Cardenal Amato: Testigos valiosos de la bondad de la existencia humana

Beatificados en España veintitrés mártires oblatos de 1936

| 2138 hits

MADRID, domingo 18 diciembre 2011 (ZENIT.org).- El cardenal Angelo Amato SDB presidió la ceremonia de beatificación de 23 mártires de la persecución religiosa de 1936, pertenecientes a la congregación de Misioneros Oblatos de María Inmaculada (OMI). A la catedral de la Almudena de Madrid acudieron numerosos obispos españoles, acompañados de miles de fieles.

En su homilía, el cardenal Angelo Amato recordó la historia del sacrificio de estos religiosos para “avivar la llama del testimonio”. Durante la II República, especialmente en los primeros meses de la guerra de 1936-1939, según el cardenal, “descendió sobre España un furor antirreligioso que contaminó gravemente a la sociedad, hasta secar en el corazón los sentimientos de bondad y fraternidad, y ellos fueron víctimas inocentes de este fanatismo anticatólico que hirió a sangre fría a obispos, sacerdotes, consagrados y laicos”.

Para el cardenal, “más de siete mil son verdaderos y auténticos mártires, muertos como los primeros mártires de la Iglesia por odio a la fe”. Destacó que los 23 mártires, que sufrieron su martirio en Pozuelo, “no eran delincuentes ni habían hecho nada malo, al contrario, su único deseo era hacer el bien y anunciar el Evangelio de Jesús”. “Queremos recordar los nombres de los religiosos oblatos porque la Iglesia les ama y les honra”, afirmó, y subrayó que fueron “testigos valiosos de la bondad de la existencia humana” pese a la “crueldad de sus perseguidores”. Y lo hicieron, prosiguió, “sin armas, con la fuerza irresistible de la fe en Dios. Ellos han vencido el mal, es su preciosa herencia de fe”.

El cardenal Amato puso de manifiesto que los verdugos fueron olvidados, sin embargo, “las víctimas inocentes son recordadas”. Y citó a los nuevos beatos: Francisco Esteban Lacal, Vicente Blanco Guadilla, José Vega Riaño, Juan Antonio Pérez Mayo, Gregorio Escobar García, Juan José Caballero Rodríguez, Justo Gil Pardo, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Publio Rodríguez Moslares, Francisco Polvorinos Gómez, Juan Pedro Cotillo Fernández, José Guerra Andrés, Justo González Llorente, Serviliano Riaño Herrero, Pascual Aláez Medina, Daniel Gómez Lucas, Clemente Rodríguez Tejerina, Justo Fernández González, Ángel Francisco Bocos Hernando, Eleuterio Prado Villarroel y Marcelino Sánchez Fernández. “A estos 22 oblatos se unió, en un mismo acto de generoso testimonio a Cristo, el fiel laico Cándido Castán San José, muy conocido en el pueblo de Pozuelo, por su claro testimonio católico”, añadió.

Dijo que “cuando el hombre arranca de su conciencia los mandamientos de Dios, rompe también de su corazón el bien. Perdiendo a Dios, el hombre pierde también su unidad”.
Explicó que “es posible” que nuestros mártires estuvieran preparados para el sacrificio supremo. Aseguró que “todos los religiosos fueron detenidos sin proceso, ni pruebas, ni posibilidad de defenderse”. Por tanto, “es bueno no olvidar esta tragedia y no olvidar tampoco la reacción de nuestros mártires a los gestos malvados de sus asesinos. Respondieron rezando, perdonándoles, y aceptando con fortaleza la muerte por amor a Jesús”. Y es que “los mártires nos enseñan que nuestro testimonio del Evangelio pasa no sólo por una vida virtuosa sino también, a veces, por el martirio”.

Leyó las palabras del papa sobre los mártires que, “fieles a su vocación anunciaron constantemente el Evangelio y derramando su propia sangre dieron testimonio de su amor a Jesús y su Iglesia”. “Este es el mensaje que nos ofrecen los beatos. La sociedad no tiene necesidad de odio, de violencia y de división sino de amor, de perdón y de fraternidad”, añadió.

Concluyó invitando a imitar “la fortaleza de los mártires, la solidez de su fe, la inmensidad de su amor y la grandeza de su esperanza. Que demos testimonio de fe y verdad ante el mundo y ellos sean maestros de vida para sus hermanos oblatos y puedan fortalecer su amor a Cristo, su Iglesia y los misioneros de la nueva evangelización en todo el mundo”. “Que la Inmaculada nos ayude a celebrar la Navidad con corazón puro y santo”.

La Eucaristía fue concelebrada por el cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco; el cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino; el nuncio en España Renzo Fratini; los arzobispos de Toledo Braulio Rodríguez; Valladolid, Ricardo Blázquez, y Pamplona, Francisco Pérez; los obispos de León, Julián López; Cádiz, Rafael Zornoza; Osma-Soria, Gerardo Melgar; Astorga, Camilo Lorenzo; Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig; Málaga, Jesús E. Catalá; y los obispos auxiliares de Madrid Fidel Herráez, César Franco, y Juan Antonio Martínez SJ.

La ceremonia de beatificación coincide con el 150 aniversario de la muerte de san Eugenio de Mazenod, fundador de la congregación de Misioneros Oblatos de María Inmaculada (OMI).

El superior de la congregación Louis Lougen, OMI, dirigió este sábado una carta a los miembros con el título “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. En la misma afirma: “Estos son aquellos que salieron de la gran tribulación, y han lavado sus túnicas y las hicieron blancas en la sangre del cordero”. (Rev. 7:14)

“Nos regocijamos juntos –añade- para alabar y agradecer la beatificación de los mártires oblatos de España. Esta es una gran gracia para nosotros, una oportunidad para toda la congregación para renovar nuestra vida en santidad y compromiso misionero. La beatificación de los mártires oblatos de España se presenta en este año en el que recordamos el 150 aniversario de la muerte de san Eugenio de Mazenod y vivimos también inspirados por el llamado a la conversión del 350 Capítulo General”.

La beatificación de los mártires oblatos de España, afirma, es un llamamiento a la conversión: “Descubrimos en su martirio la riqueza y profundidad del Evangelio y del carisma oblato.

Cada vez que leo acerca de la alegría que san Eugenio experimentó cuando se proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, me conmuevo. Imagino aún ahora su inmensa alegría por la beatificación de los mártires oblatos de España”.

“Nosotros también estamos siendo llamados a renovar nuestro compromiso. La vida religiosa, el deseo de vivir la vocación bautismal de una manera radical, es una especie de sucesora del periodo de martirio en la Iglesia primitiva. Nuestra vida consagrada, inspirada en el testimonio de los primeros mártires, es la decisión de seguir el Señor Jesús de una manera radical a través de los votos y la comunidad”, subraya.

“A medida que leemos sobre el sacrificio generoso de sus vidas, volvemos a las raíces de nuestra vocación y no podemos tolerar vivir una vida 'rebajada'. Rezo para que el testimonio de la ofrenda martirial de los santísimos mártires oblatos de España nos traiga la pasión de vivir radicalmente el seguimiento de Jesús”, añade.

Una fe fuerte y profunda, explica, alimentó los sueños misioneros de los mártires oblatos de España y les atrajo a ofrecer sus vidas para predicar el Evangelio a los pobres en España, Argentina, Uruguay y el suroeste de Estados Unidos.

“Nos sentimos intimidados por su capacidad de entregarse al Padre en la obediencia hasta la muerte, un acto altruista en última instancia por el amor de la gente que aún no han podido conocer en las misiones que esperaban servir. Entre dichos mártires oblatos, hay también un hombre laico que fue un esposo y padre. Creo que es un signo del carisma oblato, 'siempre cerca de la gente que servimos', que en esta beatificación haya una persona laica entre los oblatos. Este es otro motivo por el cual nos alegramos”, señala.

Concluye su mensaje con un agradecimiento al postulador, padre Joaquín Martínez, por su dedicación a las causas y “por todo lo que ha hecho para hacer realidad este día”.