Benedicto XVI pide colaboración entre católicos y budistas

Al recibir a los obispos de Tailandia

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 mayo 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI alentó este viernes la colaboración entre católicos y budistas al recibir en audiencia a la Conferencia Episcopal de Tailandia

Al analizar la situación de este país de 66 millones de habitantes en su mayoría budistas y un 1% de católicos, el Papa aseguró el «gran respeto» y la «estima» que la Iglesia siente, en particular, por los monasterios budistas por «la contribución que ofrecen a la vida social y cultural del pueblo tailandés».

La convivencia de comunidades religiosas diferentes, observó en el discurso que les dirigió en inglés a los prelados tailandeses, al concluir su quinquenal visita «ad limina apostolorum» al Papa y a la Curia romana, «tiene lugar con el telón de fondo de la globalización», cuyas fuerzas «ven cómo la humanidad está en equilibrio entre dos polos».

Por un lado, constató, se da «la creciente multitud de lazos económicos y culturales que en general valorizan el sentido de solidaridad global y de responsabilidad compartida por el bienestar de la humanidad»; por otro, se aprecian «signos inquietantes de una fragmentación y de un cierto individualismo en el que prevalece el secularismo, dejando lo trascendente y sagrado al margen, y eclipsando la verdadera fuente de la armonía y unidad en el universo».

Según el obispo de Roma, los aspectos negativos de este fenómeno cultural muestran «la importancia de la cooperación interreligiosa».

«Exigen un esfuerzo concertado para apoyar el alma espiritual y moral de vuestro pueblo», dijo a los obispos, añadiendo que los católicos pueden promover junto a los budistas «una comprensión recíproca de la transmisión de las tradiciones a las generaciones futuras, a la articulación de valores éticos perceptibles por la razón, reverencia por lo trascendente, por la oración y contemplación».

Estas prácticas y disposiciones, observó, «sirven al bienestar común de la sociedad y alimentan la esencia de todo ser humano».

Por Roberta Sciamplicotti