Benedicto XVI: la vida de los discapacitados, un “don inmenso”

Su presencia “hace cambiar el corazón de los hombres”

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MADRID, sábado 20 de agosto de 2011 (ZENIT.org).- La vida de los jóvenes minusválidos supone un “don inmenso” que hace “cambiar el corazón” de los hombres, afirmó hoy el Papa, en su discurso a los jóvenes discapacitados que acoge el Instituto San José de Madrid.

La comitiva papal realizó una breve visita a esta venerable institución madrileña, que dirige la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, y que desde hace casi cien años acoge a discapacitados físicos y mentales.

El Papa, acompañado por el cardenal Antonio Mª Rouco, arzobispo de Madrid, se dirigió a un palco colocado en el patio del Instituto.

La visita del Santo Padre, subrayó el cardenal Rouco en una breve intervención de saludo, llega para los jóvenes discapacitados “en un momento delicado y, por ello, extraordinariamente oportuno”, en el que “el Evangelio de la Vida no es comprendido por tantos”.

“Enfermos, familiares, cuidadores, religiosas y religiosos, todos necesitan un consuelo y un aliento confortador que les sostenga en ese ejercicio de la caridad cristiana con los jóvenes enfermos y discapacitados de este nuestro tiempo tan difícil y dramático”, añadió.

Uno de los jóvenes, Antonio, estudiante de arquitectura que nació, según su testimonio, “sordo y casi muerto”, fue el encargado de darle la bienvenida.

El joven explicó cómo su vida pudo salvarse “por el amor recibido” de sus familiares y educadores.

En respuesta, Benedicto XVI se dirigió a los presentes subrayando el valor de la vida de estos jóvenes, el “bien inmenso que constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la humanidad entera”.

“De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación”, añadió, destacando que “la vida de estos jóvenes cambia el corazón de los hombres”.

Por ello, afirmó ante los jóvenes y quienes les cuidan diariamente, en una sociedad “en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida”, su testimonio les hace “protagonistas de esta civilización”.

“Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”, afirmó.

La vida de estos jóvenes muestra que “ninguna aflicción es capaz de borrar esta impronta divina grabada en lo más profundo del hombre”.

Dios, añadió, siente una “especial predilección por el que sufre”, que debe llevar a “mirar al otro con ojos limpios, para darle, además de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita”.

El Papa saludo y acarició a varios pacientes que fueron llevados al palco papal, y firmó en el libro de honor del Instituto.