Benedicto XVI pide a los jesuitas plena fidelidad a su carisma originario

El padre Nicolás asegura adhesión a las indicaciones del pontífice

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 21 febrero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI pidió este jueves a los jesuitas plena fidelidad al carisma originario de san Ignacio de Loyola al recibir en audiencia a los participantes en la Congregación General de la Compañía de Jesús.

Los religiosos reunidos desde el pasado 7 de enero en la Curia General de esta familia religiosa, situada a pocos pasos del Vaticano, fueron recibidos por el Papa acompañados por su nuevo prepósito general, el padre Adolfo Nicolás.

«Hoy quiero alentaros a vosotros y a vuestros hermanos a continuar por el camino de esta misión de plena fidelidad a vuestro carisma originario, en el contexto eclesial y social que caracteriza a este inicio de milenio»¸ afirmó.

Según el obispo de Roma, «la Iglesia tiene necesidad urgente de personas de fe sólida y profunda, de cultura seria y de sensibilidad humana y social genuina, de religiosos y sacerdotes que dediquen su vida a estar en estas fronteras para testimoniar y ayudar a comprender que existe una armonía profunda entre fe y razón, entre espíritu evangélico, sed de justicia y empeño por la paz».

La Compañía, «fiel a su mejor tradición, debe seguir formando con gran atención a sus miembros en la ciencia y en la virtud, sin conformarse con la mediocridad porque la tarea de la confrontación y del diálogo con los contextos sociales y culturales muy diversos y las mentalidades diferentes del mundo de hoy es una de las más difíciles y costosas».

«Mientras tratáis de construir puentes de comprensión y de diálogo con quienes no pertenecen a la Iglesia o tienen dificultad para aceptar sus posiciones y sus mensajes, tenéis que haceros cargo con lealtad del deber fundamental de la Iglesia de mantenerse fiel a su mandato de adherir totalmente a la Palabra de Dios, y de la tarea del Magisterio de conservar la verdad y la unidad de la doctrina católica en su integridad».

El Papa subrayó que «esto es válido no sólo para el compromiso de cada jesuita: como trabajáis como miembros de un cuerpo apostólico, tenéis que estar también atentos para que vuestras obras e instituciones conserven siempre una clara y explícita identidad, para que el fin de vuestra actividad apostólica no sea ambigua u oscura, y para que tantas otras personas puedan compartir vuestros ideales y unirse a vosotros eficazmente y con entusiasmo, colaborando a vuestro compromiso de servicio de Dios y del ser humano».

«Los temas, sobre los que hoy se discute y se ponen en duda, como el de la salvación de todos los hombres en Cristo, la moral sexual, el matrimonio y la familia, deben considerarse en el contexto de la realidad contemporánea, pero conservando aquella sintonía con el Magisterio que evita provocar confusión y desconcierto en el Pueblo de Dios».

Con motivo de la Congregación General, el Papa había escrito una carta al padre Peter-Hans Kolvenbach, antiguo prepósito general, en el que pedía que la reunión de los representantes jesuitas responda a esta necesidad.

Haciendo referencia a la misiva, en sus palabras de saludo al Papa, el padre Nicolás explicó: «La hemos recibido con un corazón abierto; la hemos meditado, hemos reflexionado sobre ella, hemos cambiado impresiones y estamos decididos a transmitir a toda la Compañía de Jesús su mensaje y la necesidad de aceptarlo incondicionalmente».

«Nos proponemos, además, llevar el espíritu de tal mensaje a todas nuestras estructuras de formación y, a partir de ahora, crear ocasiones de reflexión y diálogo sobre su contenido. Ocasiones que serán de ayuda a nuestros compañeros empeñados en la investigación y el servicio»¸ añadió el prepósito general.

En su discurso, el Papa alentó además a los jesuitas a «seguir y a renovar»su misión entre los pobres y con los pobres.

«Para nosotros, la elección de los pobres no es ideológica, sino que nace del Evangelio», aclaró.

Además de «esforzarse por comprender y combatir las causas estructurales» de las situaciones de injusticia y de pobreza, también «es necesario combatir hasta en el mismo corazón del ser humano las raíces profundas del mal, el pecado que lo separa de Dios, sin olvidarse de atender las necesidades más urgentes en el espíritu de la caridad de Cristo».