Benedicto XVI: la familia, primera escuela de virtudes humanas y sociales

Destaca el compromiso de la Iglesia en la educación en Belice

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 9 de junio de 2011 (ZENIT.org).- En el discurso que dirigió el jueves por la mañana a Henry Llewellyn Lawrence, nuevo embajador de Belice ante la Santa Sede, el Papa Benedicto XVI subrayó que la familia está en la base de todo tipo de educación, y que representa el primer lugar en el que la persona aprende las virtudes humanas y sociales.

Recibiendo al diplomático con ocasión de la presentación de sus cartas credenciales, el Pontífice recordó el compromiso de la Iglesia en varios frentes del país caribeño, citando sobre todo el sector educativo, “en cooperación con el Estado”.

“La educación prepara a los individuos y obtiene lo mejor de ellos para que ellos contribuyan voluntariamente en el ámbito social, cultural y económico a la sociedad en su conjunto”, observó.

La educación, añadió, “da sus frutos cuando se basa en la virtud enraizada en la familia, célula primaria de la sociedad humana y primer campo de entrenamiento para las relaciones armoniosas a todos los niveles de la coexistencia, humana, nacional e internacional”.

La educación religiosa, la educación católica en particular, “da su propia contribución al bienestar de vuestra gente”, preparando a las nuevas generaciones “a considerar a los demás como sus hermanos y hermanas, con los que están llamados a caminar y a trabajar juntos, y así se sientan miembros vivos de una gran familia humana”, prosiguió el Papa.

El papel de la Iglesia en el sector educativo fue reconocido también por el embajador en su saludo al Pontífice, en el que citó en particular el caso de la Escuela Superior “Nuestra Señora de Guadalupe”, en la capital de Belice, Belmopan, cuyos estudiantes se han beneficiado de un nuevo edificio escolar.

“Auguramos otras colaboraciones similares en el futuro”, añadió el diplomático, según informa L'Osservatore Romano.

Libertad religiosa

Benedicto XVI recordó también las “cordiales relaciones” que la Iglesia católica mantiene con las autoridades civiles de Belice, “en una atmósfera propicia para llevar a cabo la misión confiada a ella por el Señor”.

“Este ambiente se debe en gran parte, a los fundamentos que Belice estableció, una base que se apoya en los valores tradicionales cristianos y reconoce el valor perenne de los derechos humanos auténticos y de las libertades fundamentales políticas y civiles que promueven el respeto por la persona humana, la armonía social y el progreso de la sociedad en su conjunto”, reconoció.

Entre las leyes aprobadas en el país, citó en particular las relativas al derecho a la libertad religiosa y a la libertad de culto.

El derecho a la libertad religiosa, subrayó el Pontífice, “se basa en la misma dignidad de la persona humana, cuya naturaleza trascendental no puede ser ignorada o pasada por alto”.

“La libertad religiosa y la libertad de culto permite a los creyentes prosperar como individuos y contribuir positivamente y completamente a la vida del país en todos los ámbitos de actividad humana”, concluyó, augurando que Belice “sea un ejemplo a este respecto para sus vecinos y a aquellos que busquen disminuir las consecuencias de tales derechos y sus correspondientes valores”.