Cesare Cicconi: ''Estoy de verdad feliz y todavía emocionado''

Enfermo de esclerosis lateral amiotrófica, besado por el papa Francisco, en su pueblo, le esperaban para hacer fiesta

Madrid, (Zenit.org) Nieves San Martín | 1751 hits

“En 1982, en una audiencia privada con los fieles de San Benedetto del Tronto me besó Juan Pablo II, he recibido un nuevo beso, en la frente, el del papa Francisco. Y estoy de verdad feliz y todavía emocionado”. Lo cuenta Cesare Cicconi, el hombre de 50 años, afectado de esclerosis lateral amiotrófica (SLA), que ayer impulsó al pontífice a bajar del jeep blanco con el que estaba girando la plaza de San Pedro para bendecirlo y besarlo.

La cara de felicidad de Cesare era patente para todos quienes contemplaban la escena de este papa samaritano que sintió la necesidad de bajar de su “cabalgadura”, ante un herido por una minusvalía física especialmente incapacitante, encontrado en el camino.

“Soy católico practicante –explica Cesare a los medios de comunicación--. Y soy desde siempre socio de la Unitalsi [Unión Italiana de Transporte de Enfermos a Lourdes y Santuarios Internacionales] porque mis padres formaban parte de la asociación”.

Su madre, Sandra, de 72 años, murió hace pocos meses y quien se ocupa de Cesare, que tiene el cuerpo completamente paralizado, a excepción de una mano que mueve con un pequeño cable, es su hermana Cinzia de 43 años, y “todos los amigos de la Unitalsi que son como de casa”, aclara.

Sus padres descubrieron que Cesare estaba afectado por SLA cuando tenía ocho meses. A pesar de que debe ser trasladado en camilla, Cesare no se ha dado por vencido y ha querido seguir, en la medida de lo posible, gozando de las pequeñas satisfacciones de la vida.

Cesare cuenta todavía emocionado lo que vivió ayer: “El papa Francisco se detuvo, me señaló y descendió del jeep. Me dio un beso en la frente y me dijo a mí y a mis amigos 'rezad por mí'”.

Muchos de los muchachos voluntarios de la Unitalsi le dieron las gracias al papa y este respondió: “No, gracias a vosotros'”.

A la 1,30 de ayer Cesare tenía previsto dejar la Ciudad del Vaticano para retornar a San Benedetto del Tronto, su pueblo en la región de las Marcas, donde ya habían anunciado una gran fiesta.

Cesare tiene una capacidad para integrarse en la marcha de la vida y no se ha rendido: “Soy hincha del Ascoli e incluso voy al estadio”. Quería volar, cosa no fácil para quien tiene que verse reducido a una camilla. Pero en 2010 logró culminar su sueño y gracias a la compañía aérea, explica a la agencia ANSA, me subí al avión y participé en la peregrinación nacional a Lourdes”.

“A todos nosotros este beso del papa a Cesare –declara el padre Vincenzo de la Unitalsi de San Benedetto del Tronto- nos ha parecido como aquel pasaje del evangelio en el que se lee que Jesús se acerca a la suegra de Pedro enferma, se inclina, la toma por la mano y la levanta. Parecía justo aquél pasaje del evangelio”.

La comitiva de la Unitalsi, conmovida, emocionada y “llena de energía” volvió a casa ayer con un hermoso regalo que les había hecho el papa Francisco.