Cardenal Policarpo aclara que no es posible la ordenación de mujeres

Lamenta que anteriores declaraciones hayan “generado confusión”

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LISBOA, jueves 7 de julio de 2011 (ZENIT.org).- El cardenal José Policarpo, patriarca de Lisboa, hizo pública ayer una carta (ver www.zenit.org/article-39851?l=spanish) en la que aclara que su postura sobre la ordenación sacerdotal de las mujeres “está en comunión con el Papa”.

El patriarca quiso así salir al paso de la polémica creada por unas declaraciones suyas sobre el tema, en una entrevista publicada en el último número de la revistaportuguesa “Ordem dos Advogados”.

En la entrevista, preguntado por este tema, el purpurado afirmaba que en su opinión “no existe ningún obstáculo teológico fundamental” a la ordenación de mujeres”, aunque matizaba que “no hay en este momento ningún Papa que tenga poder para ello. Eso traería tensiones, y sólo sucederá si Dios quiere que suceda y si está en Sus planes sucederá”.

En su aclaración, el cardenal Policarpo reconoce que él mismo nunca había “tratado sistemáticamente este asunto”.

“Las reacciones a esta entrevista me han obligado a mirar el tema con más cuidado y comprobé que, sobre todo por no haber tenido en la debida cuenta las últimas declaraciones del Magisterio sobre el tema, dí lugar a esas reacciones”, lamenta.

Por ello, considera su “deber” aclarar su postura ante sus fieles: “Sería para mí doloroso que mis palabras pudiesen generar confusión en nuestra adhesión a la Iglesia y a la palabra del Santo Padre. Creo que os he mostrado bien que la comunión con el Santo Padre es una actitud absoluta en el ejercicio de mi ministerio”, afirma.

El patriarca subraya la “complementariedad del hombre y de la mujer en la historia de la salvación”, que “llega a su plenitud en la revelación de Cristo y de Maria”.

Arraigado en el nuevo testamento, el ministerio sacerdotal cristiano, ya desde el principio, se confería sólo a hombres.

“El hecho de que no constaran mujeres entre estos sucesores y cooperadores, no significa una minimización de la mujer, sino la búsqueda de aquella complementariedad entre lo masculino y lo femenino, plenamente realizada en la relación de Cristo con María”.

En estos primeros tiempos de la Iglesia, subraya el purpurado, “es notoria la armonía entre el hecho del sacerdocio apostólico conferido a hombres y la importancia y dignidad de las mujeres en la Iglesia”.

De hecho, para el patriarca de Lisboa, una de las causas de la reivindicación del sacerdocio femenino es “la pérdida de la conciencia de la dignidad sacerdotal de todos los miembros de la Iglesia, reduciendo la expresión sacerdotal al sacerdocio ordenado”.

Otra es “la comprensión del sacerdocio ministerial como un derecho y un poder, sin percibir que nadie, hombre o mujer, puede reivindicar este derecho, sino aceptar el llamamiento de la Iglesia para este servicio, que incluye el don de la propia vida”.

Al principio, cuando este tema se planteó, “no se excluía que se tratase de una cuestión abierta, en la atención que se debe prestar a la actuación del Espíritu Santo, en busca de la expresión del misterio de la Iglesia en las nuevas realidades”.

Sin embargo, subraya que el Magisterio más reciente de los Papas interpreta esta tradición ininterrumpida de ordenar sólo hombres “no sólo como una forma práctica de proceder, que puede cambiar al ritmo de la acción del Espíritu Santo, sino como expresión del propio misterio de la Iglesia, que debemos acoger en la fe”.

“Somos, por tanto, invitados a acatar el Magisterio del Santo Padre, en la humildad de nuestra fe, y seguir profundizando en la relación del sacerdocio ministerial con la cualidad sacerdotal de todo el Pueblo de Dios, y a descubrir la manera femenina de construir la Iglesia, en el papel decisivo de la misión de nuestras hermanas las mujeres”, concluye.

Por Inma Álvarez