Cardenal Scherer: preocupa la confusión sobre la identidad sexual

El hombre “debe tenerse en cuenta a sí mismo y vivir de un modo responsable”

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SÃO PAOLO, miércoles 27 de julio de 2011 (ZENIT.org).- El arzobispo de São Paolo (Brasil), el cardenal Odilo Scherer, afirma que la Iglesia católica mira con preocupación la creciente ambigüedad sobre la identidad sexual que se está imponiendo en la cultura.

En un artículo en la revista “O São Paulo”, monseñor Scherer debatió el tema “Hombre y mujer los creo”.

El ser humano “no es 'esta metamorfosis ambulante' que continúa vagando por la vida sin saber quién es, qué quiere, para qué vive, por qué es lo que es; no está ligado a un determinismo ciego”.

“Debe tenerse en cuenta a sí mismo y vivir de un modo responsable, en base a su dignidad y a su naturaleza”, afirmó el arzobispo.

Según su opinión, un aspecto importante de este vivir “en base a su naturaleza” “consiste en asumir la propia identidad sexual”.

“En la cultura actual hay mucha confusión sobre esto, y no se toma en serio la sexualidad como un hecho natural, sino que es considerada un fenómeno cultural”.

“Ni siquiera la diferencia sexual entre masculino y femenino se toma en serio; está de moda la idea de que la identidad sexual está modelada por la cultura y la subjetividad y de que cualquiera 'construye' su propia identidad sexual”.

“La diferenciación sexual del cuerpo humano es sólo un 'hecho secundario' y cuenta más lo que el sujeto decide ser. La identidad sexual es una cuestión de elección”, comenta el prelado.

La consecuencia de esto “es que aumentan los comportamientos sexuales poco definidos, ni masculinos ni femeninos. Se habla cada vez más de homosexuales, bisexuales, transexuales...”

En este contexto, “ser heterosexual, con una identidad definida de hombre (masculino) y mujer (femenino), se presenta sólo como una de las muchas posibilidades y opciones relativas a la identidad sexual”.

“¿No hay un gran error en esto? ¿A partir de ahora será así?¿A dónde nos llevará esto?”, pregunta el cardenal, explicando que para la antropología cristiana “la confusión sobre la identidad sexual, que se difunde cada vez más en la cultura, no deja de provocar una seria preocupación”.

“Para el pensamiento cristiano, la diferenciación sexual (hombre y mujer) debe ser tomada plenamente en serio; la sexualidad afecta a todos los aspectos de la persona humana, en su unidad de alma y cuerpo”.

“Tiene que ver con la afectividad, la capacidad de amar y de procrear; de forma más general, tiene que ver con la capacidad de crear vínculos serenos de comunión con los demás”.

El cardenal recuerda además que es propio de cada hombre y mujer el “reconocer y aceptar la propia identidad sexual”.

“Las diferencias y las complementariedades físicas, morales y espirituales están orientadas al bien de la pareja y de la familia. La armonía de la pareja y de la sociedad depende, en parte del modo en el que se vive, entre los sexos, la complementariedad y el apoyo recíprocos”.

“La pretensión de introducirse en esta armonía que Dios ha establecido entre los sexos y de someter la identidad sexual al arbitrio de la voluntad, que puede estar muy influenciada por factores culturales y dinámicas socio-educativas (o no educativas...), es una temeridad, que no promete buenos frutos para el futuro de la humanidad”, afirma.

“No es posible que la naturaleza se haya equivocado al modelar al ser humano como hombre y mujer -destaca-. Esto tiene un significado y es necesario descubrirlo y tomarlo en serio”.

Para quien “desea la verdad y busca conformar su vida al diseño de Dios”, el purpurado indica que permanece “la invitación a dejarse conducir por la luz de la Palabra de Dios y de la enseñanza de la Iglesia por lo que respecta a la moral sexual”.

“El sexto mandamiento de la Ley de Dios (no pecar contra la castidad) no ha sido abolido, y significa positivamente: vivir la sexualidad en base al diseño de Dios”.