Card. Puljic: 'Los acuerdos de Dayton no han traído la convivencia pacífica en Bosnia'

Fuertes protestas en el paí­s motivadas por la parálisis política, la crisis económica y la corrupción

Madrid, (Zenit.org) Iván de Vargas | 667 hits

Los disturbios que se están propagando por Bosnia-Herzegovina no tienen precedentes desde que terminó la guerra a mediados de la década de los 90. Desde entonces la compleja estratificación de la sociedad, donde conviven bosnios musulmanes, serbios y croatas, ha ido provocando una grave crisis institucional, en cierto modo tolerada como alternativa a una posible vuelta al conflicto.

La mayor intensidad de las protestas se ha concentrado en la parte de mayoría musulmana del país, especialmente en la ciudad de Tuzla, en el norte, donde tuvieron lugar las primeras manifestaciones, inicialmente pacíficas, para mostrar la desesperación de la sociedad contra la crisis económica, la corrupción y la inacción del Gobierno. Junto a estas dos ciudades también se han registrado episodios de violencia en Mostar, Zenica y Bihac, otras tres localidades de la ex república de Yugoslavia donde la tasa de desempleo llega a alcanzar hasta el 40%.

En declaraciones a la agencia SIR, el arzobispo de Vrhbosna (Sarajevo), el cardenal Vinko Puljić, ha asegurado que "estos disturbios son hijos de las elecciones de 2012 y, sobre todo, de los acuerdos de Dayton, que han marcado la división del país ante la indiferencia de la comunidad internacional".

"El actual Gobierno --ha explicado el purpurado-- no quiere escuchar al pueblo que ahora está protestando". Aun así, "se trata de una reacción desordenada, destructiva, que no conduce a ningún resultado positivo. Una destrucción que no tiene nada que ver con la protesta democrática. Por eso, he instado a los manifestantes a la calma", ha asegurado.

Para el arzobispo de Vrhbosna, "la manera de salir de este estado de cosas es ir a unas nuevas elecciones con la ayuda de la comunidad internacional". El sistema político actual, de hecho, "no es capaz de responder a las demandas legítimas del pueblo que no pide nada más que tener un Estado en el que todos los ciudadanos sean iguales, en el que la justicia, la salud, y las escuelas funcionen, en el que haya programas de asistencia, de formación y de trabajo".

Los acuerdos de Dayton pusieron fin a tres años y medio de guerra en Bosnia-Herzegovina, pero "no han contribuido a traer la democracia y la convivencia pacífica", ha concluido el cardenal Puljić.

La recuperación del país tras la devastadora guerra, donde murieron unos 100.000 bosnios, ha estado marcada por las diferencias étnicas y el escaso apoyo internacional. Además, la arquitectura constitucional diseñada con los acuerdos de paz ha generado un cuadro político en el que los vetos cruzados impiden prácticamente cualquier clase de gestión gubernamental. 

Bosnia, con unos 3,8 millones de habitantes, vive en un estado de postración económica perenne. La tasa de paro oficial ronda el 28%, pero estudios independientes la sitúan alrededor del 40%. El PIB lleva cinco años estancado. La Unión Europea aparece como el objetivo hacia el que aspira el país, sobre todo después de que Croacia se haya unido al club comunitario y Serbia, otra ex república de la antigua Yugoslavia, vaya a iniciar las negociaciones de adhesión.

Bosnia, anteriormente parte de la República Federal Socialista de Yugoslavia, declaró su independencia el 9 de enero de 1992. Poco después, estalló la guerra entre los tres grupos étnicos -croatas, bosnio-musulmanes y serbios- a la que puso fin solamente la intervención de las Naciones Unidas y de las fuerzas de la OTAN.

El 21 de noviembre de 1995, los acuerdos de Dayton declaraban la integridad y soberanía de la República de Bosnia-Herzegovina, si bien dividida en dos entidades, cada una de las cuales con parlamento y gobierno propios: la Federación de Bosnia-Herzegovina (croata-musulmán, el 51 por ciento del territorio) y la República Serbia o Srpska (el 49 por ciento).

La Federación la gobiernan un presidente y un vicepresidente, alternandose un croata y un musulmán. El poder legislativo está en manos del Parlamento, que cuenta con una Cámara de Diputados (140 miembros) y una Cámara Popular (74 miembros). Desde el punto de vista administrativo la Federación está dividida en 10 cantones completamente autónomos. La República de Serbia está gobernada también por un presidente y un vicepresidente y la Asamblea Nacional cuenta con 140 miembros.

Brcko es una unidad administrativa especial que no pertenece a ninguno de los dos gobiernos anteriormente citados: se encuentra bajo la jurisdicción del gobierno central de Bosnia-Herzegovina.

La Presidencia Colegial de la República de Bosnia-Herzegovina está compuesta por tres miembros elegidos cada cuatro años que representan a los tres grupos étnicos: croata, musulmán y serbio. Cada uno de los tres miembros preside a turno durante ocho meses. El parlamento central está formado por la Cámara de Diputados (42 diputados elegidos directamente: dos tercios croata-musulmanes y un tercio serbios) con sus oficinas centrales en Sarajevo y la Cámara Popular (5 delegados elegidos por cada grupo étnico) que se reúne en Lukavica. El poder ejecutivo corresponde al Consejo de Ministros, nombrado por la presidencia, compuesto por seis miembros, cada uno de los cuales ocupa el cargo de primer ministro durante ocho meses por turno.

La capital de Bosnia-Herzegovina es Sarajevo, que tiene aproximadamente 360.000 habitantes. Banja-Luka es la segunda ciudad más importante, con una población de 143.079 habitantes. El idioma nacional es el serbio-croata. Los bosnios son el 43,7 por ciento de la población; los serbios el 31,4 por ciento; los croatas el 17,3 por ciento y el restante 7,6 por ciento pertenece a diversos grupos étnicos. Los musulmanes sunnitas representan el 43 por ciento de la población, los ortodoxos el 30 por ciento, los católicos el 11,3 por ciento y un 15 por ciento profesa otras religiones.