«Buscar la Verdad para compartirla», examen de conciencia para comunicadores

Comentario de la profesora Elena Cebrián al mensaje del Papa para las comunicaciones

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BARCELONA, domingo, 4 mayo 2008 (ZENIT.org).- «Buscar la Verdad para compartirla», esta es la propuesta que hace Benedicto XVI en el mensaje que ha escrito con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará este domingo, 4 de mayo.

La profesora Elena Cebrián Guinovart (vicedecana y profesora en periodismo de la Universidad Abat Oliba CEU), expone en esta entrevista concedida a Zenit el papel de las universidades católicas en este campo, y recuerda la responsabilidad de los medios al servicio de la Verdad.

Esta doctora, que enseña «Teoría de la comunicación y la información»,  «Información religiosa« y «Deontología», cree que es necesaria «una toma de conciencia de la sociedad entera sobre el valor de una comunicación social bien ejercida y las negativas consecuencias de sus disfunciones».

 


--¿Qué le sugiere el tema escogido por el Papa «Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla»?

--Cebrián: Me invita a reflexionar sobre el panorama dominante en los medios de comunicación actuales en los que, con más frecuencia de la que me gustaría, encuentro que la comunicación social se ha convertido en un fin --me refiero a un gran negocio, o un espectáculo--, perdiendo de vista que se trata de un medio que las personas utilizamos para entender la realidad en que nos desenvolvemos.

Como docente, me recuerda la responsabilidad de formar a mis alumnos en la obligación que tendrán como comunicadores profesionales de buscar y transmitir la verdad.      


--En el mensaje, Benedicto XVI subraya el papel de los medios como promotores de la alfabetización, del diálogo y de la comprensión entre los pueblos. ¿Se olvida esta dimensión de los medios en la formación ética y en el servicio al bien común?

--Cebrián: Lo más frecuente es que estas dimensiones se consideren parcialmente: al plantearse cuestiones éticas se tienen más presentes elementos técnicos como la objetividad, la independencia, el uso de las fuentes... y, al plantearse el bien común, se suele pensar en cuestiones relacionadas con la democracia o la participación social.

Pienso por ejemplo en el estilo predominante de programas de entretenimiento que difunden las principales televisiones: el incremento de la cultura o los conocimientos de los receptores no parecen ser desde luego la prioridad en formatos como los concursos de telerealidad o los talk-shows que claramente apuestan por «igualar por lo bajo»  a todos sus receptores con contenidos o temas que devalúan los valores, la cultura o el entretenimiento. 

El diálogo y la comprensión entre los pueblos tampoco son la referencia en la mayor parte de las informaciones que prefieren los aspectos más polémicos de la actualidad política o social buscando informaciones impactantes, o que al tratar la inmigración inciden en los rasgos más caricaturescos de las diferentes culturas, impidiendo así «el conocimiento del otro».  


--El Papa menciona la manipulación que ejercen los medios cuando tergiversan la realidad. ¿Existe un antídoto ante esta tendencia?

--Cebrián: Se me ocurren varios. En primer lugar una toma de conciencia de la sociedad entera sobre el valor de una comunicación social bien ejercida y las negativas consecuencias de sus disfunciones.

Me parece curioso cómo la sociedad manifiesta gran preocupación por los ingredientes de lo que comemos o por la capacitación profesional y las condiciones en que ejercen nuestros médicos o los arquitectos que construyen nuestras casas, y muy poca por la calidad de los mensajes que nos ayudan a comprender la realidad: no niego que una comida intoxicada, un mal médico o un edificio mal construido pueden costarnos la vida, pero me sorprende que no tengamos presente que las informaciones, los anuncios o los programas de mala calidad también envenenan a la sociedad y matan su conciencia y su inteligencia.

Junto con esta toma de conciencia de la sociedad entera, los comunicadores deben caer en la cuenta de que su trabajo es crucial, y no para las cuentas de resultados de sus empresas, sino para sus receptores, que conocen la mayor parte de la realidad a través de los medios: por eso les deben la máxima verdad sobre situaciones y personas.   

Por último las facultades de comunicación social --o los centros de formación de comunicadores-- deben trabajar buscando una formación integral de sus alumnos en la que las imprescindibles capacitaciones técnica y tecnológica vayan acompañadas de la  toma de conciencia de la función social que tiene este campo y la especial responsabilidad que esto implica: junto con los sistemas y métodos de trabajo deben formar en criterios y capacidad analítica.

En este sentido encuentro que las universidades católicas pueden ofrecer un «plus»: iluminar esta función social con los valores transcendentes de la antropología cristiana.

--¿De qué manera los medios buscan y presentan la verdad sobre el ser  humano?

--Cebrián: A pesar del balance sombrío que predomina en mis respuestas anteriores, debo señalar que también conozco ejemplos de empresas y profesionales que ejercen la comunicación social buscando la verdad.

Encuentro que lo hacen cuando ofrecen informaciones correctamente contextualizadas que permiten entender la parcela de actualidad que tratan; cuando ofrecen concursos o series que no se recrean en lo más bajo de las personas sino que muestran esfuerzo, superación o responsabilidad; cuando los mensajes publicitarios que presentan no violentan a las personas proponiéndoles consumismo, materialismo o cánones de belleza antinaturales.

En este punto también encuentro que las universidades católicas tenemos un especial compromiso: formar a nuestros alumnos en la búsqueda de la Verdad al servicio de las personas, como el Papa nos propone en su mensaje.

 

Por Miriam Díez i Bosch