Benedicto XVI: Jesús derriba toda barrera entre Dios y la impureza humana

En el Ángelus, el papa comentó el evangelio de la curación del leproso

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo 12 febrero 2012 (ZENIT.org).- A mediodía de este domingo, Benedicto XVI se asomó a la venta de su estudio, en el Palacio Apostólico Vaticano, para rezar el Ángelus con los fieles y peregrinos llegados a la plaza de San Pedro.

En el Ángelus de este domingo, Benedicto XVI comentó el evangelio del día, sobre la curación de un leproso.

El papa destacó que Jesús no evade el contacto con este hombre, sino que extiende su mano y le toca.

Y subrayó: “En ese gesto y en esas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, donde está incorporada la voluntad de Dios de sanarnos y purificarnos del mal que nos desfigura y que arruina nuestras relaciones. En aquel contacto entre la mano de Jesús y el leproso, fue derribada toda barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo sagrado y su opuesto, no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier mal, incluso de lo más contagioso y horrible”.

Recordó luego el pontífice la experiencia con los leprosos de san Francisco de Asís y la tranformación que experimentó en sí el santo: “ ¡Esta es la victoria de Cristo, que es nuestra sanación profunda y nuestra resurrección a una vida nueva!”

Se puede leer el texto completo de las palabras del papa en: http://www.zenit.org/article-41469?l=spanish.

Tras el rezo del Ángelus, el papa se dirigió a los distintos grupos lingüísticos.

A los peregrinos de habla española les dijo: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la diócesis de Coria-Cáceres, así como a las Hermanas de los Pobres de San Pedro Claver”.

Y les resumió en español el contenido de sus palabras en italiano: “Hoy la liturgia nos hace ver cómo la súplica confiada conmueve el corazón del Señor, que manifiesta su deseo de sanarnos, purificarnos y reconciliarnos con Él y con los hombres. Exhorto a todos a imitar la fe del leproso del Evangelio, buscando a Jesús en la oración y los Sacramentos con humildad y contrición, para alcanzar la limpieza de corazón, y poder así proclamar su grandeza con la propia vida”.