Capellán de la cárcel Regina Coeli: La visita del Papa ha abatido un muro

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ROMA, 10 julio (ZENIT.org).- El padre Vittorio Trani, franciscano conventual, es desde hace 22 años capellán de la cárcel romana de «Regina Coeli. «Si pudiéramos describir la alegría que han experimentado muchos presos, incluso aquí dentro, incluso en este contexto...», dice, pero su frase queda truncada por la emoción. En esta entrevista hace un balance del encuentro de Juan Pablo II con los presos a los que asiste espiritualmente, que tuvo lugar el 9 de julio con motivo del Jubileo de la cárcel.



--Zenit: ¿Qué significado atribuye a la visita del Papa a la cárcel?

--La visita del Papa representa una acontecimiento extraordinario y creo poder decir que lo es también para quien no se mueve en una óptica de fe. Es la llegada a un lugar difícil y de dolor de una persona que lleva consigo un mensaje extraordinario de esperanza, de confianza, de respeto a la persona. Ha sido la llegada a una realidad compleja de una figura que trae un mensaje de aliento.

--Zenit: ¿Cómo se ha vivido la espera en la cárcel?

--La espera ha tenido una dimensión doble. La principal y más importante ha sido la espera del jefe espiritual, un acontecimiento importantísimo de carácter religioso. Pero la espera también tenía el aspecto humano de quien vive
problemas de justicia y que, en estos casos, se tiñe de misericordia y comprensión, esperando en ese «gesto de clemencia» que Juan Pablo II pidió al Gobierno y al Parlamento.

--Zenit: ¿Esta espera ha influenciado en el encuentro del Papa con los presos?

--Ciertamente. Hemos realizado una preparación a todos los niveles. Incluso, en la víspera, los sacerdotes hemos confesado; los catequistas concluyeron los últimos encuentros; el coro ensayó; los muchachos que tenían encargos particulares repasaron sus tareas, etc. Todo este conjunto de cosas sirve también para dar una idea de la importancia que tenía para los detenidos la visita del Papa.

--Zenit: ¿Qué quedará después de la visita?

--Al menos dos cosas. La primera es un fuerte sentido de familia que se está respirando aquí dentro. El hecho de preparar este gran acontecimiento ha unido verdaderamente un poco más a todos. Es un evento cimentador y esto me parece que de por sí es ya un grandísimo milagro. Y la segunda cosa es que, sea como sea, la mirada de la comunidad civil se ha dirigido hacia esta parte suya que es la cárcel, que afecta a tantos ciudadanos y que habitualmente es abandonada, olvidada. Permanecerá la conciencia de que, gracias a la vista del Papa, se ha llenado un foso (un olvido) y se ha abatido un muro. Y esto es muy, muy importante.