Benedicto XVI: los medios crearon un 'concilio virtual' diverso del Vaticano II

Produjo calamidades: seminarios cerrados y banalizó la liturgia. Hoy el Concilio Vaticano II se afirma como verdadera reforma y renovación de la Iglesia

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 3947 hits

Una versión deformada del Concilio llegó de manera eficiente al gran público a través de los medios de comunicación, que consideraron el Vaticano II una lucha política y favorecieron las corrientes más complacientes con el mundo. Amplificaron la idea de descentralizar la Iglesia y de dar el poder a los obispos a través del pueblo. Los frutos fueron nefastos. Si bien cincuenta años después el "Concilio virtual" se está perdiendo, y va surgiendo el verdadero Concilio Vaticano II con toda su fuerza espiritual.

Lo dijo hoy Benedicto XVI en el encuentro que tuvo con los sacerdotes de la diócesis de Roma en el Aula Pablo VI, durante el cual abordó magistralmente diversos temas. Allí no faltaron los aplausos ni las manifestaciones de afecto.

“Estaba el Concilio de los Padres pero también estaba el Concilio de los medios de comunicación, que era casi un Concilio por sí mismo” indicó Benedicto XVI recorriendo sus recuerdos. Si bien lamentó el papa “el mundo percibió el Concilio más a través de los medios que eran muy eficientes, o sea que al público le llegó más el 'Concilio de los medios' que el Concilio de los Padres”.

“El Concilio de los Padres --precisó- se realizaba dentro de la fe, el Concilio de la fe buscaba el intellectus, intentaba entenderse, entender las señales de Dios y dar respuestas a los desafíos del momento. En cambio el Concilio de los periodistas no se realizó dentro de la fe, sino en el interior de las categorías de los medios de comunicación de hoy, o sea fuera de la fe, con una hermenéutica diversa”.

Con la voz serena que le caracteriza el papa precisó: “Era una hermenéutica política. Para los medios de difusión, el Concilio era una lucha política, una lucha de poder entre las diversas corrientes dentro de la Iglesia, y era evidente que ellos tomaron posición a favor de la parte que les parecía más complaciente con su mundo”.

Y por lo tanto, explicó el papa, apoyaron a aquellos que buscaban la descentralización de la Iglesia, los poderes de los obispos a través de la palabra del pueblo de Dios. El poder de los laicos, o sea soberanía popular. “Claramente para ellos esta era la parte que debía ser aprobada y promulgada y ayudada”, dijo.

O sea veían a la Iglesia “no como un acto de la fe sino como un lugar donde se hacen cosas comprensibles, actividades de la comunidad”. El santo padre añadió que existía una tendencia que se fundaba también históricamente en la sacralidad como una cosa pagana. Que veía al culto como algo profano, o sea “el culto no es culto, sino un acto de conjunto de la participación común. Y estas traducciones del Concilio fueron violentas en la praxis de la aplicación de la reforma litúrgica, porque nacieron fuera de una visión del Concilio y de su propia clave de Fe”.

Benedicto XVI, siempre hablando como en una charla, sin ningún tipo de apuntes, añadió: “Sabemos cómo ese 'Concilio de los medios' era más accesible a todos, dominante y más eficiente. Y ha creado calamidades, tantos problemas y miserias. Seminarios cerrados, conventos cerrados, liturgia banalizada”.

“Este Concilio de los medios --prosiguió el papa- se impuso en la sociedad creando numerosos problemas, mientas que el Concilio tuvo dificultad para concretarse”. Porque, por así decir, “el concilio virtual era más fuerte que el concilio real”.

Pero la fuerza del Concilio estaba presente --reivindicó el santo padre- y, poco a poco, se realiza cada vez más y se vuelve la verdadera fuerza, que en realidad es la verdadera reforma y verdadera renovación de la Iglesia”.

Benedicto XVI, al concluir, indicó a los varios miles de sacerdotes y seminaristas presentes: “Cincuenta años después del Concilio vemos que ese 'Concilio virtual' se está perdiendo, y al mismo tiempo va surgiendo el verdadero Concilio con toda su fuerza espiritual. Y es nuestro deber en este Año de la Fe, trabajar para que el verdadero Concilio, con la fuerza del Espíritu Santo se realice y la Iglesia sea realmente renovada.