Cardenal Rodríguez Maradiaga: La esperanza «nos enseña a no olvidar la meta»

El presidente de Caritas comenta la nueva encíclica de Benedicto XVI

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MADRID, domingo, 2 diciembre 2007 (ZENIT.org).- «Me parece que es un regalo precioso y especialmente ahora que comienza el Adviento. Porque la esperanza es la virtud cristiana que nos enseña que no debemos olvidar la meta», dijo este 1 de diciembre el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, presidente de Caritas Internationalis, en una entrevista concedida a Zenit, sobre la nueva encíclica de Benedicto XVI.

Rodríguez Maradiaga vino a Madrid para pronunciar la conferencia de clausura del simposio internacional de Doctrina Social de la Iglesia, en el 40 aniversario de la encíclica Populorum Progressio, convocado por la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española. El día anterior cerró en Madrid los actos del 60 aniversario de la creación de Caritas en este país.

El cardenal hondureño y arzobispo de Tegucigalpa, pronunció en el simposio una lección llena de contenido y propuestas sobre «La educación para un desarrollo integral: sus mecanismos y propuestas».

En esta entrevista de Zenit, hace una valoración de la recepción del Concilio Vaticano II y la Populorum Progressio, la formación sobre Doctrina Social en los seminarios y comenta la nueva encíclica de Benedicto XVI Spe Salvi.

--Hay quien dice que el Concilio Vaticano II se ha quedado en un cajón, y quien opina que haría falta un Concilio Vaticano III.

--Cardenal Rodríguez Maradiaga: El problema principal es que el Concilio Vaticano II no es conocido y que estos acontecimientos tan importantes en la vida de la Iglesia son un documento pero son un espíritu. Y el espíritu es lo que les da vida y lo que debe ir poco a poco moviendo a las personas. Me explico. Cuando se publican los documentos del Concilio Vaticano II, hay un fervor enorme de estudiarlos o leerlos. Yo era estudiante de Teología y devorábamos todo lo que se refería al Concilio.

La generación siguiente tenía el Concilio Vaticano como un punto de referencia, sí, pero cada década que pasaba parecía que el Concilio se sentía demasiado lejos y lo peor es que ya no se leyó, ni se estudió.

Yo sigo dando clases de Teología Moral en mi Seminario y mi primera pregunta, en la primera hora de clase, es que levanten la mano los que han leído todo el Vaticano II. Y son muy pocos. Si eso es con los estudiantes de Teología, pensemos con los seglares.

Y entonces, lógicamente, toca un esfuerzo de pedagogía, como dice el Evangelio, de sacar del cofre cosas antiguas y cosas nuevas. Y así ir dialogando en ese equilibrio difícil que es que dialogue la tradición con la novedad, no hacia ninguno de los dos extremos, sino para buscar ese equilibrio enriquecido de los dos vectores. Creo que toca por ahí.

¿Un Concilio Vaticano III? Vendrá pero cuando se aplique el II, que todavía falta mucho.

--Celebramos los 40 años de la Populorum Progresio y los 20 de la Sollicitudo Rei Socialis. Pasa lo mismo con estas encíclicas: hay grandes intuiciones que, si se llevaran a la práctica, serían muy exigentes. ¿No es verdad que la Iglesia se queda un poco en palabras?

--Cardenal Rodríguez Maradiaga: Yo creo que sí, pero acordémonos que quedarse en las palabras no es culpa de los Papas que hicieron esas encíclicas tan preciosas, sino culpa nuestra que no las traemos suficientemente a la memoria.

Ahora vivimos una aceleración de la historia tal, que vivimos casi a merced simplemente de la novedad. Entonces corremos el riesgo de olvidar o de dejar en segundo plano lo principal de estas encíclicas. Ese es el papel del estudio de la Doctrina Social de la Iglesia y por esa razón ya desde hace mucho tiempo, si mal no recuerdo, más de veinte años, la Congregación para la Educación Católica hizo una instrucción pidiendo que en todos los seminarios se estudiase la Doctrina Social de la Iglesia.

Yo que he recorrido todo el continente latinoamericano me doy cuenta de que en muchos seminarios no se estudia. Y en algunos se estudia pero de una manera muy superficial. ¿Y si vamos a las escuelas de formación de laicos?

Gracias a Dios el Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz, respondiendo a una petición del papa Juan Pablo II, que a su vez respondía a la petición del Sínodo de América, logró ya concretar ese proyecto bello del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Ahora nos toca difundirlo y estudiarlo. Y hacer con él la aplicación de todo esto

--Se ha dicho en este simposio que justo en la formación podría haber el peligro de insistir mucho en lo pastoral y menos en lo profético. ¿Qué le parece?

--Cardenal Rodríguez Maradiaga: A mí me parece que, cada vez que se rompe el equilibrio, hay algo que no funciona. Y, por consiguiente, el Señor quiere que llevemos adelante no esto o lo otro, sino esto y lo otro. En un equilibrio que es el que garantiza que podamos avanzar respondiendo a los desafíos de los signos de los tiempos.

El que quiere exagerar una de las facetas del ministerio triple del Señor Jesús corre el riesgo de ser lo que a nadie le gusta que le digan: des-equilibrado.

Es mucho mejor poder caminar en ese equilibrio no siempre fácil como digo, pero que es lo que en realidad hace avanzar a la historia.

--¿Puede decir una palabra sobre la encíclica Spes salvi de Benedicto XVI?

--Cardenal Rodríguez Maradiaga: Me parece que es un regalo precioso y especialmente ahora que comienza el Adviento. Porque la esperanza es la virtud cristiana que nos enseña que no debemos olvidar la meta.

Hoy tenía un poco de tristeza viendo los comentarios de algunos medios de comunicación social. Porque verdaderamente se quieren hacer titulares y se quiere enjuiciar desde posturas ya tomadas, desde cualquiera de las ideologías.

Lo importante es ir a beber de ese pozo con sinceridad y apertura para recibir el mensaje, y el que va así encontrará verdaderamente un tesoro

Yo agradezco profundamente al Papa Benedicto XVI que tiene ese don tan especial de decirnos cosas profundas con un lenguaje tan pedagógico.

Y luego el diálogo que tiene con el mundo de la cultura desde posiciones de profundidad. Él puede dialogar clarísimamente con quien sea porque es verdaderamente un profesor, es un maestro.

Creo que desde ese punto de vista nuestra Iglesia tendrá para el próximo año, que al  mismo tiempo es el año de San Pablo, un instrumento precioso para poder avanzar, y yo hago el llamamiento a todos los bautizados, no para que se queden con un documento a través de los titulares de un periódico, sino que lo lean lo mediten y oren con él.

Este elemento todavía está pendiente en la vida espiritual. Los documentos de la Iglesia no son sólo para el cerebro, son también para el corazón y son para el alma. O sea, el que podamos llegar a orar con el magisterio de la Iglesia se vuelve una riqueza enorme.

Por Nieves San Martín