Benedicto XVI en la Universidad fundada por san Ignacio de Loyola

Emotivo encuentro en este ateneo en el que dio clases en 1971

| 1629 hits

ROMA, viernes, 3 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI visitó este viernes la Universidad Pontificia Gregoriana, creada hace más de 450 años por san Ignacio de Loyola.



La institución académica, confiada por los papas a la Compañía de Jesús, cuenta con 3.000 estudiantes, procedentes de 130 países, 821 diócesis y 84 institutos religiosos.

El Papa ha llegó puntual a la Universidad, en la que fue profesor en el año 1971 durante un semestre en el segundo ciclo de Teología Dogmática ofreciendo un curso sobre la Eucaristía.

Joseph Ratzinger visitó numerosas veces este edificio, como él mismo recordó con emoción, ya desde el Concilio Vaticano II, a veces como conferenciante y otras como asistente a defensas de tesis doctorales.

Le dieron la bienvenida, entre otros, el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica, gran canciller de la Universidad; y el padre Peter-Hans Kolvenbach, S.J., que como prepósito general de los jesuitas es gran vicecanciller de esta institución, calificada por el Papa como «uno de los más grandes servicios que la Compañía de Jesús ofrece a la Iglesia universal».

A su llegada a la Plaza de la Pilotta, recientemente restaurada, donde se halla la Gregoriana, el Papa visitó al Santísimo Sacramento en la Capilla de los Estudiantes y saludó a las ocho religiosas de la comunidad.

Los alumnos de recibieron al pontífice con aplausos y gritos de «¡Viva el Papa!». Como no cabían todos en el atrio, muchos le vieron y escucharon sus palabras desde las aulas, en las que se habían instalado grandes pantallas.

Los discursos de bienvenida corrieron a cargo del padre Gianfranco Ghirlanda S.I., del representante de los estudiantes, el padre Bryan Lobo, y del secretario general, Luigi Allena.

En su discurso, el Papa explicó que como Universidad eclesiástica pontificia, este centro académico está comprometido a actuar en comunión con la Iglesia.

«Tenemos que amarla como Cristo mismo la amó, asumiendo los sufrimientos del mundo y de la Iglesia para completar lo que falta a la pasión de Cristo», indicó.

«De este modo podemos formar nuevas generaciones de sacerdotes, de religiosos y de laicos comprometidos», afirmó.

Al finalizar su largo discurso, lleno de recuerdos, el obispo de Roma recibió algunos regalos de la Universidad, entre ellos el último volumen de la revista «Archivium Historiae Pontificiae», que le interesó particularmente, y un libro sobre el centenario del nacimiento del filósofo y teólogo canadiense Bernard Lonergan S.I.

Después de los discursos, el Papa se encontró con la comunidad jesuita en el Centro de Congresos Matteo Ricci --en los sótanos del edificio-- y ha hojeó algunas publicaciones de la Universidad y documentos del archivo.

A encuentro asistieron miembros del cuerpo diplomático y benefactores de la Universidad en todo el mundo, especialmente de Estados Unidos, Alemania e Italia de la Fundación Gregoriana, a los que el Papa ha agradecido su apoyo a la «prestigiosa institución».

Los cantos que amenizaron el encuentro fueron interpretados por el Coro del Colegio Pontificio Germánico-Húngaro.