Benedicto XVI sintetiza su encíclica: Dios es la esperanza del mundo

En el Ángelus del primer domingo de Adviento

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 2 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI resumió este domingo el mensaje central de su encíclica, «Spe salvi», sobre la esperanza: el mundo tiene necesidad de Dios, de lo contrario se queda in esperanza.

En el tradicional encuentro con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa comentó el sentido del Adviento, el período litúrgico de preparación para la Navidad, que comenzaba la Iglesia en ese día, «el tiempo propicio para despertar en nuestros corazones la espera de “Aquel que es, que era y que va a venir”».

Como confesó el mismo obispo de Roma, era «un día sumamente indicado para ofrecer a toda la Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad mi segunda encíclica, que he querido dedicar precisamente al tema de la esperanza cristiana».

Benedicto XVI mostró cómo en el Nuevo Testamento «la palabra “esperanza” está íntimamente unida a la palabra “fe”. Es un don que cambia la vida de quien lo recibe, como demuestra la experiencia de muchos santos y santas».

«¿En qué consiste esta esperanza tan grande y tan «confiable» que nos permite decir que en ella está nuestra “salvación”?», se preguntó el Papa.

«Consiste en el conocimiento de Dios, en el descubrimiento de su corazón de Padre bueno y misericordioso», respondió.

Jesús, aclaró, «con su muerte en la cruz y con su resurrección, nos ha revelado su rostro, el rostro de un Dios tan grande en el amor que nos ha dado una esperanza inquebrantable, que ni siquiera la muerte puede resquebrajar, pues la vida de quien confía en este Padre se abre a la perspectiva de la felicidad eterna».

El pontífice, al igual que en su encíclica, mostró cómo «el desarrollo de la ciencia moderna ha confinado cada vez más la fe y la esperanza a la esfera privada e individual de manera que aparece de forma evidente y en ocasiones dramática, que el hombre y el mundo tienen necesidad de Dios --¡del verdadero Dios!--, pues de lo contrario quedarían privados de esperanza».

«La ciencia sin duda contribuye al bien de la humanidad, pero no es capaz de redimirla. El hombre es redimido por el amor, que hace que la vida personal y social se convierta en buena y hermosa», subrayó.

«Por este motivo la gran esperanza, la que es plena y definitiva, está garantizada por Dios, que en Jesús nos ha visitado y nos ha donado la vida, y en Él volverá al final de los tiempos», señaló. «Es en Cristo que esperamos, ¡es Él a quien esperamos!».

El Santo Padre concluyó invitando a vivir esta esperanza en Adviento con «obras de caridad, pues la esperanza, como la fe, se demuestra con el amor».

Poco antes había visitado el hospital romano de San Juan Bautista de la Soberana Orden Militar de Malta, donde presidió la eucaristía con los enfermos.