Carta del Papa para recordar que el perdón de Dios es una cuestión personal

Presentación de la carta apostólica «Misericordia de Dios»

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CIUDAD DEL VATICANO, 2 mayo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha escrito una carta apostólica para subrayar que el perdón de Dios es una cuestión ante todo personal y que, por este motivo, la confesión personal es el ambiente propio y ordinario en el que la Iglesia administra este sacramento.



Como se explicó en la rueda de prensa de presentación del documento, que lleva por título La Misericordia de Dios («Misericordia Dei»), el Papa ha escrito esta carta breve y esencial por «Motu proprio», en respuesta a la indebida generalización en algunos países de la «absolución general».

«El hecho de que la humanidad tenga necesidad de purificación y de perdón, es algo totalmente evidente en nuestro momento histórico. Precisamente por este motivo el Santo Padre ha querido escribir esta carta apostólica, que subraya sobre todo el carácter personal del Sacramento de la Penitencia», explicó el cardenal Joseph Ratzinger, al presentar este jueves el documento a la prensa.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe añadió que «la culpa, a pesar de todos nuestros lazos con la comunidad humana, es en último sentido algo totalmente personal, de modo que también nuestra curación, el perdón, debe ser totalmente personal».

Ratzinger explicó que «Dios no nos trata como partes de un colectivo. Él conoce a cada uno por su nombre, le llama personalmente y le salva, si ha caído en la culpa. Si bien en todos los sacramentos el Señor se dirige a cada persona directamente, el carácter personalista de la vida cristiana se manifiesta de manera particularmente clara en el sacramento de la penitencia».

Esta dimensión personal, explicó el cardenal bávaro, «había sido puesto algo a la sombra en las últimas décadas a causa de un recurso cada vez más frecuente a la absolución colectiva, que era considerada cada vez más como una forma normal del Sacramento de la Penitencia».

Este «abuso», añadió, «ha contribuido a la progresiva desaparición de este sacramento en algunas partes de la Iglesia».

«¿Pone entonces este documento nuevos pesos en las espaldas de los cristianos?», se preguntó Ratzinger.

«Es justamente al contrario --respondió--; el carácter totalmente personal de la existencia cristiana debe ser defendido. Ciertamente la confesión de la propia culpa puede parecer como algo pesado a la persona, pues humilla su orgullo y lo enfrenta con su pobreza».

Ahora bien, subrayó, «tenemos necesidad precisamente de esto, sufrimos precisamente por este motivo: nos encerremos en nuestro delirio de falta de culpa y de este modo nos cerramos también a los demás».

«En los tratamientos psicoterapéuticos se exige que las personas carguen con el peso de profundas y con frecuencia peligrosas revelaciones sobre su interioridad --recordó--. En el Sacramento de la Penitencia se presenta con confianza en la bondad misericordiosa de Dios la simple confesión de la propia culpa».

«Es importante hacerlo --concluyó Ratzinger-- sin caer en los escrúpulos, con el espíritu de confianza propio de los hijos de Dios. De este modo, la confesión puede convertirse en una experiencia de liberación, en la que el peso del pasado nos abandona y podemos sentirnos rejuvenecidos por el mérito de la gracia de Dios».

En la presentación, intervino también el cardenal Jorge Arturo Medina Estévez para explicar que «Misericordia Dei» «confirma la enseñanza tradicional de la doctrina de la Iglesia, según el cual, el único modo ordinario de celebración del Sacramento de la Penitencia es el que comporta la confesión íntegra de los pecados al sacerdote con la absolución personal».

El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, aclaró que las «llamadas "absoluciones colectivas" o "generales" han de considerarse extraordinarias y excepcionales».

«Se recurre a ellas única y exclusivamente en caso de peligro de muerte o cuando es física o moralmente imposible la celebración del Sacramento de forma ordinaria», explicó el cardenal chileno. Por eso, señaló: «Equiparar las "absoluciones colectivas" a la forma ordinaria de la celebración del Sacramento de la Penitencia es un error doctrinal, un abuso disciplinar, y un daño pastoral».

Ante la prensa, intervino también el arzobispo Julián Herranz, presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, para destacar las dos dimensiones de la carta del Papa: «el derecho fundamental de los fieles a recibir de los sagrados pastores los sacramentos instituidos por Cristo» y el deber de estos últimos de «establecer y de hacer aplicar con diligencia las leyes canónicas y litúrgicas que aseguren la válida y lícita celebración de los sacramentos».