Bruno Forte: El cristianismo, esperanza en un mundo náufrago

Intervención del teólogo en el Congreso Misionero Mundial

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CASTELGANDOLFO, 20 oct (ZENIT.org).- El mundo, «salido del naufragio de los totalitarismos ideológicos», tiene necesidad ahora más que nunca del anuncio del amor de Cristo, afirmó ayer el teólogo Bruno Forte al intervenir en el Congreso Misionero Mundial que prepara el Jubileo de las Misiones.



El encuentro, que se concluirá mañana en la localidad de Castel Gandolfo, cerca de Roma, reúne a unos 1.200 misioneros, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.

Este amor de Jesús, explicó el teólogo italiano de la Comisión Teológica Internacional --fue el redactor principal del histórico documento «Memoria y reconciliación: La Iglesia y las culpas del pasado», se convierte «caridad concreta, discreta y solidaria, que sabe hacerse compañía de la vida y sabe construir el camino en comunión, irradiando a Cristo Salvador».

Según el teólogo, la experiencia de la verdad, vista desde la perspectiva cristiana del Dios que se ha revelado, que se ha hecho libremente misionero entre los hombres muriendo en la Cruz, es la base para el anuncio de Cristo en el mundo de hoy.

Radiografía del hombre postmoderno
Vivimos en una época --ha subrayado Bruno Forte-- que es cada vez más «aldea global», cargada de inquietudes y miedos «postmodernos». Un «siglo breve» en el cual el sueño de la razón progresiva y totalizadora de la modernidad se ha roto definitivamente. Y entre las ruinas se ha introducido el fantasma de la «crisis de sentido». «Es tiempo de naufragio y de caída», sintetiza el sacerdote napolitano.

Una «noche del mundo» «no a causa de la falta de Dios, sino motivada por el hecho de que los hombres no sufren ya por esta falta». Un tiempo de «indiferencia», en el cual se ha perdido el gusto de buscar la verdad, sustituida por diversas «máscaras». Un tiempo de exilio. Condición que no empieza «cuando se deja la patria, sino cuando ya no se queda en el corazón ninguna nostalgia de ella».

En esta oscuridad se perfila, dice Forte citando al teólogo evangélico alemán Dietrich Bonhoeffer, un rostro inquietante: la decadencia, entendida no sólo como «abandono de los valores» sino como aquél «proceso mucho más sutil que priva al hombre de la pasión por la verdad, quitándole el gusto de combatir por una pasión más alta».

En este naufragio, sin embargo, subraya Forte, todos los protagonistas son al mismo tiempo náufragos y espectadores. Hay una «deriva» y al mismo tiempo una «resistencia a ella». Volver a buscar el sentido perdido por tanto no es una «operación de la nostalgia», una «búsqueda del tiempo perdido».

La misión hoy
¿Cómo se puede ser misionero en un mundo así? El teólogo ofreció pistas interesantes.

Frente a «la cerrazón totalizadora de las ideologías», consideró, Cristo es Palabra revelada, que se hace «discreción» en la presencia personal de amor.

En segundo lugar, el Abandonado de la Cruz muestra a la Iglesia la exigencia de estar «libre de intereses mundanos» y de la propensión a juzgar según la mentalidad del éxito.

Por último, en la perspectiva de la resurrección, hace falta un «anuncio alegre y radiante de un horizonte de esperanza», la esperanza de la salvación en Cristo.