Benedicto XVI pide a Gran Bretaña defender la vida humana y la familia

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 23 diciembre 2005 (ZENIT.org).- El discurso de bienvenida de Benedicto XVI al nuevo embajador de Gran Bretaña se convirtió este viernes en una defensa de la vida humana y de la familia.



El nuevo representante de Su Majestad la Reina Isabel II y de su gobierno es Francis Martin-Xavier Campbell, quien a sus 35 años se ha convertido en el embajador británico más joven y en el primer católico en asumir este cargo. Entre 2001 y 2003 fue secretario privado del primer ministro Tony Blair.

«El Reino Unido ha hecho mucho por promover los valores de la tolerancia y el respeto por la diferencia tanto en sus fronteras como en el exterior, y derivan del aprecio de la dignidad innata y de los derechos inalienables de toda persona humana», afirmó el pontífice en su discurso.

El Papa apoyó las palabras del nuevo embajador, nacido en Irlanda del Norte, cuando reconoció «la importancia para el Reino Unido de permanecer fiel a las ricas tradiciones de Europa».

«Esta fidelidad, implica naturalmente un profundo respeto de la verdad que Dios ha revelado sobre la persona», dijo por su parte el obispo de Roma.

«Esto exige que reconozcamos y protejamos la santidad de la vida desde el primer momento de la concepción hasta su muerte natural --siguió diciendo--. Exige además reconocer el papel indispensable de la estabilidad del matrimonio y la familia para el bien de la sociedad».

«Obliga a considerar con atención las implicaciones éticas del progreso científico y tecnológico, en particular, en el campo de la investigación médica y de la ingeniería genética», subrayó.

«Por encima de todo --aclaró--, esto nos lleva a una comprensión apropiada de la libertad humana, que nunca se puede realizar independientemente de Dios, sino sólo cooperando con su plan amoroso para la humanidad».

«Para que la tolerancia y el respeto por las diferencias beneficien realmente a la sociedad, tienen que construirse sobre la roca de una comprensión auténtica de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y llamada a compartir su vida divina».

El Santo Padre aplaudió por otra parte las iniciativas promovidas por el ejecutivo británico de nuevos mecanismos para financiar el desarrollo de los países pobres así como los «pasos concretos para promover la realización en el tiempo previsto de los Objetivos para el Desarrollo del Milenio».

En particular, reconoció que muchos países africanos se sintieron reconfortados por los compromisos asumidos en la cumbre de los siete países más desarrollados y Rusia (G-8), celebrada en julio pasado en Gleneagles (Escocia), bajo la presidencia británica.

«Rezo para que esta solidaridad efectiva con nuestros hermanos y hermanas que sufren se mantenga y profundice en los próximos años», aseguró.

En su discurso, el Papa promovió con energía el diálogo con la Iglesia anglicana, afirmando que «el ecumenismo no es simplemente un asunto de preocupación interna para las comunidades cristianas, sino un imperativo de caridad que expresa el amor de Dios por la humanidad y su plan para la unidad de todos los pueblos en Cristo».

El sucesor de Pedro impulsó asimismo la paz en Irlanda del Norte, alentando el trabajo de las Iglesias locales y de las comunidades eclesiales para «superar las históricas diferencias entre las franjas de la población».

«Uno de los signos más claros de que ha aumentado la confianza recíproca es el reciente abandono de las armas por parte del Ejército Republicano Irlandés (IRA)», reconoció.

Por ultimo, el Papa también hizo referencia los atentados del pasado mes de Julio, asegurando «el continuo apoyo de la Iglesia mientras se encuentran soluciones a las tensiones que han dado lugar a tales atrocidades».

«La población católica en Gran Bretaña se caracteriza por un alto nivel de diversidad étnica y quiere tomar parte en la promoción de la reconciliación y la armonía entre las diversos grupos raciales presentes en su país», concluyó.