Cardenal Turkson: La alegría no quita la solemnidad del Perdón

El purpurado ganés presidió la Liturgia de la Reconciliación del Congreso

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Por Junno Arocho

DUBLÍN, jueves 14 junio 2012 (ZENIT.org).- El cardenal Peter Turkson, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, presidió la Liturgia de la Reconciliación en el 50 Congreso Eucarístico Internacional de Dublín hoy. Basado en el tema del día, "Explorar el Desafío de Restaurar la Comunión mediante la Justicia y la Reconciliación", el cardenal empezó su homilía leyendo una carta de la hermana Genevieve, superviviente del genocidio de Ruanda en 1994.

La religiosa contaba el trauma y el odio que abrigaba después de que su familia fuera asesinada en su iglesia. La carta describía un evento que cambió su vida cuando al visitar una prisión, ante la sorpresa de la religiosa, el asesino de su familia cayó de rodillas frente a ella y le imploró su perdón.

"Un sentimiento de piedad y compasión me invadió. Le levanté, le abracé llorando y le dije: 'Eres mi hermano y siempre lo serás' --afirmaba la carta--. Entonces sentí que se me quitaba un gran peso de encima y en su lugar afloraba la paz interior. Dí las gracias al hombre que estaba abrazando. Para mi gran sorpresa, gritó: "¡La justicia puede hacer su trabajo y condenarme a muerte, pero ahora yo soy libre!".

El cardenal Turkson recordó a los participantes la exhortación de san Pablo: "¡Alégraos! Sed perfectos. Animáos los unos a los otros. Tened los mismos pensamientos y actitud. Vivid en paz y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros".

El exarzobispo de Cape Coast, Ghana, siguió su reflexión sobre los cinco aspectos de la exhortación, invitando a todos los presentes a alegrarse.

"¡Despertad esta alegría dentro de vosotros! Esta alegría no debe quitar la sobria solemnidad de esta celebración. Pablo sabía cómo alegrarse incluso en las más difíciles situaciones debido a su firme creencia en la presencia del Señor", dijo.

El purpurado ganés llamó a todos a examinarse y buscar la reconciliación con Dios. "¿Cuáles son mis defectos, errores, pecados o debilidades? ¿Cuáles son las actitudes, hábitos o tendencias que hieren a nuestra Iglesia, comprometen nuestra credibilidad, reducen nuestra efectividad y nos hacen descender? Necesitamos ofrecer todo esto a Cristo para que sea perdonado y curado. Entonces podemos ser restaurados y redimidos y por consiguiente siervos dignos de confianza de la casa de Dios, como se lee en Hebreos, e incluso más como hijos adoptados porque somos hermanos y hermanas de Cristo, Hijo de Dios", dijo.

El cardenal concluyó su homilía invitando a todos a seguir el ejemplo de perdón de sor Genevieve y abrazar la exhortación de cinco puntos de san Pablo. "Tras oir la historia de sor Genevieve, si todavía nos atrevemos a afirmar la cercanía de Dios como fuente de nuestra alegría, al final, podemos invocar con confianza su amor permanente y paz reconciliadora", dijo.

"Que el amor permanente de Dios y su paz reconciliadora estén en cada uno que ha pecado, y en cada uno contra el que se ha pecado, en quienes han perdonado y en quienes todavía están luchando por hacerlo".