Benedicto XVI: La comunión con Dios crea comunión con los hermanos

Comentario al Salmo 121, «La ciudad santa de Jerusalén»

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 12 octubre 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este miércoles que la religión de la Biblia no es intimista, sino «levadura de justicia», pues de la comunión con Dios debe surgir la comunión con los hermanos los hombres.



El pontífice comentó en la audiencia general, en la que 60.000 peregrinos volvieron a llenar la plaza de San Pedro del Vaticano, el Salmo 121, dedicado a «la ciudad santa de Jerusalén», que comienza con las famosas palabras: «¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"!»

El salmo traza un retrato de la «ciudad santa», que tenía tanto una función religiosa como social, constató el obispo de Roma en su comentario.

De este modo, subrayó, se muestra que «la religión bíblica no es abstracta ni intimista, sino que es levadura de justicia y de solidaridad».

«A la comunión con Dios le sigue necesariamente la comunión de los hermanos entre sí», destacó.

La descripción poética de la ciudad santa concluye con un auspicio de paz, «shalom», que «hace alusión a la paz mesiánica, que abarca en sí alegría, prosperidad, bien, abundancia», según glosó el pontífice.

A este deseo, la última frase del Salmo añade el auspicio de «bien». «Se enuncia de manera anticipada el saludo franciscano: "¡Paz y bien!"», constató el Santo Padre.

«Es un auspicio de bendición para los fieles que aman la ciudad santa, para su realidad física de murallas y edificios en los que palpita la vida de un pueblo, para todos los hermanos y amigos», explicó.

La reflexión concluyó con una referencia a una homilía de san Gregorio Magno (540-604), quien veía en la antigua Jerusalén un signo de la Iglesia.

«En una casa una piedra sostiene la otra, pues se pone una piedra sobre otra, y quien sostiene a otro a su vez es sostenido por otro. De este modo, precisamente de este modo, en la santa Iglesia cada quien sostiene y es sostenido», aclaraba el doctor de la Iglesia.

«Si no me esfuerzo por aceptaros como sois, y si vosotros no os esforzáis por aceptarme como soy, no se puede levantar el edificio de la caridad entre nosotros, que estamos ligados por amor recíproco y paciente», concluía el santo y Papa.

Con su meditación continuó con la serie de comentarios a los cánticos y salmos de la Biblia que forman parte de la Liturgia de las Horas, comenzada por Juan Pablo II. Pueden consultarse en la sección «Audiencia del miércoles» de la página web de Zenit (www.zenit.org).

En la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en trece idiomas. Hablando en polaco recordó que en este miércoles se celebra la memoria litúrgica del beato Jan Beyzym, misonero en Madagascar, «quien por amor a Cristo dedicó su vida a los leprosos».

«Por su intercesión --exhortó-- pidamos a Dios nuevas vocaciones misioneras».