Católicos y evangélicos, convocados a compartir y anunciar el Nombre de Jesús

Nuevo impulso ecuménico desde el encuentro de CRECES, en Buenos Aires

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BUENOS AIRES/BARI, domingo, 26 agosto 2007 (ZENIT.org).- Un llamamiento a anunciar y a compartir «el nombre de Jesús» ha resonado, de labios del cardenal primado de Argentina, en el IV Encuentro Fraterno de la Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu (CRECES) recién celebrado en Buenos Aires.



Acudieron a la cita ecuménica –bajo el lema «Jesús en el Luna Park» (nombre del estadio donde tuvo lugar)- el pasado lunes miles de cristianos: alabanza, música y canciones, adoración, intervenciones, reflexiones, testimonios y expresiones de solidaridad llenaron la jornada, que culminó con una Declaración Conjunta de la comisión directiva de CRECES, consciente de que el mundo puede cambiar si todos los cristianos unen su voz para proclamar a Jesucristo.

Anunciar y compartir el Nombre de Jesús

El arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina, el cardenal Jorge Bergoglio, sumó su apoyo al encuentro, como en anteriores ocasiones; intervino llamando a los cristianos a «no privatizar el Evangelio» y convocó al pueblo de Dios a anunciar y a compartir «el nombre de Jesús» -informa la organización a Zenit-.

«El nombre de Jesús es el centro de nuestras vidas, la columna vertebral. Su nombre debe significar para nosotros memoria, encuentro y anuncio (...). Que esa memoria sea rectora en nuestra vida. El nombre de Jesús debe ser custodiado en nuestra memoria para que ese espíritu no se adultere en mí», subrayó el purpurado.

«No privaticemos el Evangelio», «no privaticemos el nombre de Jesús para nosotros mismos. Si no lo comparto, es porque no lo he entendido. Gratis lo recibimos, gratis lo tenemos que dar», exhortó.

Matteo Calisi, como fundador y presidente de la «Comunidad de Jesús» (www.comunitadigesu.org) -comunidad carismática católica surgida en Bari (Italia), lleva más de dos décadas promoviendo la reconciliación de los cristianos- y presidente de la Fraternidad Internacional de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza (www.catholicfraternity.net), participó en el encuentro entre los ponentes principales.

Profundizó, en declaraciones a Zenit, en el llamamiento del cardenal Bergoglio, recalcando, siguiendo al purpurado, que «nadie tiene derecho a relegar el anuncio del Evangelio a una mera esfera religiosa privada».

«Además, el anuncio del Evangelio es un derecho-deber de todos los que pertenecen al Reino de Dios, que han sido bautizados en Cristo, que son, por lo tanto, hijos del único Padre Celestial y hermanos nuestros, aunque aún no estén en plena comunión con la Iglesia católica», apuntó Calisi.

En estos encuentros, el cardenal Bergoglio ha expresado «gestos concretos» de ecumenismo espiritual mostrando su «voluntad de querer perseguir con decisión este camino ecuménico, un compromiso prioritario» de Benedicto XVI «e irrenunciable para la Iglesia católica», confirmó Calisi.

Fruto del encuentro de CRECES es la Declaración final, con «un valor y una importancia relevante especialmente en América Latina, donde las relaciones entre la Iglesia católica y gran parte del mundo evangélico pentecostal han estado marcadas por muchas incomprensiones y falta de diálogo fraterno», aclara Matteo Calisi a Zenit.

Misión común

Así, tal Declaración «es un acto conjunto entre católicos y evangélicos que expresa un deseo sincero de reconciliación y la voluntad de emprender la común misión del anuncio del Evangelio», añade.

Subraya que «la experiencia de este diálogo entre católicos y evangélicos propuesto por CRECES en Argentina y en América Latina es la respuesta concreta y efectiva de que es posible colaborar en una única misión del Evangelio en el mutuo respeto, apertura y sinceridad».

«De hecho –constata Calisi-, el objetivo del reciente encuentro no ha sido más que la proclamación gozosa y conjunta del kerigma apostólico confiado por Cristo a sus discípulos para la llamada a la conversión de cuantos aún no le han encontrado».

«Por lo tanto nuestra unidad no se basa en una Declaración abstracta, sino sobre la común misión querida por Jesús para su Iglesia “para que el mundo crea”» -puntualiza Matteo Calisi en Zenit-, y «este diálogo representa sin duda una de las respuestas providenciales del Espíritu Santo a los desafíos ecuménicos de la Iglesia en América Latina evidenciadas por el reciente documento final del CELAM de Aparecida, aprobado por Benedicto XVI».

La realidad de CRECES

CRECES (www.creces.org.ar) nació del anhelo de un grupo de católicos y evangélicos que, sin saberlo, oraban por su cuenta para que el Señor suscitara una forma de iniciar un camino común hacia el cumplimiento del ruego de Jesús: «Padre, que todos sean uno para que el mundo crea que Tú me has enviado» (Jn 17,21), explican los promotores.

El inicio de un camino en común arrancó de la visita de Matteo Calisi a Buenos Aires, en julio de 2003. Hacía dos décadas que el laico italiano –quien ve en el origen de CRECES una inspiración del Señor- y el pastor evangélico Jorge Himitian de la capital bonaerense compartían el mismo deseo de unidad.

«Cuando la Comunidad de Jesús de Bari dio inicio a su primera fundación argentina en Buenos Aires en 2003, fue la promotora de la iniciativa de CRECES –comenta Calisi a Zenit-. De hecho, actualmente de los ocho miembros del Consejo Ejecutivo de CRECES (formado por pastores evangélicos y líderes católicos), tres son miembros de la Comunidad de Jesús argentina».

Se adoptó el nombre de «Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo» pues no se trata simplemente de un grupo, sino que «el Señor ha creado una verdadera Comunión entre nosotros, Renovada por su Espíritu», explican sus miembros.

En el nombre se expresa también la común experiencia «carismática»: la del Bautismo en el Espíritu Santo, una experiencia de efusión que comparten hoy 600 millones de cristianos en todo el mundo, evangélicos de todas las denominaciones, ortodoxos y católicos.

Publicamos la Declaración final del IV Encuentro Fraterno de CRECES.

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JESUS EN EL LUNA PARK
DECLARACIÓN CONJUNTA

Hoy, como desde hace cuatro años, católicos y evangélicos nos hemos reunido para manifestar públicamente que Jesús es el Señor de nuestras vidas, de la Iglesia, y del universo.

"Jesucristo, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está por encima de todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 6-11).

En nuestro segundo encuentro, hace dos años, reconocimos públicamente las divisiones y los desencuentros entre católicos y evangélicos y le pedimos perdón a Dios, nos pedimos perdón los unos a los otros y a la sociedad, principalmente por no habernos amado como Jesús nos ama. Somos conscientes de que hay y seguirá habiendo necesidad de pedirnos perdón. Pero tenemos puesta nuestra esperanza y nuestra fe en que el Señor, mediante el derramamiento del Espíritu Santo, nos irá llevando gradualmente a la unidad; primero en el amor, luego en la verdad y finalmente a la unidad plena por la que Jesús oró (Juan 17.23).

Jesucristo -nacido de la Virgen María por obra del Espíritu Santo- murió en la cruz por nuestros pecados, pero resucitó y está vivo. Envió al Espíritu Santo para fortalecer a sus discípulos y así, anunciarlo a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Sólo Jesucristo, por medio del poder del Espíritu Santo, puede transformar a los pecadores en santos, a los avaros en generosos, a los soberbios en humildes, a los corruptos en honrados, a los enemigos en hermanos.

Sólo Jesucristo puede poner fin a la violencia familiar y traer paz, armonía y unidad en los hogares.

Sólo Jesucristo puede librar a la juventud de la droga, del alcohol, del sexo como mercancía, y transformar a nuestros jóvenes en constructores de una nueva sociedad llena de sueños, posibilidades y realizaciones.

Sólo Jesucristo puede hacer de nuestros gobernantes, personas que entiendan el ejercicio de sus funciones como un servicio al pueblo. Y poner justicia en todas las relaciones humanas, sean laborales, comerciales, gubernamentales o entre pares.

Sólo Jesucristo puede sanar los corazones heridos, poner perdón donde hay rencor, amor donde hay odio, consuelo donde hay angustia.

Porque hemos conocido el amor de Dios, nos sentimos llamados a misionar juntos para anunciar a todos, con nuestras palabras y con nuestra vida que hay una esperanza para el mundo: Jesucristo.

Buenos Aires, 20 de agosto de 2007