Chiara Lubich presenta la «fraternidad» como categoría política

Los Movimientos eclesiales pueden colaborar en la construcción de Europa

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MADRID, 4 diciembre 2002 (ZENIT.org).- Es necesario hacer de la fraternidad una categoría política tras el 11 de septiembre, propone la fundadora del Movimiento de los Focolares durante su primera visita oficial a España.



El presidente del Parlamento catalán, Joan Rigol i Roig, recibió el viernes pasado a Chiara Lubich, quien con este viaje pretende difundir el mensaje central de la espiritualidad de su movimiento: la unidad.

Por invitación de Rigol, Chiara Lubich --de 82 años-- habló ante una audiencia de personalidades de los ámbitos político, social y periodístico, acerca de «La fraternidad como categoría política», según recoge la página web del Movimiento de los Focolares .

Refiriéndose al reciente atentado de Kenia y a los acontecimientos del 11 de septiembre, Lubich resaltó que los hechos de las Torres Gemelas provocaron que «los muros de indiferencia existentes se desmoronaran en una avalancha de ayudas concretas».

«Ha sido como si los ojos de un pueblo se hubieran abierto y hubieran visto la absoluta necesidad de que se instaure la fraternidad, y no sólo entre los estadounidenses», constató.

Como observó Chiara Lubich, esta fraternidad ya fue reivindicada por figuras relevantes como Gandhi, Luther King o el Dalai Lama. «Pero quien ha indicado y ha llevado la fraternidad como don esencial a la humanidad ha sido Jesús, que antes de morir rezó: “Padre, que todos sean uno” (Jn. 17, 21)», añadió.

«Otros ejemplos del papel dado a la fraternidad en el campo político --continuó-- se encuentran, por ejemplo, en el lema de la Revolución Francesa: “Libertad, igualdad y fraternidad”, aunque este proyecto fue entendido de un modo restringido».

La fundadora de los Focolares subrayó también el papel que juega la fraternidad en la llamada Aldea Global: «Es un signo de los tiempos: muchos factores religiosos, sociales y políticos lo demuestran». Pero a la vez parece que aún no se ha desarrollado suficientemente una línea de pensamiento «capaz de respetar las diferencias al tiempo que comprende la unidad».

Según Lubich, uno de los instrumentos para hacer real la fraternidad son precisamente los múltiples movimientos y comunidades eclesiales, que tienen su proyección en el ámbito de la política. Es el caso del Movimiento de los Focolares, en cuyo seno nació el «Movimiento por la Unidad».

El Movimiento por la Unidad surgió en Nápoles en el 1996. Hoy se encuentra difundido en todo el mundo y cuenta con la participación de representantes e integrantes de diversos grupos políticos. «No es un nuevo partido, sino la aportación de una cultura y de una praxis políticas nuevas», que se articula en varios puntos.

El primero de ellos es la política como vocación: «Quien es creyente se da cuenta de que Dios le llama a ello, (…) el no creyente advierte la respuesta a un eco de su conciencia; pero siempre es el amor lo que mueve a ambos».

En segundo lugar, está el amor al prójimo. En este caso, son los compañeros de partido, pero también los mismos adversarios y a los que votan en contra. También es saber escucharse y acercarse a la sociedad a la cual sirven: «La fraternidad encuentra plena expresión en el amor recíproco, del que la democracia, bien entendida, tiene verdadera necesidad».

Por último, se contempla la idea de que «la patria del otro debe ser amada como la propia».

Para llevar a cabo todo esto, Chiara Lubich señaló la necesidad del diálogo entre gobierno y oposición, una oposición conducida a través de la crítica constructiva, «que no pretende pisar al otro, sino corregirle para mejorarlo».

En el coloquio posterior a la conferencia, los asistentes expresaron la necesidad de llevar a la práctica la propuesta explicada por Chiara Lubich. Joan Paredes, concejal del ayuntamiento de Gerona, señaló las dificultades que esto supone, ya que «muchas veces (la actividad política) se basa más en la confrontación que en la aportación».

En este sentido, Andreu Majó, alcalde de Arenys de Munt, comentó que muchas veces, «para evitar la paralización en la discusión de un tema, nos vemos obligados a no ir por la vía del consenso».

Tanto Lucía Fronza, responsable del Movimiento por la Unidad, como Chiara Lubich coincidieron en señalar dos elementos indispensables en la acción política que no deben ser excluyentes: «amar al otro, pero también expresar lo que piensas; si no, ¿qué aportaciones haríamos?».

Joan Rigol agradeció la participación de Chiara Lubich y señaló, al cerrar el acto que, aunque la «libertad» y la «igualdad» han encontrado su espacio político por vía constitucional y social, en cambio la «fraternidad» no, viéndose sustituida por la «solidaridad». «Y sin embargo es un valor fundamental porque revierte directamente sobre la persona», reconoció.

En cuanto a la «unidad», el presidente del Parlamento catalán afirmó que no es válido procurarla mediante la «uniformidad», sino más bien mediante la «unanimidad», que cuesta más porque requiere diálogo.

Finalmente, Joan Rigol apuntó una tercera reflexión sugerida por el discurso de Chiara Lubich: la «generosidad política» como categoría superior en la que pueden inspirarse todo el que actúe en el ámbito político.

Idea originaria de la Unión Europea y sus raíces de santidad
En Madrid, la fundadora del Movimiento de los Focolares presentó este martes en la Oficina del Parlamento Europeo en España su iniciativa de la «política de comunión» como clave para construir la Unión Europea.

Fue en durante la clausura del seminario «El papel de la Unión Europea en la paz y justicia mundial», organizado por el Movimiento Europeo, informa el diario La Razón.

Chiara Lubich recordó que «hay santidad en las raíces de Europa» y que el origen de la Unión Europea no fue un mero «negocio económico», sino que partió de la idea de «una solidaridad en la producción».

Para Lubich, «la idea-fuerza que hace de toda la humanidad una única y verdadera familia es la fraternidad universal». «Aunque numerosos países hayan llegado a construir regímenes democráticos, y hayan conseguido dar una cierta realización a la libertad y a la igualdad, la fraternidad, en cambio, ha sido más anunciada que vivida», aseguró Lubich.

La fundadora italiana recordó que «hay santidad en las raíces de Europa», y repasó las aportaciones de numerosos constructores de Europa, como San Benito de Nursia, del siglo VI, los santos Cirilo y Metodio, Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena.

También recordó a dos de los «padres» de la Unión Europea, Robert Schuman y Alcide De Gasperi, en proceso de canonización, quienes «vivieron de manera heroica no sólo las virtudes religiosas, sino también las civiles que su profesión política les exigía».

Según Lubich, la idea originaria de la Unión Europea «no fue realizar un negocio económico», sino establecer «una solidaridad de producción». Los fundadores querían llegar a «continuar la realización de una de sus tareas esenciales: el desarrollo del continente africano».

«¿Pero, cómo podemos proseguir la obra de los que, a lo largo de los siglos, han construido Europa?», se preguntó la fundadora de los Focolares. «Un instrumento cuya eficacia todavía no ha sido descubierta es el nacimiento de decenas y decenas de nuevos Movimientos y comunidades eclesiales».

El segundo instrumento, a juicio de Lubich, es «la llamada a trabajar por la fraternidad». «El político de la unidad ama a la patria de los demás como a la suya», aseguró la italiana. Sin embargo, para Lubich, Europa posee una vocación mucho más amplia, ya que debe «construir su unidad con vistas al mundo unido».