Cardenal Poupard: El diálogo entre religiones exige diálogo entre culturas

Intervención en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

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ARANJUEZ (MADRID), jueves, 26 julio 2007 (ZENIT.org).- El diálogo entre religiones y el diálogo entre culturas están íntimamente unidos, explica el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura.



El purpurado galo, hasta hace poco también presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, intervino este jueves en un curso de verano organizado por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid sobre el tema «Benedicto XVI y el diálogo entre las culturas y las religiones».

El cardenal reflexionó con los jóvenes universitarios españoles sobre la trascendencia de la dimensión cultural como cruce de caminos con las religiones.

Entrando en el fascinante mundo de las religiones el autor del «Diccionario de las religiones» (Herder) mostró como en el pensamiento del pontífice y del teólogo Joseph Ratzinger existe una continuidad esencial entre el diálogo entre las culturas y el diálogo interreligioso.

Esta convicción se convirtió en el eje central de la conferencia: «no puede darse un auténtico diálogo interreligioso si no es sobre la base de la cultura; y viceversa, todo diálogo intercultural es, en última instancia, un diálogo sobre las grandes cuestiones religiosas».

El cardenal Poupard mostró la aportación original del Papa Benedicto XVI para un encuentro y un diálogo más intenso entre los hombres de cultura y los representantes de las diversas religiones.

Presentó como más allá de las apariencias de antagonismo y de los desafíos del pluralismo religioso, es posible captar algunas constantes tales como: «la tarea de dar sentido globalmente a la propia existencia», y «el dinamismo para superar lo visible e ir más allá».

La relación con lo trascendente es patrimonio común de las culturas y las religiones, subrayó.

El cardenal recordó cómo, en el pensamiento del Papa, el juicio crítico de la razón aporta una purificación a las religiones, ayudando a subrayar lo universal a todo hombre: «los derechos del hombre, y especialmente, la libertad de la fe y de su ejercicio».