Benedicto XVI: “La humanidad debe curarse de su sordera espiritual”

Insta a una participación activa de las personas no oyentes en la vida de la Iglesia

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 20 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Más allá de la sordera física, existe otra sordera de la que la humanidad, más que curada, tiene que ser salvada: “es la sordera del espíritu, que levanta barreras cada vez más altas a la voz de Dios y del prójimo, especialmente al grito de socorro de los últimos y de los que sufren, y que encierra al hombre en un profundo y corrosivo egoísmo”.

Así lo afirmó hoy el Papa Benedicto XVI a los participantes en la Conferencia Internacional ¡Effetá! La persona sorda en la vida de la Iglesia, promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Operadores Sanitarios.

El pontífice recordó el gesto de Jesús curando al sordomudo, afirmando que en este signo se ve “ el ardiente deseo de Jesús de vencer en el hombre la soledad y la incomunicabilidad creadas por el egoísmo, para dar rostro a una 'nueva humanidad', la humanidad de la escucha y de la palabra, del diálogo, de la comunicación, de la comunión con Dios”.

Esta nueva humanidad debe ser “sin discriminaciones, sin exclusiones... para que el mundo sea verdaderamente para todos ‘campo de genuina fraternidad’…”, añadió, recordando su propia homilía durante la visita pastoral a Viterbo, el pasado 6 de septiembre.

Sin embargo, admitió, aún hoy pervive “una cultura nunca superada, marcada por prejuicios y discriminaciones”, concretamente hacia las personas con sordera.

“Son actitudes deplorables e injustificables, porque son contrarias al respeto por la dignidad de la persona no oyente y a su plena integración social”.

Quiso recordar también “la grave situación en que estos viven aún hoy en los países en vías de desarrollo, tanto por la falta de políticas y legislaciones apropiadas, sea por la dificultad para tener acceso a los cuidados sanitarios primarios”.

“La sordera, de hecho, es a menudo consecuencia de enfermedades fácilmente curables”, declaró el Papa, haciendo un llamamiento “a las autoridades políticas y civiles, además de a los organismos internacionales, para que ofrezcan el apoyo necesario para promover, también en esos países, el debido respeto de la dignidad y de los derechos de las personas no oyentes, favoreciendo, con ayudas adecuadas, su plena integración social”.

En este sentido, afirmó que la Iglesia, ya desde el siglo XVIII, ha mantenido iniciativas para prestar atención a las personas sordas

El Papa afirmó a los presentes que en la Iglesia las personas con sordera no deben ser sólo consideradas como “destinatarios” de la evangelización, sino como “evangelizadores”, participantes activos en la vida de sus comunidades.

“La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su divino Fundador, sigue acompañando las distintas iniciativas pastorales y sociales en beneficio de estos con amor y solidaridad, reservando especial atención hacia los que sufren, con la conciencia de que precisamente en el sufrimiento está escondida una fuerza particular que acerca interiormente el hombre a Cristo, una gracia particular”, concluyó el Papa.

[Por Inma Álvarez]