Benedicto XVI recuerda a los religiosos y religiosas de clausura

En vísperas de la Jornada «pro Orantibus»

| 703 hits

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 19 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI al rezar este domingo la oración mariana del Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.



* * *



Queridos hermanos y hermanas:
Pasado mañana, 21 de noviembre, con motivo de la memoria litúrgica de la Presentación de María Santísima en el Templo, celebraremos la Jornada «pro Orantibus», dedicada al recuerdo de las comunidades religiosas de clausura. Es una ocasión particularmente oportuna para dar gracias al Señor por el don de tantas personas que, en los monasterios y en las ermitas, se dedican totalmente a Dios en la oración, en el silencio y en el escondimiento. Algunos se preguntan qué sentido y qué valor puede tener su presencia en nuestro tiempo, en el que hay que afrontar muchas y urgentes situaciones de pobreza y de necesidad. ¿Por qué «encerrarse» para siempre entre los muros de un monasterio y privar a los demás de la contribución de las propias capacidades y experiencias? ¿Qué eficacia puede tener su oración para solucionar los numerosos problemas concretos que siguen afligiendo a la humanidad?

De hecho, también hoy siguen suscitando con frecuencia sorpresa entre amigos y conocidos las numerosas personas que abandonan carreras profesionales, con frecuencia prometedoras, par abrazar la austera regla de un monasterio de clausura. ¿Qué les lleva a dar un paso tan comprometedor si no es el haber comprendido, como enseña el Evangelio, que el Reino de los cielos es «un tesoro» por el que vale verdaderamente la pena abandonarlo todo (Cf. Mateo 13, 44)?

Estos hermanos y hermanas testimonian silenciosamente que en medio de las vicisitudes diarias, en ocasiones sumamente convulsas, Dios es el único apoyo que nunca se tambalea, roca inquebrantable de fidelidad y de amor. «Todo se pasa, Dios no se muda» [el Papa leyó la cita en español, ndt.], escribía la gran maestra espiritual, santa Teresa de Ávila en su famoso texto. Y, ante la difundida exigencia que muchos experimentan de salir de la rutina cotidiana de las grandes aglomeraciones urbanas en búsqueda de espacios propicios para el silencio y la meditación, los monasterios de vida contemplativa se presentan como «oasis» en los que el hombre, peregrino en la tierra, puede recurrir a los manantiales del Espíritu y saciar la sed en medio del camino.

Estos lugares, aparentemente inútiles, son por el contrario indispensables, como los «pulmones» verdes de una ciudad: son beneficiosos para todos, incluso para los que no los visitan o quizá no saben que existen.

Queridos hermanos y hermanas: demos gracias al Señor, que en su providencia, ha querido que haya comunidades de clausura, masculinas y femeninas. Que no les falte nuestro apoyo espiritual y también material para que puedan cumplir su misión de mantener viva en la Iglesia la ardiente espera del regreso de Cristo. Invocamos, por este motivo, la intercesión de María que, en la memoria de su Presentación en el Templo, contemplaremos como madre y modelo de la Iglesia, que reúne en sí ambas vocaciones: a la virginidad y al matrimonio, a la vida contemplativa y a la activa.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Santo Padre dirigió un saludo en varios idiomas a los peregrinos. En inglés dijo:]

Saludo a los fieles de lengua española, particularmente a los grupos parroquiales de Madrid, Burgos, Gijón, León, Zamora y Santiago de Compostela, así como a los miembros de las comunidades de México, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Cuba, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Chile. Pasado mañana celebraremos la Jornada «pro Orantibus». Pidamos al Señor, por la intercesión maternal de la Virgen María, que conceda numerosas y santas vocaciones de consagrados a la vida contemplativa. Feliz domingo.