Benedicto XVI: la evangelización no es un proyecto humano y social

A la asamblea del Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias

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ROMA, martes 17 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- “La Iglesia es misión” y la evangelización “requiere del amor por el anuncio y el testimonio”. Es lo que dijo, el pasado sábado, Benedicto XVI al recibir en audiencia a los participantes de la asamblea ordinaria del Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias.

Durante la audiencia, en la que participó por primera vez el nuevo prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el arzobispo Fernando Filoni, el Papa subrayó que en la evangelización es fundamental “la dimensión trascendente de la salvación ofrecida por Dios en Cristo”.

En su discurso de saludo, monseñor Filoni agradeció al Papa por su magisterio misionero que “nos recuerda continuamente el poner a cristo, Palabra encarnada de Dios, como razón de nuestra vida cristiana y del anuncio explícito que debemos hacer al mundo”.

“La Palabra del Verbo encarnado, de hecho, nos involucra no sólo como destinatarios de la revelación divina sino que también como sus anunciadores”, añadió citando la Exhortación Apostólica post-sinodal de Benedicto XVI “Verbum Domini”.

En su discurso el Pontífice recordó que “cada cristiano debería hacer propia la urgencia de trabajar para le edificación del Reino de Dios”, sobre todo hoy que “nuevos problemas y nuevas esclavitudes emergen en nuestro tiempo, tanto en el llamado primer mundo, rico pero incierto sobre su futuro, como en los Países emergentes donde también, a causa de una globalización marcada por la ganancia, acaban por aumentar las masas de los pobres, emigrantes y oprimidos, en quienes se debilita la luz de la esperanza”.

Frente a esta realidad, prosiguió, “la Iglesia debe renovar constantemente su compromiso de llevar a Cristo, de prolongar su misión mesiánica para el advenimiento del Reino de Dios, Reino de justicia, de paz, de libertad y de amor”.

Se trata, de hecho, de “Transformar al mundo según el proyecto de Dios, con la fuerza renovadora del Evangelio”, echando las redes “en el mar de la historia para conducir a los hombres hacia la tierra de Dios”.

Sin embargo, para hacer esto “se hace necesario que cada cristiano, así como las comunidades, crean verdaderamente que la 'Palabra de Dios es la verdad salvífica de la que cada hombre en cada tiempo tiene necesidad'”.

Además, quien anuncia el Evangelio “debe permanecer bajo el dominio de la Palabra y alimentarse de los Sacramentos, linfa vital de la que dependen la existencia y el ministerio misionero”. La Palabra, en particular, “debe ser testimoniada y proclamada de forma explícita”, aunque si “ello comporte la persecución”.

La evangelización, de hecho, “requiere del amor por el anuncio y el testimonio, un amor total que puede verse marcado hasta por el martirio”. Una dimensión, esta, que es “parte de su misma vida, como lo ha sido para Jesús”.

“Los cristianos no deben sentir temor, aunque 'sean actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de la propia fe'”.