Cardenal Vallini: ''De su persona aprendimos cómo se ama a Cristo y a la Iglesia''.

Benedicto XVI en el encuentro anual con el clero romano

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1737 hits

Como todos los años el de hoy es un encuentro que se realiza al inicio de la cuaresma. Se realizó en el Aula Pablo VI debido a la cantidad de religiosos presentes. En medio de un caluroso aplauso y de muchos "¡Viva el papa!", entró Benedicto XVI. “Gracias por vuestro afecto y por el amor a la Iglesia y al papa”, expresó.

Un encuentro en el que habló como “en una charla”, sin apuntes y que por aproximadamente tres cuartos de hora recorrió sus recuerdos y su experiencia sobre el Concilio Vaticano II.

“Incluso si me retiro –inició el papa- me quedaré en oración, cerca de todos ustedes y estoy seguro que todos ustedes estarán cercanos a mí, aunque para el mundo me quedaré escondido". Y después de los calurosos aplausos Benedicto XVI escuchó al cardenal Agostino Vallini y se adentró en su exposición”.

El cardenal en nombre de los obispos, párrocos, religiosos, vicarios, sacerdotes, capellanes y diáconos le dijo: “Le presentamos el saludo conmovido y con gran afecto filial”.

“Permítame santo padre confiarle que esta mañana tenemos en el corazón sentimientos de alguna manera similares al de los ancianos de Éfeso, llamados por Pablo a Mileto para escuchar antes de su partida a Jerusalén sus palabras de despedida”.

Y el cardenal citó la frase de evangélica: “Ustedes saben cómo me he comportado... he servido al Señor con toda humildad, entre lágrimas y pruebas...; no me he echado nunca atrás de lo que podía ser útil al predicarles e instruirles..., dando testimonio… la conversión a Dios y la fe en el Señor Jesús... Todos estallaron en llanto y arrojándose al cuello de Pablo lo besaban”.

Mientras Vallini leía, las telecámaras de la televisión enfocaban los rostros profundamente emocionados de quienes allí estaban presentes.

“Sí padre santo --prosiguió Vallini-- no le escondemos que en nuestro ánimo se mezcla un conjunto de sentimientos: tristeza y respeto, admiración y lamento, afecto y ufanía”. En todo esto adoramos la voluntad de Dios y acogemos de su amada persona la enseñanza de cómo se ama y se sirve a Cristo y a la Iglesia”. A su dulce y fuerte ejemplo de vida nos quedaremos ligados por siempre”.

Y el vicario del papa para la diócesis de Roma añadió: “Usted nos ha enseñado muchas cosas para ser discípulos creíbles de Cristo y buenos pastores”, con su “fe indomable y llena de coraje, la humildad en el servicio, la pasión por la verdad en su empeño en el anunciar el evangelio en un mundo en el que hay que proponer de nuevo la fe, así como el cuidado de los débiles y pobres que usted siempre defendió y ayudó”.

“Una visión alta de la vida sacerdotal --dijo el purpurado- que supera las visiones minúsculas que alguna vez se pueden insinuar entre nosotros”.

“Deseo asegurarle –concluyó el cardenal romano- que su magisterio fue siempre acogido por sus sacerdotes como un tesoro. El Año de la Fe lo estamos viviendo como una fuerte invitación a una renovada conversión al Señor y con intensidad interior y renovada disponibilidad de pastores para servir al pueblo de Dios”.