Benedicto XVI: la verdadera libertad es contraria al yo absoluto

En su visita al Seminario Mayor de Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 23 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- La verdadera libertad no puede proceder de la absolutización del yo, porque eso es contrario a la verdad sobre el hombre. Así lo explicó Benedicto XVI a seminaristas de Roma al visitar el pasado viernes por la tarde el Seminario Romano Mayor.

El Papa quiso hacer con los futuros sacerdotes romanos una "lectio divina" sobre un pasaje de la carta de san Pablo a los Gálatas, en la que explica el concepto cristiano de libertad, muy alejado del derivado de la Ilustración y el pensamiento moderno.

"La libertad en todas las épocas ha sido el gran sueño de la humanidad, desde los comienzos, pero particularmente en la época moderna", explicó Benedicto XVI a los seminaristas.

San Pablo opone la libertad a la carne, y explica que la verdadera libertad consiste en "ponerse al servicio unos de otros".

"Para Pablo -aclara el Papa- la carne es expresión de la absolutización del yo, del yo que quiere serlo todo y tomarlo todo para sí. El yo absoluto, que no depende de nada ni de nadie, parece poseer realmente, en definitiva, la libertad. Soy libre si no dependo de nadie, si puedo hacer todo lo que quiero".

Sin embargo, esa absolutización del yo "es degradación del hombre, no es conquista de la libertad: el libertinismo no es libertad, es más bien el fracaso de la libertad", añadió.

¿Por qué esta asbolutización del yo no es verdadera libertad? El Papa explicó que esta concepción se basa en dos mentiras: por un lado, que el hombre es autónomo, y por otro, que Dios es "un tirano" y no un Dios de amor.

Respecto a la primera mentira, el Papa explicó que "reducirse a la carne, aparentemente elevándose al rango de divinidad, introduce en la mentira. Porque en realidad no es así: el hombre no es un absoluto, de forma que pueda aislarse y comportarse sólo según su propia voluntad. Esto va contra la verdad de nuestro ser"

"Nuestra verdad es que, ante todo, somos criaturas, criaturas de Dios y vivimos en relación con el Creador. Somos seres relacionales, y sólo aceptando esta relacionalidad nuestra entramos en la verdad, de otra manera caemos en la mentira y en ella, al final, nos destruimos", afirmó.

Respecto a la segunda mentira, explicó que "en el periodo de la Ilustración, sobre todo al ateísmo, esto le parecía como una dependencia de la que era necesario liberarse. En realidad, sin embargo, sería una dependencia fatal sólo si este Dios Creador fuese un tirano, no un Ser bueno, sólo si fuese como son los tiranos humanos".

"Si en cambio este Creador nos ama y nuestra dependencia supone estar en el espacio de su amor, en este caso precisamente la dependencia es libertad", añadió. "De ahí deriva ante todo la verdad sobre nosotros mismos, que es al mismo tiempo, una llamada a la caridad".

Por ello para el cristianismo, "ver a Dios, orientarse a Dios, conocer a Dios, conocer la voluntad de Dios, insertarse en la voluntad, es decir, en el amor de Dios, es entrar cada vez más en el espacio de la verdad".

Esta misma libertad lleva a la relación con los demás, explicó. "En otras palabras, libertad humana es, por una parte, estar en la alegría y en el espacio grande del amor de Dios, pero implica también ser una sola cosa con el otro y para el otro".

"No hay libertad contra el otro. Si yo me absolutizo me convierto en enemigo del otro, ya no podemos convivir más sobre la tierra y toda la vida se convierte en crueldad, en fracaso", añadió el Papa. "Sólo aceptando al otro, aceptando también la aparente limitación que supone para mi libertad el respeto por la libertad del otro, sólo insertándome en la red de dependencias que nos hace, finalmente, una sola familia humana, yo estaré en camino hacia la liberación común".

Esta libertad basada en la verdad sobre el hombre, afirma el Papa, es "crucial" para edificar un orden social justo. "Si no hay una verdad común del hombre como aparece en la visión de Dios, queda sólo el positivismo y se tiene la impresión de algo impuesto de manera incluso violenta".

"Servirnos unos a otros se convierte en instrumento de la libertad, y aquí podemos incluir toda una filosofía de la política según la Doctrina social de la Iglesia, la cual nos ayuda a encontrar este orden común que da a cada uno su lugar en la vida común de la humanidad".

"La primera realidad que hay que respetar es, por tanto, la verdad: la libertad contra la verdad no es libertad", concluyó.

Libertad en la Iglesia

El Papa se centró después en la cuestión de la libertad en la Iglesia, que si es verdadera "conduce a la comunión".

Comparando con la situación de la comunidad de los Gálatas a la que Pablo escribe, el Papa explicó que cuando la comunidad no está "en el camino de la comunión con Cristo, sino en la ley exterior de la "carne" - emergen naturalmente también las polémicas", las cuales "nacen donde la fe degenera en intelectualismo y la humildad es sustituida por la arrogancia de ser mejor que el otro".

"Vemos bien que hoy también hay cosas parecidas donde, en lugar de insertarse en la comunión con Cristo, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada uno quiere ser superior al otro y con arrogancia intelectual quiere hacer creer que él es mejor".

Así, prosiguió el Papa, "nacen las polémicas que son destructivas, nace una caricatura de la Iglesia, que debería ser una sola alma y un solo corazón".

La solución, explicó a continuación, es "no pensar en ser superior al otro, sino encontrarnos en la humildad de Cristo, encontrarnos en la humildad de la Virgen, entrar en la obediencia de la fe. Precisamente así se abre realmente también para nosotros el gran espacio de la verdad y de la libertad en el amor".

La Lectio Divina del Papa a los seminaristas puede leerse en la sección de documentos de la página web de ZENIT (www.zenit.org).

Por Inma Álvarez