Cardenal Ratzinger: El desafío cristiano tras el 11 de septiembre

Habla el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

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LUGANO, 3 marzo 2002 (ZENIT.org-Avvenire).- Después del 11 de septiembre, «se está difundiendo cada vez más la convicción de que para obtener una nueva paz mundial la fe cristiana deba renunciar a su pretensión de verdad».



Con esta constatación comenzó el viernes el cardenal Joeph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, su intervención en el congreso internacional en memoria de monseñor Eugenio Corecco, recordado obispo de Lugano (Suiza), en la que afrontó el tema «Fe, verdad y tolerancia».

--Eminencia, se ha dicho que después del 11 de septiembre el mundo ya no será como antes. ¿Ha cambiado algo también para la Iglesia?

--Cardenal Ratzinger: Yo no diría que con el 11 de septiembre haya habido una revelación de cosas absolutamente nuevas. La amenaza de la violencia terrorista existía ya antes. Ahora sin embargo estamos más atentos a aquella amenaza. Si algo ha cambiado, es nuestra consciencia occidental de la percepción del peligro. Parafraseando a san Agustín podríamos decir que hoy vemos más claramente el abismo que el hombre tiene ante sí.

--La confrontación con el Islam es un tema candente. En su opinión, ¿se puede hablar de una superioridad de la cultura judeocristiana?

--Cardenal Ratzinger: Es un terreno minado, pero no quiero evitar la pregunta. Cuando se habla de cultura tenemos que distinguir los valores de sus realizaciones históricas. La verdad de la fe cristiana nos aparece en toda su profundidad pero no debemos olvidar que lamentablemente ha sido oscurecida muchas veces por los comportamientos concretos de quien se decía cristiano. También el Islam ha tenido momentos de gran esplendor y de decadencia en el curso de su historia.

--Por tanto, ¿no se puede hablar de superioridad de una cultura sobre otra?

--Cardenal Ratzinger: Naturalmente podemos y debemos decir que, por ejemplo, los valores del matrimonio monógamo, de la dignidad de la mujer, etcétera, demuestran indudablemente una superioridad cultural. Es verdad que el mundo islámico no está del todo equivocado cuando reprocha a Occidente de tradición cristiana la decadencia moral y la manipulación de la vida humana. Se hace fuerte en nuestras debilidades, en nuestro escepticismo. Esto nos impone un serio examen de conciencia. Lo importante es ir a las raíces de los valores anunciados por las diversas religiones. Es aquí donde puede empezar un verdadero diálogo interreligioso.

--¿Es más peligroso el fundamentalismo o la indiferencia religiosa?

--Cardenal Ratzinger: Hay diversas formas de fundamentalismo. Los obispos estadounidenses por ejemplo prefieren no usar el término fundamentalismo para indicar el extremismo violento, porque en Estados Unidos una parte del mundo protestante se define fundamentalista, pero sin caer en la violencia y en el fanatismo.

Y también la indiferencia religiosa tiene formas diversas. Hay quien se dice no creyente pero conserva un impulso ético de fondo y se da también la indiferencia anárquica y arrogante de quienes pretenden desmontar al hombre recomponiendo después sus trozos a su modo y no según la lógica del Creador.

--Usted habla a menudo de un catolicismo de minoría y de una Iglesia que inevitablemente se reducirá en el futuro. ¿Cómo se concilia todo esto con la llamada que ha hecho el Papa a Europa a no olvidar sus propias raíces cristianas?

--Cardenal Ratzinger: La Iglesia de masas puede ser algo hermoso pero no es necesariamente la única modalidad de ser Iglesia. Pero esto no quiere decir que se reduzca a un grupo cerrado en sí mismo. La Iglesia tiene una responsabilidad universal, una responsabilidad misionera para anunciar la nueva evangelización. Forma parte de esta tarea la llamada a las raíces cristianas de Europa. Es más, la Iglesia debe echar mano de todas sus energías creativas para hacer que no disminuya la fuerza viva y atrayente del Evangelio.