Cardenal Sodano: La misión del cristianismo está en sus inicios

El secretario de Estado afronta los desafíos del católico tras el Jubileo

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ROMA, 9 nov (ZENIT.org).- ¿Cuáles son los nuevos desafíos de los católicos tras el Jubileo del año 2000? A esta pregunta respondió ayer el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, al inaugurar el nuevo año académico de la Universidad Pontifica Lateranense.



El purpurado italiano mencionó tres que, según él, se están perfilando con particular fuerza en estos momentos: «la exigencia de una nueva evangelización; la necesidad de una renovación moral de nuestra sociedad; la urgencia de volver a meter la levadura evangélica en la civilización actual».

Tras el saludo introductorio del gran canciller, el cardenal Camillo Ruini, obispo vicario de Roma, y la ponencia del rector, monseñor Angelo Scola, ante los profesores y estudiantes de esta Universidad que pertenece a la Santa Sede, el cardenal Sodano observó que «nuestra civilización ha tenido regresiones espantosas en el siglo XX, con dos guerras mundiales, que han dejado millones de muertos. La ideología nazi, la comunista, han dejado la triste herencia de terribles persecuciones, con formas aberrantes nunca vistas en el pasado».

La respuesta al «por qué» esto ha sido posible es desgraciadamente simple, observó el secretario de Estado de Juan Pablo II. Todo ha sucedido «por haber olvidado aquellos valores que estaban en la base de nuestra civilización. Se quiso organizar la sociedad sin Dios, pero al final se ha organizado una sociedad contra el hombre».

Pero añadió, citando la «Centesimus Annus» de Juan Pablo II, «si no existe ninguna verdad última que guíe y oriente la acción política, entonces las ideas y las convicciones pueden ser fácilmente manipuladas con fines de poder. Una democracia de valores se transforma fácilmente en un totalitarismo abierto o subrrepticio, como ha demostrado la historia».

Para evitar este peligro, el cardenal ha señalado en primer lugar la necesidad de «volver a proponer a las nuevas generaciones el misterio de Cristo», conscientes del hecho de que «la Iglesia existe para anunciar este misterio».

Una mirada a dos milenios de historia, añadió el cardenal, en segundo lugar, «nos demuestra que la misión de Cristo está todavía en los inicios».

Hoy, subrayó, «se ha llegado a exaltar la libertad hasta tal punto de hacer de ella un absoluto, como si fuese en sí misma fuente de verdad. Pero negando la dependencia de la libertad de la verdad, ha desaparecido toda valoración moral de los actos humanos; cada uno se hace así regla para sí mismo. Y hemos visto y vemos los frutos amargos de esto».

Por último, como tercer desafío, Sodano explicó que «una civilización cristiana podrá llamarse así si se inspira en los principios que el Evangelio pone en la base de la convivencia humana: la dignidad de cada persona, el carácter sagrado de la vida, el sentido religioso de la familia, la dignidad del trabajo, la solidaridad con los demás».

En su saludo inicial, el cardenal Ruini había afrontado también el tema de la crisis moral de la sociedad, subrayando en especial «el riesgo de reducir la inteligencia humana a simple razón calculadora y funcional», que al considerar como «extraño» todo lo que «no puede ser medido con el lenguaje técnico-científico... acaba por callar la tradicional afirmación cristiana del hombre "capax Dei"».