Canonización de seis nuevos santos que oraron constantemente con fe

Entre ellos, la primera australiana y una española

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo 17 de octubre de 2010 (ZENIT.org) Una fiesta de fe y de Iglesia universal se vivió esta mañana con la canonización de seis nuevos santos provenientes de Italia, España, Polonia, Canadá y Australia.

Los fieles batían las banderas de los respectivos países y se preparaban desde horas antes que comenzara la ceremonia, leyendo las biografías que se encontraban en diversos idiomas en el libro que sirvió como guía para la celebración.

El Papa Benedicto XVI entró a las diez de la mañana en el papamóvil para saludar y ver de cerca a los peregrinos.

Luego empezó la misa y, en ella, el rito de canonización, en el que monseñor Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causas de los Santos, leyó una breve biografía de cada uno de los nuevos santos y solicitó al Pontífice la canonización.

Después, los postuladores llegaron con las reliquias para ponerlas en el altar y el Papa presentó oficialmente la fórmula con la que, a partir de ese momento, los seis beatos pasan a formar parte del santoral romano.

En la misa, estaban presentes también algunos obispos y sacerdotes que participan del Sínodo de Oriente Medio, que se celebra en la Ciudad del Vaticano hasta el próximo 24 de octubre.

Tras la proclamación del Evangelio, Benedicto XVI pronunció la homilía, en la que destacó la necesidad de una oración constante, basada en la fe.

“La liturgia de este domingo nos ofrece una lección fundamental: la necesidad de rezar siempre, sin cansarse”, afirmó.

“A veces nosotros nos cansamos de rezar, tenemos la impresión de que la oración no es tan útil para la vida, que es poco eficaz”, reconoció.

Y añadió: “Por eso somos tentados a dedicarnos a la actividad, a emplear todos los medios humanos para lograr nuestros objetivos, y no recurrimos a Dios”.

El Pontífice explicó que “Jesús en cambio afirma que es necesario rezar siempre”. “Dios es la generosidad en persona, es misericordioso, y por tanto está siempre dispuesto a escuchar las oraciones”, aseguró.

El Papa destacó también que, como en los seis nuevos santos, “la oración debe ser expresión de fe, en caso contrario no es verdadera oración”.

“Si uno no cree en la bondad de Dios, no puede rezar de una manera verdaderamente adecuada -advirtió-. La fe es esencial como base de la actitud de la oración”.

Tres fundadoras

Al finalizar la ceremonia, ZENIT entrevistó en la Plaza de San Pedro a varios fieles que asistieron a esta canonización, movidos por la devoción particular a uno de estos nuevos santos.

Entre ellos estaba Antonio Grau proveniente de Murcia (España), quien llegó a Roma con un grupo de 67 personas para la canonización de Cándida María de Jesús (1845 – 1912), fundadora de la comunidad de las Hijas de Jesús.

De esta nueva santa, el Papa destacó en su homilía que “vivió para Dios y para lo que Él más quiere: llegar a todos, llevarles a todos la esperanza que no vacila, y especialmente a quienes más lo necesitan”.

Después de la misa, Grau expresó “un agradecimiento a Dios por habernos permitido venir y poder ver en directo cómo la hacían santa (a Cándida María de Jesús)".

Este feligrés trabaja en el colegio de las Hijas de Jesús, que tienen la educación como uno de sus carismas.

Dijo que esta canonización representa para España “una esperanza nueva y un aire nuevo, para los jóvenes especialmente, para que se acerquen a lo que realmente vale la pena”.

Precisamente en su saludo en español a los peregrinos después de la misa y antes de rezar el Ángelus, el Pontífice pidió “que los nuevos santos sirvan de modelo al pueblo cristiano, particularmente a los jóvenes, para que sean cada vez más los que acojan la llamada del Señor y entreguen por completo su vida a proclamar la grandeza de su amor”.

Hoy también fue canonizada la primera australiana, santa Mary MacKillop (1842 – 1909), fundadora de las Hermanas de San José del Sagrado Corazón, más conocidas como las hermanas Josefinas.

“Ella se dedicó como joven a la educación de los pobres en dificultad en el difícil terreno de la Australia rural, inspiró a otras mujeres a unirse a ella en la primera comunidad femenina de hermanas religiosas de ese país”, recordó el Papa en la homilía.

“Atendió las necesidades de cada joven confiado a ella, sin reparar en posición social ni riqueza, proporcionando formación tanto intelectual como espiritual”, destacó.

Y añadió: “A pesar de los numerosos desafíos, sus oraciones a San José y su incansable devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a quien dedicó su nueva congregación, dieron a esta mujer santa las gracias necesarias para permanecer fiel a Dios y a la Iglesia”.

En la ceremonia, participó el padre Pierre E. Koury, quien viajó a Roma con un grupo de peregrinos de la parroquia Nuestra Señora de Líbano, de rito maronita, de inmigrantes libaneses en Australia.

“Todos esperábamos este momento, fue un bello momento”, dijo a ZENIT el sacerdote. A su grupo, también se unieron algunos cristianos ortodoxos.

De Sydney viajó también la joven Claudia Elias. “Somos un país joven y por fin tenemos una santa”, dijo, emocionada.

Refiriéndose a santa Mary MacKillop, afirmó que “fue una mujer valiente”. Aseguró también que la experiencia de Iglesia universal vivida esta mañana en San Pedro le hizo recordar la Jornada Mundial de la Juventud celebrada hace un poco más de dos años en Sydney, donde se encuentran la tumba y el santuario de la nueva santa.

También fue canonizada hoy Santa Giulia Salzano (1846 – 1929), nacida en Nápoles, fundadora de las Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón, que el Papa calificó como “una apóstol de la educación cristiana”.

“La Madre Giulia comprendió bien la importancia de la catequesis en la Iglesia, y, uniendo la preparación pedagógica al fervor espiritual, se dedicó a ella con generosidad e inteligencia, contribuyendo a la formación de personas de toda edad y clase social”, destacó Benedicto XVI.

Y señaló que la nueva santa “repetía a sus hermanas que deseaba hacer catecismo hasta la última hora de su vida, demostrando con todo su ser que si 'Dios nos ha creado para conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida', no había que anteponer nada a esta tarea”.

Sobre ella, ZENIT habló con una pareja de esposos catequistas napolitanos, Sandra y Rosario [que en italiano es un nombre masculino, n.d.r.].

“Nuestros hijos fueron a las escuelas católicas del Sagrado Corazón y en nuestro corazón permaneció esa pertenencia a la comunidad fundada por la nueva santa”, dijo Sandra.

Estos esposos pertenecen al Movimiento eclesial Fraternidad de Emaús: “Somos catequistas como pareja y queremos que el hecho de poner nuestra vida al servicio de la catequesis nos ayude a saber que es una bella obra, como lo ha hecho santa Giulia”, añadió.

Un hermano portero y un sacerdote

Centenares de peregrinos viajaron desde Canadá para celebrar la canonización del primer hombre nacido en estas tierras, San Andrè Bessette (1845 – 1937), perteneciente a los hermanos de la Santa Cruz de Montreal.

De este religioso de la Congregación de la Santa-Cruz originario de Québec, el Obispo de Roma destacó que el sufrimiento y la pobreza que conoció muy pronto “le condujeron a recurrir a Dios por la oración y una vida interior intensa”.

“Muy poco instruido, entendió, sin embargo, dónde se encontraba lo esencial de su fe -afirmó-. Para él, creer significa someterse libremente y por amor a la voluntad divina”.

“Habitado todo él por el misterio de Jesús, vivió la bienaventuranza de los corazones puros, la de la rectitud personal-añadió-. Esta simplicidad ha permitido a muchos ver a Dios”.

Y recordó una cita del nuevo santo sobre la manera cristiana de afrontar el sufrimiento: “No busquéis que os quiten las pruebas”, dijo, “pedid más bien la gracia de sobrellevarlas bien”.

Para George Cifa, quien viajó a Roma con un grupo de 40 personas para la canonización de este religioso, resulta edificante “su humildad” porque él “alcanzó la santidad siendo un sencillo portero pero haciendo todo con el amor del Señor”.

George visita a menudo el oratorio de San José de Montreal que mandó construir el hermano Andrè, donde actualmente yacen sus restos y donde que acuden anualmente más de 2 millones de fieles.

Por su parte, Ewa Zaolluzna viajó desde Polonia y por primera vez llegó a Roma. Le motivó a visitar estas tierras la canonización de Stanisław Sołtys (1433 – 1489), el santo más antiguo de este grupo.

“Esta experiencia me ayudará a profundizar en mi fe”, dijo Ewa, quien pasó 24 horas en un autobús antes de llegar a la “ciudad eterna” con un grupo de 49 peregrinos para presenciar esta canonización.

“A pesar de que vivió hace tanto tiempo, su testimonio es muy bonito y es un gran santo, que puede evidenciarse también en este mundo actual”, dijo.

Después de dialogar con ZENIT, Ewa fue a tomarse una foto con su grupo de peregrinos, dejando ver la bandera de Polonia y la basílica de San Pedro en el fondo.

Sobre el santo polaco, Benedicto XVI dijo que este “religioso del siglo XV puede ser también para nosotros ejemplo e intercesor” y afirmó que “toda su vida estuvo ligada a la Eucaristía”.

De princesa a religiosa clarisa

Y unos 50 autobuses llegaron de la arquidiócesis de Camerino, en el centro de Italia, según lo testimonió a ZENIT el padre Vincenzo, procedente de este lugar.

Venían a celebrar la canonización de Camilla Battista Varano, quien pasó de ser una princesa de la corte de Varano a ser religiosa de la orden de las clarisas (1458 – 1524).

“Para nosotros, fue un hecho grandioso, porque desde 1939 no teníamos una canonización en nuestra diócesis”, dijo el sacerdote.

También se refirió a las enseñanzas de la nueva santa: “la de meditar las enseñanzas de la Pasión de Jesús no sólo en el aspecto del dolor físico sino también en el espiritual”.

Y dijo que la experiencia de Iglesia universal vivida esta mañana puede resumirse en una sola frase: “la santidad debe ser la condición normal del buen cristiano”.

En la homilía, el Papa afirmó que esta “monja clarisa del siglo XV testimonió hasta el fondo el sentido evangélico de la vida, especialmente perseverando en la oración”.

“Habiendo entrado a los 23 años en el monasterio de Urbino, se insertó como protagonista en ese vasto movimiento de reforma de la espiritualidad femenina franciscana que intentaba recuperar plenamente el carisma de santa Clara de Asís”, recordó.

“Promovió nuevas fundaciones monásticas en Camerino, donde fue elegida abadesa varias veces, en Fermo y en San Severino”, recordó.

“La vida de santa Battista, totalmente inmersa en las profundidades divinas, fue una ascensión constante en el camino de la perfección, con un heroico amor a Dios y al prójimo” y “estuvo marcada por grandes sufrimientos y consolaciones místicas”.

El Papa dijo que la nueva santa “había decidido de hecho, como ella mismo escribe, 'entrar en el Sacratísimo Corazón de Jesús y ahogarse en el océano de sus muy amargos sufrimientos'”.

“En un momento en que la Iglesia sufría una relajación de las costumbres, ella recorre con decisión el camino de la penitencia y de la oración, animada por el ardiente deseo de renovación del Cuerpo místico de Cristo”, destacó.

Benedicto XVI invitó a dar “gracias al Señor por el don de la santidad, que resplandece en la Iglesia y hoy se refleja en el rostro de estos hermanos y hermanas nuestros”.

Aseguró que “ Jesús también nos invita a cada uno de nosotros a seguirlo para heredar la vida eterna”.

Y lanzó una invitación: “Dejémonos atraer por estos ejemplos luminosos, dejémonos guiar por sus enseñanzas, para que nuestra existencia sea un cántico de alabanza a Dios”.



Por Carmen Elena Villa