Cardenal Kasper: la misericordia es necesaria para la vida social

Al inaugurar la “Perdonanza” instituida por Celestino V

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COLLEMAGGIO, lunes 30 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- Sin misericordia “se desmorona la cohesión de una ciudad y de una sociedad”. Sin la “superación del espíritu del individualismo y del egoismo, donde cada uno piensa solo en su beneficio, no podemos construir un nuevo futuro”.

Así lo afirmó el cardenal Walter Kasper, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, al presidir el pasado sábado 28 de agosto el rito de apertura de la puerta santa de la basílica de Santa María de Collemaggio.

En esta localidad instituyó el papa Celestino V en 1294, antes de abdicar, la “Gran Perdonanza”, un jubileo con indulgencia plenaria. A este papa quiso honrar Benedicto XVI durante su visita a Sulmona, el pasado 4 de julio.

El cardenal Kasper, enviado papal para la Perdonanza de este año, afirmó que Papa Celestino “vivió en una época en que la Iglesia era rica y poderosa, pero también con una grave crisis interna a causa de su implicación en la política, en asuntos de dinero, en conflictos e intrigas internas, una Iglesia demasiado mundana y, por ello, demasiado poco espiritual”.

Hoy, “en una situación en muchas cosas distinta de la del siglo XIII – prosiguió el cardenal – también nosotros nos enfrentamos en Europa a una crisis de la fe y de la vida cristiana quizás más profunda y preocupante que entonces”.

“Europa – denunció – se está alejando de Dios y de sus raíces cristianas”. Por ello invitó a una “reconstrucción espiritual” para renovar en profundidad la vida personal y social.

Según el purpurado, la primera condición para emprender este camino de reconstrucción es la conciencia de la misericordia divina.

“Ya no vemos el cielo abierto, sino que vivimos en la oscuridad y en las tinieblas sin Dios”, cegados por “la pretensión de construir la casa de nuestra sociedad y de nuestra vida según nuestro arbitrio y según nuestras conveniencias e intereses humanos”.

Para poder reconstruir, afirmó, es necesario “poner a Dios en el primer lugar de nuestra vida”, abandonando “los falsos ídolos que nos hemos fabricado”.

“De Dios comienza la reconstrucción espiritual, y de Él también, la material”, concluyó el purpurado.