apoyo del dogma de la Inmaculada Concepción”. Y sobre la presencia española en Roma, recordó que “El rey es protocanónigo de la basílica de Santa María la Mayor”. Añadió que “tenemos una enorme tradición con esa basílica que ahora con el cardenal Santos Abril y Castelló se ha reforzado, y por ello estamos muy honrados”.

A continuación de un cocktail, se realizó un concierto para coro y orquesta, interpretado por la Schola cantorum di Santa María degli Angeli, a cargo del maestro Osvaldo Guidotti. En el repertorio, estuvieron el Ave María de De Vitoria; el canon de Pachelbel, y tres obras de Mozart: Regina de Coeli, Tu Virginum Corona y el Alleluia. Le siguió el Ave María del joven autor español, Sergio Moreno, que debido a los aplausos hizo 'saltar' la última pieza en programa (ver: http://www.zenit.org/article-43790?l=spanish).

Una actividad muy movida la que se registró este sábado 8 en la Plaza de España, con la deposición en la mañana temprano de la corona en lo alto de la columna de la Inmaculada realizada por los bomberos. (ver: http://www.zenit.org/article-43810?l=spanish).

Seguida por el homenaje de los guardias nocturnos (metronotte), la procesión de Santa María delle Fratte, el homenaje del gran maestro de la Orden de Malta, del grupo de la Leggio Mariae romana, y del cuerpo de la Gendarmería del Vaticano.

Siempre por la mañana, en la iglesia Trinitá dei Monti, que corona al final de la escalinata de la Plaza España, se realizó una misa con los representantes del mundo del trabajo, que concluyó con un cortejo hacia la columna de la Inmaculada.