Cardenal Poupard: Ante el terrorismo, la colaboración entre religiones es un deber

En la proclamación de la interdependencia celebrada en Roma

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ROMA, lunes, 13 septiembre 2004 (ZENIT.org).- En tiempos de terrorismo global la colaboración entre pueblos, culturas y religiones no es una opción entre otras muchas, es una necesidad; considera el cardenal Paul Poupard.



El presidente del Consejo Pontificio para la Cultura presentó su propuesta el 11 de septiembre al intervenir en el Capitolio, Ayuntamiento de Roma, en la apertura de la II Jornada de la Interdependencia celebrada en el tercer aniversario de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

En el encuentro, participaron además el rabino jefe de Roma, Riccardo di Segni, y la teóloga islámica iraní, Shahrazad Hushmand.

«Tenemos que combatir la globalización del terrorismo con la globalización del compromiso responsable por una convivencia civil y humana verdaderamente interdependiente, que tenga en cuenta las necesidades, las expectativas, las capacidades de quien vive en este mismo mundo, en esta misma aldea global», afirmó el purpurado francés.

«Queremos refirmar que la cooperación entre los pueblos, las religiones y las culturas no es una opción entre otras muchas, quizá secundaria o accesoria; ahora es una urgencia apremiante, una auténtica necesidad», subrayó.

«Lo que sucede hoy en el mundo nos afecta a todos, y nos obliga a reflexionar a fondo sobre las causas, y sobre todo a comprometernos por una verdadera alternativa, responsable, decidida, ante el ultraje, ante el odio y el terror, ante la guerra y la muerte», señaló.

La primera edición de la Jornada de la Interdependencia, ideada y organizada por el intelectual estadounidense Benjamin Barber, se celebró el año pasado, el 12 de septiembre, día después al aniversario del atentado, en Filadelfia, capital del día de la independencia estadounidense.

El encuentro fue organizado por el Ayuntamiento de Roma, por las Asociaciones Cristianas de Trabajadores Italianos (ACLI), por la Comunidad de San Egidio, por el Movimiento de los Focolares y otras asociaciones no confesionales.

«Creíamos que tras los horrores de la segunda guerra mundial no podrían repetirse situaciones tan abominables y aterradoras», siguió reconociendo el «ministro» de la Cultura de Juan Pablo II. «Por desgracia no ha sido así», añadió en referencia al 11 de septiembre.

«Nos hemos quedado horrorizados ante las imágenes de los niños de Beslán, y nos hemos preguntado: ¿cómo es posible algo así en el tercer milenio? ¿Cómo es posible tanta barbarie y tanta inhumanidad? ¿Cómo se puede concebir algo tan cruel, que ni siquiera respeta la inocencia de los niños?».

Para el cardenal, «ya no se trata de un choque político o militar, de contraposición de ideologías o visiones políticas y religiosas», sino que nos encontramos ante un «terrorismo salvaje» que «no tiene nada que decir al mundo y a la humanidad, que transforma a hombres y mujeres en animales feroces, incapaces de cualquier gesto de humanidad».

«Ni siquiera las categorías de la locura o de la patología nos pueden explicar lo que sucedió en Beslán», añadió expresando su cercanía al dolor de las familias víctimas del secuestro.

En este escenario, recordó el compromiso de muchas personas comprometidas en actividades humanitarias o de salvaguarda de la paz, también ellas «víctimas del terrorismo», como es el caso de las dos cooperantes italianas secuestradas en Irak, Simona Torretta y Simona Pari.

«Su secuestro, como el de otros muchos civiles, no tiene justificación posible. Es la negación del valor absoluto de toda persona humana, de su vida, de su dignidad, así como de la fraternidad humana, de la colaboración, del diálogo constructivo, de la misma caridad fraterna», dijo.

El cardenal ilustró dos «signos positivos» que han tenido lugar en estos días en respuesta a esta situación y de los que él mismo ha sido testigo: el encuentro de líderes religiosos y culturales organizado por la Comunidad de San Egidio en Milán (5-7 septiembre), y las manifestaciones de musulmanes europeos contra el terrorismo en estos últimos días.

En estos gestos, el cardenal Poupard constata la «nueva conciencia de su responsabilidad que las religiones tienen al inicio de este milenio».

«Hemos practicado el diálogo del amor», añadió el purpurado recordando sus jornadas en Milán. «Hemos pedido al Dios de amor que nos dé el valor del amor».

«Este es nuestro desafío: no sólo es posible; es necesario y un deber; es la esencia del proyecto "político" de la humanidad. La unidad de los pueblos, en el respeto de las mil identidades, es el fin mismo de la interdependencia a escala planetaria».

Esta unidad, consideró, está amenazada «por la violencia terrorista, la guerra, la injusta repartición de los recursos del mundo y las desigualdades sociales y culturales».

Este domingo, 12 de septiembre, asociaciones, alcaldes, movimientos, representantes de al menos veinte países de Europa firmaron la Carta europea por la Interdependencia, presentada por Luigi Bobba, presidente de las Asociaciones Cristianas de Trabajadores Italianos.