Cardenal Sepe, al frente de los territorios de misión

Nuevo prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos

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CIUDAD DEL VATICANO, 9 abril 2001 (ZENIT.org).- El cardenal Crescenzio Sepe, secretario del Comité central del Gran Jubileo del año 2000, ha sido nombrado este lunes por Juan Pablo II prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.



El pupurado italiano sucede al cardenal Jozef Tomko, quien presentó hace ya dos años su renuncia por razones de edad (tiene 77 años). Este purpurado eslovaco ha dirigido el organismo vaticano encargado de todos los territorios de misión del mundo desde el 27 de mayo de 1985.

Crescenzio Sepe, cardenal desde el último consistorio del pasado 21 de febrero, es uno de los purpurados más jóvenes de la Iglesia. Nacido en la provincia de Caserta (cerca de Nápoles, Italia) el 2 de junio de 1943, en 1972 entró en el servicio diplomático de la Santa Sede, siendo destinado a la representación pontificia del Brasil, donde permaneció hasta 1975. En ese que fue llamado a la Secretaría de Estado de la Santa Sede, donde ocupó numerosos cargos.

El 2 de abril de 1992 fue nombrado arzobispo titular de Grado y secretario de la Congregación vaticana para el Clero, cargo en el que promovió y organizó los Encuentros Internacionales del Clero de todo el mundo en preparación al Jubileo (acontecimientos sin precedentes en la historia) y las celebraciones de las bodas de oro sacerdotales del Papa.

El 3 de noviembre de 1997, el Papa le puso al frente de la Secretaría general del Comité de presidencia del gran Jubileo del año 2000, convirtiéndose en uno de los máximos responsables de la organización práctica de ese evento que atrajo a Roma a algo menos de treinta millones de personas.

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos o «Propaganda Fide», como se llamaba originalmente, hunde sus raíces en la Comisión especial constituida en 1568 por el Papa san Pío V para las misiones en las Indias orientales y occidentales. Fue constituida propiamente hablando el 22 de junio de 1622, cuando el Papa Gregorio XV le dio la misión de propagar la fe y la unidad de la Iglesia en todo el mundo, especialmente en los territorios recién descubiertos.

El Papa Pablo VI (1963-1978) le dio el nombre actual (15 de agosto de 1967) y la reformó según el espíritu e indicaciones del decreto del Concilio Vaticano II sobre la actividad misionera «Ad Gentes».

Los padres conciliares establecieron que a este organismo le competía «coordinar en todo el mundo tanto la obra misionera como la cooperación misionera» (n. 29) para lo cual se le asignaron tareas de administración y de «dirección dinámica» de esos territorios con «métodos científicos y medios adaptados a las condiciones de nuestro tiempo».

Se trata de una tarea ingente, pues en los territorios de misión el prefecto de esta Congregación desempeña por delegación muchas de las tareas que el Papa realiza en el resto de las diócesis del mundo (de hecho, los romanos llaman el prefecto de la Evangelización de los Pueblos desde hace siglos el «Papa rojo», por el color de sus vestidos).

De hecho, la Congregación vaticana tiene «competencia exclusiva» en los territorios de misión; erige y divide las circunscripciones misioneras, equivalentes precisamente a las diócesis; y al mismo tiempo se encarga de velar por las condiciones económicas de esas comunidades que en su inmensa mayoría pertenecen al así llamado «tercer mundo».