Cardenal Pell en el Festival de Ideas Peligrosas: “Sin Dios no somos nada”

Intervención en la Ópera de Sydney

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SYDNEY, lunes 5 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- “Seguiré creyendo en el único y verdadero Dios del amor porque mantengo que ningún ateo puede explicar la sonrisa de un niño”. Así lo afirmó el cardenal George Pell, arzobispo de Sydney, en el Festival of Dangerous Ideas (“Festival de Ideas Peligrosas”) celebrado este fin de semana en el Opera House de Sydney.

El cardenal Pell participó en un debate público en el que estuvieron también presentes el escritor antirreligioso inglés Christopher, con una intervención titulada “Religion Poisons Everything” (“La religión lo envenena todo”) y la conocida feminista y académica Germaine Greer, que habló sobre “Freedom, The Most Dangerous Idea of All” (“Libertad, la idea más peligrosa de todas”).

Según comunicó a ZENIT la archidiócesis de Sydney, el purpurado se refirió a la cuestión de la existencia de Dios en cuanto a la relación entre fe y ciencia, y en cuanto al ateísmo y al laicismo occidental.

En cuanto a la cuestión de la relación entre ciencia y fe, el cardenal Pell afirmó que “aunque muchas personas, incluidos los anti-teístas y los provocadores, todavía considera a Dios como un enemigo, los recientes desarrollos en física y biología han reforzado la fortalecido la consideración de Dios como un matemático de primera categoría”.

El purpurado afirmó que “no es posible llegar a Dios en el marco de la ciencia, porque Dios está fuera del espacio y del tiempo”.

Citando a Anthony Flew, un filósofo y ateo conocido e influyente, que recientemente cambió de opinión proclamando que hay un Dios, el cardenal Pell dijo que cuando se estudia la interacción de los cuerpos físicos, como las partículas subatómicas, se hace ciencia.

“Cuando nos preguntamos cómo o porqué estas partículas existen, vamos de la física a la metafísica, estamos haciendo filosofía”, añadió.

“El Dios sobre el que estamos discutiendo no es un Dios de huecos, no un Dios contratado para llenar los vacíos de nuestro conocimiento científico actual, que se llenarán cuando la ciencia avance”.

“Es el conjunto del universo el que no se explica por sí mismo, incluyendo la infraestructura y los elementos que comprendemos científicamente”, afirmó el cardenal Pell.

¿Ateísmo o anticristianismo?

Preguntado porqué muchos australianos son no creyentes, ateos o agnósticos, el cardenal dijo que sólo el 17% de la población no acepta la existencia de Dios.

Afirmó qe la ausencia de Dios en el debate australiano no se debe a ninguna teoría política anglófona, sino más bien a la hostilidad laicista hacia el cristianismo.

“A menudo, Dios se ve atrapado en la hostilidad laicista hacia la defensa cristiana de la vida humana, especialmente al principio y al final, a la defensa cristiana del matrimonio, la familia y la vinculación de la sexualidad con amor y vida”.

“En estos conflictos culturales se encuentra el origen de la mayor parte del odio a Dios y la religión, mientras que los nuevos actos de violencia de una minoría de terroristas islamistas ha dado a los laicistas occidentales nuevos motivos para atacar todas las religiones. Sin embargo, ¡es mucho más seguro para atacar a los cristianos!”, dijo el cardenal Pell.

El purpurado añadió que para medir la popularidad internacional de Dios, sólo hay que mirar las tendencias actuales que indican que China, a finales del siglo XXI, podría tener la mayor población cristiana de cualquier país del mundo.

En sus conclusiones, se declaró “asombrado” al ver tantas personas en Occidente incapaces de creer, especialmente las naciones vinculadas culturalmente con el cristianismo y el judaísmo.

“Para mí, la cuestión es demasiado importante para dejarla a la polémica o a la autocomplacencia”, añadió.

“Voy a seguir creyendo en el único y verdadero Dios del amor, porque sostengo que ningún ateo puede explicar la sonrisa de un niño”.

“Contra esto, el reciente tsunami también nos recuerda brutalmente el problema del sufrimiento de los inocentes. Pero ese sufrimiento es peor si no hay vida después para equilibrar la balanza de la desgracia y la injusticia, y peor aún si no hay inocencia o culpabilidad, si no hay bien ni mal, si todo tienen el significado moral de la espuma en una ola”.

[Por Inma Álvarez]