Chiara Lubich propone pautas para evangelizar economía y empresa

En un Congreso Internacional sobre «Economía de Comunión» de los Focolares

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CASTELGANDOLFO, martes, 14 septiembre 2004 (ZENIT.org).- Ante representantes y estudiosos del sector económico y empresarial de 30 países, la fundadora del movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, sugirió el viernes pasado claves para hacer que las empresas se conviertan en verdaderas «moradas de Dios con los hombres».



Su intervención tuvo lugar en el marco del Congreso Internacional --del 10 al 12 de septiembre en Castelgandolfo-- organizado por los Focolares y orientado a hacer balance de los resultados y desafíos de la «Economía de Comunión» (EdC) a los 13 años de su lanzamiento.

En 1991 Lubich puso en marcha el proyecto de la EdC en Brasil para responder a la gran brecha que constató personalmente entre ricos y pobres. «A diferencia de la economía consumista, basada en una cultura del tener, la economía de comunión es la economía del dar...», explicó.

800 empresas de los cinco continentes participan actualmente de esta iniciativa que propone vivir la actividad económica como una expresión de la comunión.

En las empresas que se adhieren a la EdC los beneficios se ponen en común siguiendo tres objetivos: reinversión en el desarrollo de la empresa, la difusión de la cultura del dar y del amor, la ayuda a las personas que se encuentran en dificultades económicas.

Consciente de que el «terrible desequilibrio entre países ricos y pobres» también «genera hostilidad y venganza», para Lubich «suscitar una corriente inversa al terrorismo» está actualmente entre los objetivos de la EdC, contribuyendo con las numerosas fuerzas positivas a la fraternidad que hace posible la comunión de bienes y la derrota de las desigualdades sociales.

Para llevar esto a la práctica en el terreno laboral, Chiara Lubich lanzó ante 650 economistas, investigadores, empresarios, trabajadores, estudiantes y accionistas de una treintena de países el desafío de «hacer de cada hora una obra maestra de precisión, de armonía» y «aprovechar los propios talentos y perfeccionarse».

En su opinión, el trabajo se debe realizar «no sólo por el beneficio», sino para «transformar en amor cada cosa que sale de nuestras manos» --recoge «Radio Vaticana»--.

Advirtió a los participantes en el Congreso Internacional que «la pesadumbre del trabajo, las dificultades de relación y contradicciones son la típica penitencia que no puede faltar al cristiano».

En cualquier caso, en primer lugar entre empleador y empleados debe estar «aquel amor recíproco que atrae la presencia de Jesús en la colectividad», añadió.

En ese contexto Jesús se hace luz «para encontrar juntos nuevas formas de organización del trabajo, de participación, de gestión», de forma que «las empresas se conviertan así en moradas de Dios con los hombres, verdaderas antesalas del paraíso», recalcó Lubich entre los aplausos de los presentes.

Por su parte, Luigino Bruni --profesor de Economía en las Universidades de Bicocca y Bocconi de Milán--, entre los responsables del Movimiento para una Economía de Comunión, recalcó cómo de esta experiencia está madurando una visión profundamente evangélica de la riqueza y de la pobreza.

Según explicó, existe una «pobreza sufrida» que hay que erradicar, esto es, la miseria injusta e inhumana. Pero «hay otra pobreza, la libremente elegida, que constituye la precondición para derrotar la miseria», reveló.

Esto se podría resumir en la frase: «Todo lo que soy y tengo me ha sido dado y por lo tanto debe ser restituido», una propuesta que apunta a la opción de una vida sobria y a la comunión de «bienes que se convierten así en puentes», aclaró Bruni.

Desde esta óptica, y como promete el Evangelio, en la gestión misma de la empresa se hace lugar a la intervención del «socio invisible» con el céntuplo, o sea, la Providencia, concluyó.

Más información en www.focolare.org y www.edc-online.org .