Cardenal Biffi al Papa y la Curia: Reconocer el pecado para redescubrir la alegría

Primeras meditaciones en los ejercicios espirituales

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 26 febrero 2007 (ZENIT.org).- Redescubrir el propio pecado es redescubrir la profunda alegría del perdón de Dios, consideró este lunes el predicador de los ejercicios espirituales en los que participa Benedicto XVI.



El cardenal Giacomo Biffi, arzobispo emérito de Bolonia, constató con la ironía que le caracteriza que en estos momentos no se ha perdido el sentido del pecado, lo que se ha perdido es el sentido del propio pecado.

«Buscad las cosas de arriba», es el argumento sobre el que el purpurado italiano está ofreciendo sus meditaciones desde este domingo por la tarde al Papa y a sus colaboradores de la Curia Romana, en la Capilla «Redemptoris Mater» del Palacio Apostólico del Vaticano.

En la primera meditación de la mañana de este lunes, según ha recogido «Radio Vaticano», el predicador reflexionó sobre los argumentos centrales de la Cuaresma: la conversión, es decir, el sentido del pecado y del arrepentimiento que salva.

La liturgia de la Cuaresma, afirmó el cardenal, se caracteriza por una frase que representa el inicio del anuncio público de Jesús: «Convertíos y creed en el Evangelio».

Este período, por tanto, no es un tiempo en el que el creyente tiene que verificar «si» tiene algo que cambiar en sí mismo, sino más bien «qué» tiene que cambiar, es decir, convertir de un estado de error a un estado de gracia, subrayó.

Y la conversión, es decir, el cambio de dirección en el camino de la vida, comienza por el corazón, por el arrepentimiento interior, a condición de que el discípulo deplore con firmeza la culpa.

En ese momento, indicó, el creyente llega a la certeza de la divina misericordia, y de este modo el arrepentimiento lleva necesariamente a la alegría profunda.

Hoy se dice que ya no hay arrepentimiento porque se ha perdido el sentido del pecado. Sin embargo, continuó aclarando, esto no es totalmente verdad, pues nuestra época se caracteriza por las continuas denuncias de pecados en los medios de comunicación y en los tribunales.

Esto quiere decir que el sentido del pecado existe, recalcó, pero el sentido del pecado del otro. Por el contrario, el arrepentimiento que salva es el que reconoce los propios errores.

Alejarse de la propia culpa acerca a Dios, pues Él es la antítesis del mal, reconoció.

En la segunda meditación de este lunes, el cardenal Biffi reflexionó sobre la frase litúrgica «Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás» del Miércoles de Ceniza.

En el mundo que no reconoce al mundo invisible, la muerte es un fracaso. De este modo, una vida que acaba en el vacío vacía también lo que se hace en vida, pues la existencia más perversa o la más generosa parecen acabar igual.

La multiplicación de los suicidios o de las mismas muertes entre jóvenes a la salida de la discoteca son un símbolo trágico de vidas que terminan sin sentido.

Por este motivo, el purpurado alentó a los pastores de la Iglesia a evitar una falsa disyuntiva: escoger entre la vida futura o entre la vida presente sin sentido que acaba en la nada.

Es necesario invitar a escoger entre una vida vacía de sentido, que acaba en la nada, y la esperanza de un acontecimiento que nos dará un sentido, es decir, la resurrección.

«Nuestra vida sin sentido sería una llamarada que acaba en un puño de cenizas apagadas», concluyó.