Benedicto XVI felicita a la diócesis de Valladolid por el nuevo beato

Miles de personas asisten a la beatificación del padre Hoyos

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FLORIANA / VALLADOLID, domingo 18 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El Papa quiso unirse hoy desde Floriana (Malta), donde se encuentra de viaje apostólico, a los miles de fieles que hoy celebraban en Valladolid (España) la beatificación del joven jesuita Bernardo Francisco de Hoyos.

Al concluir el rezo del Regina Caeli en la plaza Granai de Floriana, el Papa quiso unirse a la celebración en Valladolid, “donde Bernardo Francisco de Hoyos, un sacerdote de la Compañía de Jesús, ha sido beatificado esta mañana. Demos gracias a Dios por todos los santos hombres y mujeres que ha dado a su Iglesia”.

En esta ciudad, casi veinte mil personas participaron en la ceremonia, que tuvo lugar en la plaza de Colón, para la beatificación del padre Hoyos, la primera ceremonia de este tipo que tiene lugar en Valladolid.

La ceremonia tuvo lugar apenas veinticuatro horas después de la toma de posesión, como nuevo arzobispo, de monseñor Ricardo Blázquez.

En la beatificación hoy estuvo presente monseñor Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, junto a más de cincuenta obispos de toda España, que habían acudido también ayer a acompañar al nuevo arzobispo de Valladolid.

Al narrar la vida del nuevo beato, que murió a los 24 años, monseñor Amato afirmó que “fue un enamorado del Corazón de Jesús, cuya devoción predicó y propagó con todas las fuerzas de su amor y de su celo apostólico".

Su originalidad espiritual, explicó el enviado del Papa fue “la capacidad de acoger, en armonía con la mística ignaciana, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús”, culto comenzado en Francia con santa Margarita María de Alacoque.

“Todos los bautizados estamos llamados a la santidad”, afirmó el prelado. “La santidad no debe ser exclusiva de los sacerdotes ni de los consagrados. La santidad de los laicos es hoy más necesaria que nunca para promover un estilo de vida más humano y para introducir en la sociedad terrena aquellas virtudes evangélicas que favorecen el bien y la verdad”.