Benedicto XVI pide desarrollar los tratamientos paliativos para enfermos graves

En la Jornada Mundial del Enfermo

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 10 febrero 2007 (ZENIT.org).- Al celebrar la Jornada Mundial del Enfermo en la fiesta de la Virgen de Lourdes, Benedicto XVI lanzó este domingo un llamamiento a desarrollar los tratamientos paliativos.



«Es necesario apoyar el desarrollo de los tratamientos paliativos que ofrezcan una asistencia integral y que dispensen a los enfermos incurables ese apoyo humano y acompañamiento espiritual que tanto necesitan», afirmó al rezar la oración mariana del Ángelus.

En su saludo a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa recordó que en este año ha querido dedicar esta Jornada a la asistencia material y espiritual a los enfermos incurables o terminales (Cf. Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial del Enfermo 2007).

La decimoquinta edición de esta celebración, que fue creada por Juan Pablo II tiene como eje central las celebraciones de Seúl, capital de Corea del Sur. El cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, es el enviado especial del Papa en ese acontecimiento.

El Papa envió un saludo «a los agentes sanitarios de todo el mundo, consciente de la importancia que tiene en nuestra sociedad su servicio a los enfermos».

Y sobre todo manifestó su «cercanía espiritual y afecto a nuestros hermanos y hermanas enfermos, con un particular recuerdo para aquellos que están afectados por enfermedades particularmente graves o dolorosas».

Recordando que las apariciones de la Virgen de Lourdes tuvieron lugar hace casi 150 años (el 11 de febrero de 1858), el obispo de Roma invitó a los enfermos «a ponerse a la escucha de María Santísima», pues así recibirán «aliento para aceptar sus sufrimientos y para ofrecerles por la salvación del mundo, uniéndoles a los de Cristo crucificado».

El Papa debía mantener un encuentro en la tarde de este domingo con miles de enfermos, que precedentemente habían participado en una celebración eucarística en la Basílica de San Pedro del Vaticano, presidida por el cardenal Camillo Ruini, obispo vicario para la diócesis de Roma.