Benedicto XVI: la justicia es indispensable para la comunión

Los fieles tienen derecho a una justicia eclesial rápida y simplificada

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 4 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI afirmó hoy, al recibir a los miembros del Tribunal de la Signatura Apostólica, que los fieles tienen derecho a una justicia rápida, eficaz y sencilla en la Iglesia, no puede haber caridad ni comunión sin justicia.

El Papa quiso recibir a los miembros del más alto tribunal de la Iglesia, por primera vez desde la promulgación de la Lex propia de este organismo, el 21 de junio de 2008.

La Signatura Apostólica se fundó en el siglo XIII, y san Pío X lo convirtió en el tribunal supremo de la Iglesia a principios del siglo XX. Lleva las apelaciones ante las sentencias de la Rota Romana, así como los recursos de tipo contencioso-administrativo en última instancia.

Otra de sus misiones es la supervisión de la administración de la justicia por parte de los tribunales eclesiásticos locales, así como la resolución de conflictos entre ellos.

El Papa aludió hoy a este objetivo del Tribunal de “promover la recta administración de la justicia en la Iglesia”, pues su misión no es solo juzgar, sino también velar sobre la actuación de los tribunales locales, con el fin de mejorar su trabajo.

“Se trata de una obra coordinada y paciente, destinada a proveer a los fieles una administración correcta de la justicia, rápida y eficiente”, explicó el Papa, especialmente en relación a las causas de nulidad matrimonial.

En este tipo de casos, subrayó es necesario “asegurar, en el pleno respeto al derecho canónico, la presencia en el territorio de los tribunales eclesiásticos, su carácter pastoral, su actividad correcta y rápida”.

“Es una obligación grave la de hacer que la estructura institucional de la Iglesia en los tribunales sea cada vez más cercana a los fieles”, adecuándose “a las justas exigencias de rapidez y simplicidad a la que los fieles tienen derecho en el tratamiento de sus causas”, afirmó.

Otra misión de este tribunal es velar porque la jurisprudencia de los tribunales locales y de la Rota sean coherentes con la doctrina y entre sí especialmente en los casos de nulidad.

En este sentido, el Papa pidió a los presentes que reflexionen “sobre la recta jurisprudencia que hay que proponer a los tribunales locales en la materia de error iuris como motivo de nulidad matrimonial”.

Caridad y justicia

El tercero de los campos de actuación de la Signatura, recordó el Papa, es la de dirimir recursos contencioso-administrativos de los fieles contra las instituciones eclesiásticas, una tarea confiada a este tribunal por Pablo VI.

En este sentido, recordó que la predisposición debe ser a la “resolución pacífica” constituyendo “un lugar de diálogo y de restablecimiento de la comunión de la Iglesia.

“Aunque es verdad, que a la injusticia se la debe enfrentar, en primer lugar, con las armas espirituales de la oración, de la caridad, del perdón y de la penitencia, no se puede excluir, en algún caso, la oportunidad y la necesidad de que sea respondida con los instrumentos procesales”.

En la Iglesia, estos procesos “constituyen antes que nada, un lugar para el diálogo, que puede ser que conduzca a la concordia y a la reconciliación”, sin olvidar que la justicia es premisa necesaria para esa reconciliación.

Cuando no sea posible solucionar la controversia pacíficamente, “el desarrollo del proceso contencioso-administrativo comportará la definición judicial de la controversia: también en este caso la actividad del Tribunal Supremo mira a la reconstitución de la comunión eclesial, o sea al restablecimiento de un orden objetivo conforme al bien de la Iglesia”.

“La laboriosa restauración de la justicia esta destinada a reconstruir las relaciones entre los fieles y la Autoridad Eclesiástica de un modo justo y ordenado”.

“La justicia, que la Iglesia busca, a través del proceso contencioso administrativo, puede ser considerada como el inicio, exigencia mínima frente a una expectativa de caridad, indispensable y al mismo tiempo insuficiente, si se compara con la caridad de la vive la Iglesia”.

“Sin embargo, el Pueblo de Dios peregrino sobre la tierra no podrá realizar su identidad como comunidad de amor si en sí misma no respeta las exigencias de la justicia”, concluyó.