Benedicto XVI resume la fe cristiana en dos palabras: «Jesús, amor»

Al meditar durante el Ángelus en el misterio de la Eucaristía

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CASTEL GANDOLFO, domingo, 25 septiembre 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI resumió la fe cristiana en dos palabras, «Jesús, caridad», al meditar este domingo en el misterio de la Eucaristía.



El Papa destacó el lazo entre este sacramento y el amor a Dios y al prójimo al dirigirse a los miles de peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo para rezar a mediodía la oración mariana del Ángelus.

«Caridad --en griego "ágape"; en latín "caritas"-- no significa ante todo el acto o el sentimiento benéfico, sino el don espiritual, el amor de Dios que el Espíritu Santo infunde en el corazón humano y que lleva a entregarse a su vez al mismo Dios y al prójimo», afirmó el Santo Padre.

Su meditación buscaba profundizar en el Año de la Eucaristía, que se concluirá el próximo mes de octubre al finalizar el sínodo de obispos del mundo dedicado precisamente a este sacramento.

«Toda la existencia terrena de Jesús, desde su concepción hasta la muerte en la Cruz, fue un acto de amor, hasta el punto de que podemos resumir nuestra fe en estas palabras: "Jesus, caritas" --Jesús, caridad--», aseguró el Papa teólogo.

Recordando la última cena, explicó que «en la Eucaristía, el Señor se nos da con su cuerpo, con su alma y su divinidad, y nosotros nos convertimos en una sola cosa con él y entre nosotros».

Ante este misterio central de la fe católica, el obispo de Roma exhortó a responder con una «respuesta a su amor» «concreta», expresada «en una auténtica conversión al amor, en el perdón, en la recíproca acogida y en la atención por las necesidades de todos».

«Son muchas y múltiples las formas de servicio que podemos ofrecer al prójimo en la vida de todos los días, si prestamos un poco de atención», aseguró.

«La Eucaristía se convierte de este modo en el manantial de la energía espiritual que renueva nuestra vida cada día y, de este modo, renueva al mundo en el amor de Cristo», consideró el sucesor del apóstol Pedro.

Para que sus palabras se hicieran más concretas, puso el ejemplo de santos, «que han sacado de la Eucaristía la fuerza de una caridad operante y con frecuencia heroica».

Ante todo mencionó a san Vicente de Paúl, fallecido en 1660, fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad, cuya memoria litúrgica se celebrará el martes.

En particular, la famosa frase del santo francés: «¡Qué alegría servir a la persona de Jesús en sus miembros pobres!», «y lo hizo con su vida», añadió el Papa.

Luego mencionó el ejemplo de la beata Madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, «que en los más pobres entre los pobres amaba a Jesús, recibido y contemplado cada día en la Hostia consagrada».

Por último, constató que «la caridad divina ha transformado el corazón de la Virgen María antes y más que el de todos los santos», como se manifestó, por ejemplo, en su visita a su prima santa Isabel.

«Recemos para que todo cristiano, alimentándose del cuerpo y de la sangre del Señor, crezca cada vez más en el amor por Dios y en el servicio generoso de los hermanos», concluyó el Papa.