Benedicto XVI: un prolífico magisterio ordinario en 2012

Los mensajes anuales del papa se reflexionan en toda la Iglesia

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 1599 hits

En el año que termina, el santo padre Benedicto XVI amplió su magisterio ordinario con diferentes mensajes, que iluminaron las diversas jornadas mundiales con que se celebran y profundizan temas de la pastoral social, juvenil y misionera, entre otras.

Generalmente los temas de los mensajes del papa son presentados con varios meses de anticipación, a fin de que las iglesias locales puedan programarlos, siempre en espera del mismo mensaje, que traerá nuevas luces para los creyentes.

Educar a los jóvenes en la justicia y la paz

A principio de año, los papas han ofrecido al mundo un mensaje de paz, los cuales se tienen en cuenta por sus temáticas amplias, dirigidos a hombres y mujeres de buena voluntad, independiente de su creencia religiosa, o no. Es así que, el mensaje por la XLV Jornada Mundial de la Paz 2012 tuvo una perspectiva educativa, que ya se distinguía en el lema: "Educar a los jóvenes en la justicia yla paz".

Convencido el santo padre de que los jóvenes, con su entusiasmo e impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza, escribió: "Educar (…) requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad; y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo (…) El testigo es el primero en vivir el camino que propone".

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia?, se preguntó Benedicto XVI. La respuesta fue muy clara: "En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro (..) Deseo decir a los padres que no se desanimen".

Otros actores, responsables de la educación para la paz de los jóvenes, son sus mismos educadores, a quienes les dijo: "Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo trascendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos".

Les hizo también un llamado especial a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas “a ejercer su derecho-deber de educar”. Y que en sus gestiones como gobernantes, “ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos".

Invocó también a un “uso recto de la libertad (..) central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro".

A los jóvenes les recordó que son "un don precioso para la sociedad". Y los exhortó a no dejarse vencer por el desánimo ante las dificultades y a no entregarse “a las falsas soluciones”. Para esto, les aseguró la cercanía de la Iglesia, que “confía en ustedes, los sigue, los anima y desea ofrecerles lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz".

Migraciones y Nueva Evangelización

Otra Jornada Mundial de gran relevancia fue la del Emigrante y Refugiado. El tema elegido por Benedicto XVI fue: "Migraciones y nueva evangelización", mediante el cual quiso subrayar el importante rol que tienen para la Iglesia local, los creyentes que por diversas circunstancias llegan a un país extranjero.

Por ello hizo un llamado a toda la Iglesia "a emprender una nueva evangelización también en el vasto y complejo fenómeno de la movilidad humana, intensificando la acción misionera ya sea en las regiones de primer anuncio como en los países de tradición cristiana".

Ante esta realidad que vive la Iglesia, recordo que esta "afronta el desafío de ayudar a los inmigrantes a mantener firme su fe, aun cuando falte el apoyo cultural que existía en el país de origen, buscando también nuevas estrategias pastorales, así como métodos y lenguajes para una acogida siempre vital de la Palabra de Dios".

Por eso el rol de las comunidades cristianas es fundamental, las cuales, según el papa, "han de prestar una atención particular a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, a través del acompañamiento de la oración, de la solidaridad y de la caridad cristiana".

No olvidó el Pastor universal a los miles de estudiantes universitarios que dejan su país en pos de una mejor calidad educativa o faciidades económicas como son las becas, recordando que esto jóvenes " afrontan problemas de inserción, dificultades burocráticas, inconvenientes en la búsqueda de vivienda y de estructuras de acogida.

Hizo un llamado entonces a las universidades de inspiración cristiana, a fin de que sean "lugares de testimonio y de irradiación de la nueva evangelización, seriamente comprometidas a contribuir, en el ambiente académico, al progreso social, cultural y humano, además de promover el diálogo entre las cult uras".

"Levántate, tu fe te ha salvado" – Lc. 17,19

Durante la Jornada Mundial del Enfermo, que coincide con la fiesta de la Virgen de Lourdes, el santo padre envió un mensaje de consuelo y aliento a los enfermos, así como a todos aquellos agentes de la salud, cuyo sacrificio de vida es un punto fundamental en la vida del enfermo.

Como un padre que sufre con sus hijos, Benedicto XVI les dijo: "Deseo reiterar mi cercanía espiritual a todos los enfermos (...), expresando a cada uno la solicitud y el afecto de toda la Iglesia".

Recordó a quienes tienen alguna relación con los enfermos, que "acogiendo con generosidad y amor cada vida humana, sobre todo la de los débiles y los enfermos, el cristiano expresa un aspecto esencial de su testimonio evangélico siguiendo el ejemplo de Cristo, que se inclinó sobre los sufrimientos materiales y espirituales del hombre para sanarlos".

Este año, su mensaje hizo un énfasis en los 'sacramentos de curación', es decir, en el sacramento de la penitencia y la reconciliación, y en el de la unción de los enfermos, "que culminan de manera natural en la comunión eucarística".

A partir del pasaje de la curación de Jesús a los diez leprosos, de quienes solo uno le agradeció, el papa recuerda que esta escena "ayuda a tomar conciencia de la importancia de la fe para quienes, agobiados por el sufrimiento y la enfermedad, se acercan al Señor". Porque –sigue diciendo--, "Dios, por medio de su Hijo, no nos abandona en nuestras angustias y sufrimientos, sino que está junto a nosotros, nos ayuda a llevarlas y desea curar nuestro corazón en lo más profundo".

Porque "la fe del único leproso que (…) regresa enseguida junto a Jesús, para manifestarle su reconocimiento, deja entrever que la salud recuperada es signo de algo más precioso que la simple curación física, es signo de la salvación que Dios nos da a través de Cristo, y que se expresa con las palabras de Jesús: 'Tu fe te ha salvado'".

Hizo ver así mismo, que, el binomio entre salud física y renovación del alma lacerada ayuda a comprender mejor los 'sacramentos de curación'". Uno de ellos, el sacramento de la penitencia, "nos une a Él con profunda amistad. (Porque) Él, con su gran amor vela siempre y en cualquier circunstancia sobre nuestra existencia y nos espera, para ofrecer a cada hijo que vuelve a Él, el don de la plena reconciliación y de la alegría".

Recordó también que Jesús no solo ha enviado a sus discípulos a curar las heridas, sino que quiso instituir un sacramento específico: la unción de los enfermos. Por lo que invocó a darle un mayor valor al mismo y no considerarlo un ‘sacramento menor’, ya que este, "acompañado de la oración de los presbíteros, (permite que) toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado, para que alivie sus penas y los salve".

Invocó a toda la comunidad eclesial, y en particular la comunidad parroquial, a asegurar "la posibilidad de acercarse con frecuencia a la comunión sacramental a quienes, por motivos de salud o de edad, no pueden ir a los lugares de culto".

Destacó la figura de todos los que trabajan en el mundo de la salud, "y a las familias que en sus propios miembros ven el rostro del Señor Jesús que sufre, (y) renuevo mi agradecimiento y el de la Iglesia".

Atentos a los otros

Un mensaje que tuvo un importancia capital en el año, fue el Mensaje del santo padre para la Cuaresma. Con un componente social y de llamada a la penitencia y a la conversión, propio de ese tiempo, el papa subrayó la necesidad de que los cristianos estén atentos a las acciones de sus demás hermanos, y a ejercer la corrección fraterna con caridad y de forma oportuna.

El cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, junto con su equipo de colaboradores, ha sido uno de los artífices para que este Mensaje tenga cada año una mayor acogida en el seno de las comunidades cristianas. Por este motivo, dejamos que él mismo nos explique este excepcional documento, según extractos de la reseña ofrecida en su momento por la sala de prensa de la Santa Sede.

"Sabemos que el Mensaje de Cuaresma -dijo el cardenal Sarah- contribuye a tener vivo en los fieles el sentido de la atención al bien del prójimo, de la comunión, del interés, de la compasión y de la división fraterna de los sufrimientos del indigente (…) Pero, más allá de este hecho tan importante, hay otro aspecto de la vida cristiana que el texto de este año pone de relieve. Se trata de la corrección fraterna".

"A la luz de corrección encaminada hacia la verdad y la caridad -prosiguió el purpurado- se lee también la acción de la Iglesia en el mundo contemporáneo (…) Lo que mueve a la Iglesia es su sincero interés por el bien de la persona en concreto y del mundo. Su acción no se inspira en la condena ni en la recriminación, sino en la justicia y la misericordia que tienen el valor de llamar a las cosas por su nombre. Esta tarea se llama misión profética”.

Pero sería demasiado poco que la dimensión profética de nuestro hablar y actuar se limitase a estos fenómenos externos sin apuntar a las raíces morales de estas injusticias. La corrupción, la acumulación de dinero, la violencia, el vivir a espaldas de la colectividad sin aportar nada son auténticos cánceres que socavan la sociedad desde el interior. Tampoco podemos callar que (…) en la base de la crisis financiera está la avaricia, la búsqueda desenfrenada del dinero sin escrúpulos y sin considerar a los que tienen menos y deben soportar las consecuencias de las decisiones equivocadas de otros. Este apego al dinero es pecado. La Iglesia es profética cuando denuncia este pecado que perjudica a la persona y a la sociedad”.

"La primera responsabilidad de la Iglesia es recordar a cada generación que esta dimensión espiritual es fundamental (y) debe decir que el ser humano tiene una vocación sobrenatural. Que hay una conciencia en la que habla la voz de Dios a quien un día tendremos que responder", puntualizó.

Alégrense siempre en el Señor” – Flp. 4,4

Este versículo de la Carta de San Pablo a los Filipenses, fue el tema elegido por el santo padre para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebra todos los años el Domingo de Ramos.

El lema elegido fue «¡Alegraos siempre en el Señor!» (Flp. 4,4), con lo que el papa quiso transmitir la alegría, como un elemento central de la experiencia cristiana. Y también mencionó las Jornadas Mundiales de la Juventud, donde se vive “una alegría intensa, la alegría de lacomunión, la alegría de ser cristianos, la alegría de la fe”.

A la vez se preguntó, y con él a todos los jóvenes: “¿Cómo podemos encontrar en la vida la verdadera alegría, aquella que dura y no nos abandona ni en los momentos más difíciles?”.

Y ensayó una respuesta, presentando a Dios, como aquel “(que) quiere hacernos partícipes de su alegría, divina y eterna, haciendo que descubramos que el valor y el sentido profundo de nuestra vida está en el ser aceptados, acogidos y amados por Él, y no con una acogida frágil como puede ser la humana, sino con una acogida incondicional como lo es la divina (..): soy amado personalmente por Dios”.

Lo importante de este descubrimiento, les dijo a los jóvenes, “significa también acoger su Palabra (...) La Palabra de Dios hace que descubramos las maravillas que Dios ha obrado en la historia del hombre”. Y, para entrar en la “alegría del amor”, prosiguió “estamos llamados también a ser generosos, a no conformarnos con dar el mínimo, sino a comprometernos a fondo, con una atención especial por los más necesitados”

Recordó que el camino cristiano no es fácil y que “el compromiso de fidelidad al amor del Señor encuentra obstáculos o registra caídas, (pero) Dios, en su misericordia, no nos abandona, sino que nos ofrece siempre la posibilidad de volver a Él (…) de experimentar la alegría de su amor que perdona y vuelve a acoger”. Aprovechó la ocasión para invitar a los jóvenes a recurrir a menudo al sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, porque es “el sacramento de la alegría reencontrada”.

Concluyó su mensaje alentándolos a ser “misioneros de la alegría”. Lo que significa ir a contar a los demás jóvenes “la alegría de haber encontrado aquel tesoro precioso que es Jesús mismo”.

Porque los cristianos “son hombres y mujeres verdaderamente felices, porque saben que nunca están solos, sino que siempre están sostenidos por las manos de Dios”.

Silencio y palabra, camino de evangelización

Para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra el mismo domingo de la Ascención del Señor, el santo padre Benedicto XVI tituló el mensaje “Silencio y Palabra: camino de evangelización”, lo que significa --en palabras suyas--, “dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas”.

De este modo recordó cómo “El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento”.

“Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y nosotros no permanecemos aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena”, fueron algunas de las ideas centrales del mensaje.

El papa es consciente –y con él todos--, que “allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial”.

Porque el hombre, al valorar y analizar los mensajes, “hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido” En dicha oportunidad habló de la necesidad de una especie de ‘ecosistema’. Esto puede, “equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos”.

Invitó una vez más a una urgente respuesta en el uso de los medios de comunicación, especialmente los que están en la red, porque “pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, meditación y de compartir la Palabra de Dios”

Tal como él lo hizo, semanas atrás con el envío de un “tweet”, recordó cómo los breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, “pueden formular pensamientos profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad”.

Terminó analizando cómo ‘Palabra y silencio’ es un binomio que nos hace ver que “aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización”

Hacer resplandecer la Palabra de verdad” – Porta Fidei, 6

El papa recordó en su mensaje por la Jornada Mundial de las Misiones, al beato Juan Pablo II, quien en la carta Redemptoris Missio, 86, dijo: “los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso; no podemos permanecer tranquilos pensando en los millones de hermanos y hermanas redimidos también por la sangre de Cristo que viven sin conocer el amor de Dios”

Por ello, el santo padre subrayó que “hoy como ayer Cristo nos envía por los caminos del mundo a proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra”.

Hizo un llamado directo, en estos tiempos de misión permanente, a “retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio”.

En el mismo mensaje, Benedicto XVI hizo una llamada a los obispos a cumplir su misión de anunciar el Evangelio, como una de sus competencias directas, porque son ellos mismos quienes deben hacer visible el espíritu y el celo misionero del pueblo de Dios, para que toda la Iglesia se haga misionera.

El santo padre presentó con claridad la idea de que “la preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que ha de caracterizarla de manera destacada, consciente de ser destinatario y, al mismo tiempo, misionero del Evangelio”

Ayer como hoy –añadió--, el anuncio sigue siendo el mismo: el Kerigma de Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, el Kerigma del amor de Dios, absoluto y total para cada hombre y para cada mujer, que culmina en el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús”.

Hizo notar finalmente,cómo muchos presbíteros, religiosos y religiosas de todas partes del mundo, numerosos laicos y hasta familias enteras dejan sus países, sus comunidades locales y se van a otras iglesias “para testimoniar y anunciar el Nombre de Cristo, en el cual la humanidad encuentra la salvación”.

Esta generosidad es para el papa “una expresión de profunda comunión, de un compartir y de una caridad entre las Iglesias, para que cada hombre pueda escuchar o volver a escuchar el anuncio que cura y, así, acercarse a los Sacramentos, fuente de la verdadera vida”.

Para el año 2013, serán nuevos mensajes, con nuevas temáticas y desafíos, con los que el santo padre contribuirá a que el mundo sea un poco mejor.