Benedicto XVI hará redescubrir la Eucaristía, según un teólogo ex protestante

Entrevista con Scott Hahn

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STEUBENVILLE (OHIO), miércoles, 6 julio 2005 (ZENIT.org).- Un teólogo católico, ex predicador protestante, Scott Hahn, anticipa en esta entrevista concedida a Zenit cómo cree que Benedicto XVI aumentará la comprensión y experiencia de los fieles sobre la Eucaristía.



Profesor de Escritura y Teología en la Universidad Franciscana de Steubenville (Ohio), Hahn es presidente del Centro San Pablo de Teología Bíblica (www.salvationhistory.com).

Como ministro presbiteriano, Hahn era un gran predicador de esa comunidad cristiana. En la actualidad, es uno de los «nuevos católicos» más famosos en los Estados Unidos. 1986 fue el año de su entrada en la Iglesia católica. Tiene 47 años y lleva casado 25 con Kimberly Kirk. El matrimonio tiene seis hijos.

Entre sus publicaciones más recientes, destaca «La cena del Cordero: la Misa, el Cielo en la Tierra» (editado en castellano por RIALP).

--¿Qué era lo que caracterizaba al enfoque del entonces cardenal Ratzinger sobre la Eucaristía?

--Hahn: No creo que haya habido otro teólogo como él, desde Matthias Scheeben en el siglo XIX, que nos haya mostrado la profunda interrelación entre todos los misterios del cristianismo. La doctrina sobre la Eucaristía, para el cardenal Ratzinger, no puede ser adecuadamente estudiada o expresada al margen de la doctrina sobre la Trinidad, de la doctrina sobre la Encarnación y de la doctrina de la Iglesia.

La Eucaristía misma es un misterio trinitario; no podemos recibir al Hijo sin recibir al Padre que le ha enviado en la carne y en el Espíritu, a través de lo cual Él viene. La Trinidad llega a nosotros en la Eucaristía. Y cuando la Trinidad viene a nosotros, somos elevados a la presencia de la gloria divina.

Este misterio está ligado al de la Encarnación porque este último no es sólo un acontecimiento histórico del pasado, sino que es una realidad en marcha --un misterio sobrenatural-- presente hoy en medio de nosotros. Todo está unido.

La eclesiología del cardenal Ratzinger --su teología de la Iglesia-- es eucarística, encarnacional y trinitaria. Al mismo tiempo, su teología eucarística es eclesiológica, encarnacional y trinitaria.

--El cardenal Ratzinger a menudo ha descrito la Eucaristía como el «corazón de la vida». ¿Qué quiere decir con esto?

--Hahn: La Eucaristía es nuestro encuentro y nuestra comunión con la Santísima Trinidad. Eso es el corazón de la vida. Es la fuente de la vida. Es la cumbre de la vida. Comunión con la Santísima Trinidad es la definición del Cielo; no hay nada mejor que eso. Lo impresionante es que tenemos el Cielo en cada Misa.

Este es un tema sobre el que el cardenal Ratzinger ha vuelto repetidamente en muchos de sus libros. La venida de Cristo --lo que el Nuevo Testamento en griego define su «Parusía»-- no es simplemente un acontecimiento remoto en el tiempo. Se trata de su presencia en la Eucaristía.

Los fundamentalistas reducen el significado de «Parusía» a la venida de Cristo al final de los tiempos; pero para el pueblo del siglo I en lengua griega, la palabra significaba «presencia». La teología católica mantiene este significado originario.

En su libro «Escatología» el cardenal Ratzinger escribió: «La Parusía es la más alta intensificación y cumplimiento de la liturgia. Y la liturgia es Parusía... Cada Eucaristía es Parusía, el Señor que viene, y aún la Eucaristía es incluso más verdaderamente el tenso anhelo de que Él revelará su gloria escondida».

--¿Cómo cree que la enseñanza del Papa Benedicto XVI puede aumentar la comprensión y la experiencia de la Eucaristía a los fieles en este último tramo del Año de la Eucaristía?

--Hahn: Mucha gente en los medios de comunicación ya le han tachado de reaccionario que desea regresar a formas preconciliares de culto. Pero no han entendido su clave. No se trata de la restauración de la liturgia sino más bien de una reapropiación; reapropiación del misterio de la Eucaristía, que es divino y humano.

Después del Concilio [Vaticano II], algunos teólogos intentaron democratizar la Iglesia y secularizar la liturgia reduciendo el misterio a debates entre los llamados conservadores y liberales.

El cardenal Ratzinger prefirió volver a las fuentes clásicas; las Escrituras --tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento-- y la Tradición, así como a lo mejor de los teólogos modernos. Sólo a través de este «ressourcement» puede funcionar verdaderamente el «aggiornamento».

Pienso que el Papa Benedicto despolitizará la Eucaristía. Apartará nuestra atención de las cuestiones polémicas, que son verdaderamente temas secundarios --como las batallas sobre el lenguaje litúrgico y ornamentos--.

No es que él carezca de opiniones en estas materias. Las tiene y las ha expresado de forma directa. Pero él saca siempre sus opiniones de la profundidad del estudio teológico e histórico, y de la profundidad de su oración personal.

Creo que nos pedirá penetrar esas mismas profundidades, especialmente a los católicos que hablan, enseñan, escriben y orientan a los demás en los terrenos de la teología, de la liturgia, etc. Desde las profundidades de nuestro estudio y oración, nos guiará a una verdadera resacralización de la liturgia.

--Si esas son cuestiones secundarias, ¿qué es lo central?

--Hahn: Que la Eucaristía nos crea un lazo de carne y de sangre --un vínculo familiar-- entre nosotros y Dios. Este es otro tema recurrente en sus libros. Es el pensamiento que subyace en sus libros.

Cristo asumió la carne humana para darla por nosotros y para dárnosla a nosotros. La liturgia eucarística es una comida sacrificial de alianza. Renueva una alianza, y cada alianza sella un vínculo familiar. Como el Hijo de Dios se hizo hombre, así nosotros nos hacemos divinos, «hijos en el Hijo», por usar la frase favorita de los Padres de la Iglesia.

--¿Quién es, entonces, un miembro de la familia?

--Hahn: Creo que esto será un tema central del pontificado de Benedicto XVI. Él ya ha mostrado su solicitud por el diálogo ecuménico. Si no hace más que continuar el trabajo que empezó como cardenal, articulará la doctrina de la Eucaristía en fuertes términos bíblicos, que serán fuertemente persuasivos para los protestantes.

La liturgia celestial es la clave para comprender en la Biblia la Carta a los Hebreos y el Apocalipsis. Y la experiencia de la liturgia es clave para comprender mucho de la Biblia, tanto en el Nuevo como el Antiguo Testamento.

Lo que el Levítico y el Deuteronomio fueron para la Antigua Alianza, la Carta a los Hebreos y el Apocalipsis son para la Nueva Alianza. Sin un conocimiento y una experiencia de la liturgia, mucho del contenido de estos libros bíblicos es inaccesible para nosotros.

El mismo Papa Benedicto es un profundo teólogo bíblico, afianzado en los Padres y Doctores de la Iglesia --en especial en San Agustín y en San Buenaventura-- y además en las tradiciones judaica y rabínica. No creo que ningún Papa desde San Pedro haya estudiado tan profundamente la antigua tradición rabínica.

Pienso que realizará una comprensión de la Eucaristía esencial para el proyecto ecuménico, y que conducirá el diálogo en términos de alianza. Esto hará posible dialogar no sólo con los protestantes, sino también con los judíos, que comparten raíces de alianza de la religión de Abraham.

--En su primer mensaje el Papa Benedicto XVI dijo que «la Eucaristía, corazón de la vida cristiana y manantial de la misión evangelizadora de la Iglesia, no puede dejar de constituir el centro permanente y la fuente del servicio petrino que me ha sido confiado» (Cf. Zenit, 20 abril 2005). ¿Cómo podría realizarse la centralidad de la Eucaristía en su papado y ministerio?

--Hahn: La Eucaristía es el lugar donde la Iglesia es más perfectamente ella misma. La Iglesia es el Reino de Dios en la tierra, y el Reino está donde se encuentra el Rey. La presencia continua de Jesús con nosotros está en la Eucaristía. Como vicario de Cristo, Benedicto es el primer ministro del Rey de reyes, y le sirve ante todo en la Eucaristía.

La Iglesia posee muchos tesoros: las Escrituras, la Tradición, el Magisterio, los Santos. Pero es en la liturgia donde la Iglesia es más perfectamente ella misma.

Y cuando comprendamos la liturgia como la liturgia celestial, como hace el Papa Benedicto, entonces nos habremos convertido en ciudadanos plenos, conscientes y activos del Reino. La liturgia celestial se convierte en la norma que regula las otras normas. Se convierte en nuestro estándar, nuestra piedra de toque, nuestro apoyo, nuestra luz --como dije antes--, nuestra fuente y nuestra cumbre.

Veremos muy pronto cómo se realiza esto en su pontificado. El Sínodo de octubre concluirá el Año de la Eucaristía con una reflexión de toda la Iglesia sobre la Eucaristía. Obsérvense los temas que he mencionado: la liturgia celestial, la despolitización de la liturgia y la resacralización de la liturgia.