Benedicto XVI presenta a Cristo como modelo para un nuevo humanismo

Frente al individualismo y relativismo dominantes

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 17 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Frente al individualismo y al relativismo dominantes, Benedicto XVI considera que los cristianos tienen la misión de presentar a Cristo como modelo para un nuevo humanismo.



El Papa presenta esta propuesta en el mensaje que envió con motivo de la Sesión Pública anual de las Academias Pontificias, celebrada el pasado martes, 15 de noviembre, en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano.

En esta sesión, el tema central --«Cristo, Hijo de Dios, hombre perfecto, \"medida del humanismo verdadero\"»-- fue expuesto por la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino y por la Academia Pontificia de Teología.

Se trata de un tema, como el mismo Papa reconoció en su misiva, «que me interesa particularmente, dado su carácter central y esencial tanto en la reflexión teológica como en la experiencia de fe de todo cristiano».

«La cultura actual, profundamente marcada por un subjetivismo que muchas veces desemboca en el individualismo extremo o en el relativismo, lleva a los hombres a convertirse en la única medida de sí mismos, perdiendo de vista otros objetivos que no estén centrados en el propio yo, convertido en el único criterio de evaluación tanto de la realidad como de las propias opciones», afirmó.

De este modo, constató, el «hombre tiende a replegarse cada vez más en sí mismo, a cerrarse en un microcosmos existencial asfixiante, donde no hay cabida para los grandes ideales, abiertos a la trascendencia, a Dios».

«Por el contrario --subraya la misiva--, el ser humano que supera su individualidad y no se cierra en el angosto recinto de su egoísmo, es capaz de mirar con autenticidad a los demás y a la creación».

De este modo, toma conciencia de «su característica esencial de criatura en continuo devenir, llamada a un crecimiento armonioso en todas sus dimensiones, comenzando precisamente por la interioridad, para llegar a la realización cumplida de ese proyecto que el Creador ha impreso en su ser más profundo».

«Algunas tendencias o corrientes culturales tienden a dejar a los hombres en un estado de minoría de edad, de infancia o adolescencia prolongada. La Palabra de Dios, por el contrario, nos lleva decididamente hacia la madurez y nos invita a comprometernos con todas nuestras fuerzas con un concepto elevado de humanidad».

«Los verdaderos discípulos del Señor, lejos de quedarse en el estado de niños zarandeados por cualquier viento de doctrina», afirmó el Papa mencionando la cita de la carta de san Pablo a los Efesios (4, 14) que el cardenal Joseph Ratzinger mencionó en la homilía de la misa «pro eligendo Romano Pontifice» en la apertura del cónclave, «se esfuerzan por llegar \"al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo\"»(Efesios 4, 13)».

«Por tanto, Jesucristo, Hijo de Dios, entregado por el Padre a la humanidad para restaurar la imagen desfigurada por el pecado, es el hombre perfecto, con el que se mide el auténtico humanismo».

«Con él tiene que confrontarse todo ser humano y hacia él --con la ayuda de la gracia-- debe tender con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas, para realizar plenamente su existencia y responder con alegría y entusiasmo a la altísima vocación inscrita en su ser».

El Papa encomendó a los académicos que «promuevan con entusiasmo y pasión, cada quien en su campo de estudio e investigación, la edificación de este nuevo humanismo».

«Tenéis la tarea de volver a proponer con la competencia que os corresponde la belleza, la bondad, la verdad del rostro de Cristo, en el que todo hombre está llamado a reconocer sus rasgos más auténticos y originales, el modelo que debe imitar cada vez mejor», indicó.

«Esta es, por tanto, vuestra ardua tarea, vuestra elevada misión: presentar a Cristo al hombre de hoy como la auténtica medida de la madurez y de la plenitud humana», concluyó.