Cambios en la Misión latinoamericana de Roma

Fieles y autoridades despiden a su capellán y dan la bienvenida al nuevo encargado

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Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, martes 2 octubre 2012 (ZENIT.org).- Después de 12 años de trabajo entre los latinoamericanos residentes en Roma, el presbítero escalabriniano italiano, Antonio Guidolin, dejó el encargo de capellán al que había sido nombrado por el beato Juan Pablo II. Se sabe hoy que fue al mismo pontífice, a quien el padre Guidolin le pidió un templo donde reunir a los migrantes, quienes a pesar del desarraigo de sus tierras y familias, mantenían sus creencias y devociones muy en alto.

Y así, poco a poco, piedra sobre piedra, se fue reconstruyendo la iglesia “Santa María de la Luz” en el antiguo barrio de Trastevere, que había estado cerrada por casi un siglo. Pero este templo no solo se preparó para acoger a los feligreses extranjeros, sino que fue llenándose con cuadros e imágenes de las diferentes devociones a Cristo y a la Virgen María que los migrantes llevaban, los mismos con los que se reza y se celebra en los diferentes países de América Latina y el Caribe.

Entre las manifestaciones de piedad popular que recibió un lugar digno fue el lienzo del “Señor de los Milagros”, una cuatricentenaria devoción peruana que andaba por Roma como en las épocas de Belén, buscando posada de iglesia en iglesia. Hoy esta devoción cuenta con un triduo de celebraciones cada octubre –como la de este año--, que se iniciará el sábado 6 con una misa de vigilia oficiada por el presidente del Episcopado Peruano. Luego el domingo 7 seguirá con la popular procesión, que al igual que en Lima y cientos de ciudades del mundo, tiñe las calles de morado gracias a los hábitos y vestidos que llevan los fieles en señal de penitencia y humildad.

Reconocimiento y gratitud

Y el día que nadie quería al final llegó. Y fue el pasado domingo, cuando fieles y autoridades abarrotaron el templo latinoamericano para una misa de acción de gracias por el ministerio del padre Guidolin, con quien rezaron, cantaron y lloraron.

Allí, no solo fuimos testigos por primera vez de que el enérgico y siempre decidido padre Antonio también llora, sino se supo su edad: 77 años, y que por eso se jubilaba como lo manda la legislación canónica. Y conocimos que era poeta, y de los buenos, porque de sus mismos labios brotaron cuartetos y tercetos emotivos sobre su largo ministerio entre los migrantes.

La eucaristía estuvo presidida por el padre Alessandro Gazzola, superior regional de los escalabrinianos para Europa y África, quien tuvo palabras de gratitud hacia el padre Guidolin, asegurando la continuidad de la Misión latinoamericana con la llegada del nuevo capellán allí presente, el también escalabriniano Luis Olivos, de nacionalidad chilena, quien llega trasferido desde España.

La ocasión fue propicia para que la autoridad religiosa informara a los fieles que el vicecapellán para la comunidad brasileña, padre Sergio Durigon, deja el cargo para realizar estudios de actualización y ser asignado a una nueva misión de los hijos del beato Scalabrini.

Durante la ceremonia intervino como representante del Vicariato de Roma, monseñor Pierpaolo Felicolo, director de la Oficina Migrantes y amigo por muchos años de la comunidad latinoamericana de Trastevere. Durante las palabras alusivas, el padre Felicolo transmitió la gratitud del Vicario de Su Santidad para Roma, cardenal Agostino Vallini, por el trabajo pastoral del padre Antonio, un hombre de fe –dijo--, que con una buena pastoral orgánica permitió a cientos de migrantes encontrar una senda espiritual, y también ayuda en sus necesidades materiales.

Al final de la ceremonia, junto a los testimonios de laicos representantes de algunos países, el padre Guidolin recibió el homenaje de la República del Salvador a través de la embajada de ese país centroamericano ante la Santa Sede, así como de la Consejería adjunta de los extranjeros del Municipio de Roma.