Cardenal Sarah: La corrección fraterna es difícil pero factible

El presidente del Consejo Pontificio Cor Unum veneró a santa Rosa de Lima desde niño

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ROMA, viernes 2 marzo 2012 (ZENIT.org).- El cardenal Robert Sarah tiene a su cargo casi toda la obra social de la Santa Sede a favor de las personas más desfavorecidas, y desde donde el papa ejerce directamente la caridad. El origen del nombre de su dicasterio,“Cor Unum”, es muy significativo, porque del corazón es de donde parten las verdaderas obras.

Hombre también de gran corazón, conocido desde su trabajo cercano a los lugares de misión, mientras fue secretario de Propaganda Fide, en esta entrevista a ZENIT da pautas para vivir la Cuaresma y poner más atención a lo que escribió el papa en su mensaje de este año, donde pide tres cosas concretas: ver más por el otro, salir de la ‘anestesia’ de la indiferencia y ejercer una auténtica corrección fraterna.

Y explica también por qué la parroquia de su pueblo en Guinea, donde se bautizó y naciera su vocación, tiene una relación de casi cien años con Santa Rosa de Lima, a la que fue a visitar hace poco en su santuario de la capital peruana, en una peregrinación que soñaba desde niño…

El mensaje del papa para la Cuaresma de este año nos dice que debemos poner más atención los unos a los otros. ¿De qué sector nos olvidamos hoy?

--Cardenal Sarah: La frase que toma el mensaje es de la Carta a los Hebreos: “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras”. Y el ser cristiano lleva consigo este fijarse, saber mirar con ojos de fe y de caridad. Es ir al encuentro del otro antes que el otro te pida, porque un cristiano es alguien que sabe ver los problemas del prójimo antes que el prójimo te lo diga. Esto es importante porque muchas veces nuestros programas y proyectos son muy valiosos, pero si no tienen esta mirada que da la fe, este fijarse para ayudar en lo material y espiritual, entonces nos falta algo. Los que pagan por esto son los pobres, los pequeños, los que olvidamos, quienes están sufriendo. Creo que este es el reto y el llamado de este mensaje de Cuaresma.

El papa dice también que los espíritus se han “anestesiado” ante el sufrimiento de los demás. ¿Qué es lo que ha generado este fenómeno?

--Cardenal Sarah: La riqueza, el construir nuestras vidas con nuestras fuerzas solamente. Por eso la Cuaresma es un tiempo en que la Iglesia nos invita a la limosna, a desprendernos de nuestras cosas. Porque el hombre en la prosperidad no comprende, “es como los animales que perecen”, dice el salmo. El hombre en la prosperidad, en la vida que se construye a sí mismo, se olvida no solo de Dios que es el autor de la vida y el que lleva la historia, sino que se olvida de los demás y esta es otra forma de anestesia. Por eso el tiempo de Cuaresma nos invita a llevar una vida más cerca al Señor a través de la limosna, de la oración y del ayuno. Vivir más cerca de Él significa tener esa mirada que ve el problema del otro.

A muchos les ha alentado esa parte del mensaje que habla de la “corrección fraterna”, pero a veces el otro no escucha…

--Cardenal Sarah: Debemos distinguir claramente lo que es la corrección fraterna y lo que es el juicio. Lo dice el papa y me parece de una profundidad extraordinaria, que la corrección fraterna solamente funciona cuando tu ves en el otro su salvación eterna. Si corriges a tu hermano porque ves que está en peligro de salvarse, es decir, si está en peligro su fe, su esperanza y caridad, entonces la corrección en esa perspectiva sí funciona. De otro modo la corrección fraterna no es sino un juicio, una acusación que hacemos a nuestro hermano y por eso muchas veces viene rechazada. Lo que nos falta es mirar al otro con los ojos de Dios, que nos mira y quiere que nos salvemos. Esta es una de las joyas de este mensaje del papa.

La Iglesia siempre ha tenido una tarea profética, ¿no?

--Cardenal Sarah: La Iglesia tiene la misión profética de poner a la luz las injusticias: los atropellos a los pobres, a los que sufren, a los emigrantes, a los niños abandonados por la separación de los padres, la violencia familiar… Y la iglesia siempre tiene que ponerlo a la luz. Pero el papa nos dice ¡cuidado!, no es un simple denunciar, porque la corrección en clave cristiana lleva este añadido de pensar en el otro como un ser amado por Dios, como un alma necesitada de salvación. Y en este sentido, la corrección fraterna adquiere una dimensión mucho más grande de lo que es la simple denuncia social o política. Aquella tiene un añadido que le da una dimensión completamente distinta.

En menos de un mes el papa estará en la América Latina y la gente espera la voz de su pastor, también con referencia a los problemas sociales que allí existen…

--Cardenal Sarah: Pienso que la palabra del santo padre es siempre una palabra propia del mensaje del evangelio. Recuerdo que la primera vez que el beato Juan Pablo II visitó el Perú, leyó en un cartel: “¡Tenemos hambre de Dios, tenemos hambre de pan!”. Por lo tanto, el santo padre dará una palabra que alimente a las personas y también expresará su solidaridad a las preocupaciones de la gente, como son la pobreza, la justicia, la paz. Seguramente tocará problemas como la educación, la salud, una vivienda digna, comida, trabajo y así... La palabra del papa será una palabra inspirada en el evangelio.

¿El papa sigue de cerca la situación de América Latina?

--Cardenal Sarah: Mucho. Y por esta razón ha preparado este viaje a México y Cuba. Por otra parte, el papa Juan Pablo II creó la fundación Populorum Progressio para ayudar a las poblaciones indígenas, afroamericanas y campesinas de América Latina, así como otra dirigida al África llamada Juan Pablo II para el Sahel, a favor de los países que sufren la sequía y la hambruna que provoca este avanzar del desierto. El papa Benedicto XVI sigue a la América Latina en el campo social y también en el campo espiritual. Fruto de esta preocupación fue su viaje a Aparecida en 2007 y el documento final, que constituye la hoja de ruta para la Iglesia en ese continente.

¿Cómo se llevan a cabo las intervenciones de la Iglesia? ¿Cómo se coordinan?

--Cardenal Sarah: Las Caritas locales dependen de las diócesis y del episcopado de cada nación y realizan una labor excepcional, en coordinación con otras instituciones eclesiales, como la Sociedad de San Vicente de Paúl, Manos Unidas, Orden de Malta y muchas otras. Todas ellas tienen en el Pontificio Consejo Cor Unum un punto de referencia y de ayuda. Cada institución tiene su personalidad y sus responsabilidades geográficas, pero las relaciones son muchas cuando los problemas superan las fronteras. Por ejemplo, en el drama del Cuerno de África se están haciendo esfuerzos conjuntos para ayudar a la población de un modo eficaz, tratando de coordinar los conocimientos de muchísimas personas que ya están trabajando en esa región con las ayudas alimentarias y económicas gestionadas por otros organismos.

Al respecto, en los últimos meses se ha hablado de los nuevos estatutos de la Caritas Internationalis...

--Cardenal Sarah: Efectivamente, después de la asamblea general celebrada en mayo de 2011, la Santa Sede encargó a los dirigentes de Caritas Internationalis y a los organismos vaticanos competentes continuar el proceso de revisión de los estatutos. Caritas había pedido adaptarlos de acuerdo a las características canónicas que posee una personalidad jurídica pública de la Iglesia. El proceso de adaptación continúa, siguiendo el camino recorrido por otras instituciones eclesiales en los últimos años, precisamente para hacer más eficaz la intervención en graves situaciones. También en los países europeos, donde la desocupación y la crisis están poniendo en serias dificultades a millones de familias, la solidaridad es conjunta.

Usted mencionó antes al Perú, y sabemos que hace dos meses visitó Lima... ¿Cómo ha encontrado el trabajo que se hace allá?

--Cardenal Sarah: Mi permanencia ha sido breve pero he quedado muy impresionado del tremendo trabajo que hace la Iglesia peruana. Visité el distrito de Manchay en Lima, donde me impresionó el trabajo del párroco, no sólo para ayudar a la gente pobre y darles comida o educación, sino porque también se preocupa de las almas. Y por eso su labor pastoral tiene una doble dimensión: atender al hombre en cuerpo y alma; porque la misión del evangelio y de la Iglesia es salvar al hombre integralmente. También he visitado Cañete y he visto que el obispo tiene un hospital que atiende a niños discapacitados física y mentalmente, apoyado por la fundación Populorum Progressio. Quedé muy impresionado por este trabajo pastoral y social.

Algunos lectores no saben que usted siempre quiso visitar la ciudad, en especial porque algo lo une desde su infancia con santa Rosa de Lima…

--Cardenal Sarah: De niño conocía a santa Rosa pero no había visto nunca una estatua suya, aunque sabía que era una santa muy humilde, que hacía penitencia y que unía su vida a la oración. Esto me ha marcado mucho de niño y siempre soñaba con visitar el lugar donde había vivido esta santa. Por eso, como el 1 de febrero la parroquia donde nací y fui bautizado --que lleva como patrona a santa Rosa--, celebró 100 años de fundación, viajé antes a Lima para hacer esta peregrinación en nombre de todos los hermanos de mi pueblo.

Quedé muy impresionado al comprobar que es una santa muy amada no solo por los peruanos, sino por toda la América Latina. He visitado también a uno de sus compañeros, san Martín de Porres, que es muy amado y fue contemporáneo de santa Rosa. Esta visita también me ha ayudado a acrecentar mi vida espiritual, sobre todo a ser humilde, a buscar la penitencia tal como nos invita la Cuaresma. Toda nuestra vida debe ser una penitencia, una purificación continua; y también orar, que es una comunión con Dios.

¿Cómo invocaría a nuestros lectores a vivir la Cuaresma?

--Cardenal Sarah: Les recomiendo leer el mensaje de Cuaresma del 2012 del santo padre, que verdaderamente es un mensaje profundo, que nos invita a poner atención unos a otros y a estimularnos a vivir la caridad y las buenas obras. Y el papa nos insiste en la corrección fraterna, que es difícil pero factible. Porque ayudando al otro, no solo a vivir cristianamente, podemos ayudarle a ver sus culpas, sus errores y así caminar juntos hacia la resurreción, hacia la Pascua...

Por José Antonio Varela Vidal