Chile: Fe, esperanza y amor en el “milagro de Copiapó”

¡Gracias Señor!, reza la camiseta que portan todos los rescatados

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COPIAPÓ, miércoles 13 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- Van saliendo uno a uno, los trabajadores atrapados en la Mina San José, observados por mil millones de espectadores de todo el mundo. Todos, con la misma camiseta: ¡Gracias Señor! y en el reverso un versículo bíblico. Lo que ya se ha dado en llamar el “milagro de Copiapó” es aseguran los observadores un milagro técnico, de humanidad, y ¿por qué no? de la fe.

Benedicto XVI, que ha estado presente con diversos gestos,  a los largo de los 69 días de permanencia en las entrañas de la tierra de estos mineros, pronunció en la audiencia del miércoles unas palabras dirigidas a ellos en español: “Que la beata Ángela de Foligno nos ayude a comprender que la verdadera felicidad consiste en la amistad con Cristo, crucificado por nuestro amor. A su divina bondad confío con esperanza a los mineros de la región de Atacama, en Chile”.

Cuando los rescatados salen, como en un “parto” de la tierra, sus camisetas dicen “Gracias Señor” y, cuando se dan la vuelta para abrazar a sus familiares, podemos leer las palabras del salmista “En sus manos están las simas de la tierra, y suyas son las crestas de los montes” (Salmo 95,4).

Varios lectores de ZENIT han enviado sus observaciones sobre las fechas y nombres que rodean a este suceso. La operación haya sido llamada San Lorenzo, patrono de los mineros; los trabajadores se salvaron y pudieron refugiarse ilesos el 5 de agosto, festividad litúrgica de Nuestra Señora de las Nieves; la empresa minera se llama San Esteban y la mina San José.

El primer contacto con los mineros se produce el 22 de agosto, fiesta del Corazón Inmaculado de María, el rescate, en octubre, mes del rosario, un miércoles precedido de otras dos fiestas marianas: la Maternidad y el Pilar. El día 13 de octubre, se produjo el “milagro del sol” en Fátima. Y un dato muy humano: El 15 de septiembre, nace la hija de uno de los mineros y recibe el nombre no previsto de Esperanza.

El 33 ha suscitado cábalas: el número de los mineros, los días que tardó la perforación, y combinaciones numéricas con la fecha en que se inicia el rescate: 13-12-2010.

Pero más allá de los signos en los que cada uno apoya su fe, están los gestos de los rescatados. Varios mineros que emergían de la roca, en este segundo nacimiento, hacían gestos de acción de gracias a Dios: Mario Gómez, se arrodilló en oración, nada más salir de cápsula salvadora. Era el mayor de los mineros y tenía problemas de salud. “Nunca perdí la fe” les dijo a Evo Morales y Sebastián Piñera, presidentes de Bolivia y Chile.

Otro, más expresivo, Mario Sepúlveda, como un moderno jacob, confesó su lucha interior: “Estuve con Dios y con el diablo y me he peleado. Me ganó Dios, me agarré de la mejor mano, y en ningún momento titubeé de que Dios me iba a sacar”.

Uno de los rescatadores, ante los presidentes Piñera y Morales, que abrazaban a cada uno de los rescatados, declaró: “Pedí a Dios que me diera la oportunidad de estar en el equipo de rescate. Estoy participando al cien por cien y con esto sólo estoy orgulloso. Por haber aportado este granito de arena”.

En un pueblo naturalmente religioso como el latinoamericano, los gestos de petición de fortaleza y esperanza a Dios y a su madre María que se han visto estos días son innumerables.

Pero el milagro reside también en los lazos humanos que, a pesar de los momentos de tensión, lograron crear los mineros entre ellos. Carlos Mamani, el trabajador boliviano al que Evo Morales ofreció un avión para regresar inmediatamente a su país, agradeció el gesto, pero dijo preferir quedarse las 48 horas siguientes con sus compañeros en el hospital, y permanecer unido a ellos.

Varias familias procedían de la misma población Tierra Amarilla, entre ellas la de Carlos Barros. Un familiar le decía al salir: “Te hice oración, participé en la velaton [vigilia con velas encendidas]”. Se refería a la velada con la que los mineros se despidieron del lugar la víspera de su rescate.

El mismo Sebastián Piñera, probablemente contagiado de esta espontánea y sentida oleada de agradecimiento a Dios, decía al hijo de uno de los mineros, Víctor Zamora: “Con tus oraciones, con tu fe, tú rescataste a tu papá”.

Cuando se escribían estas líneas, había ya 17 mineros arrancados a las entrañas de la tierra y se cumplían más de 14 horas de rescate. El número de “renacidos” de la tierra superaba ya a los que esperaban su turno.

Este punto del desierto de Atacama, lleno de gestos de amor, fe y esperanza, se ha convertido, entre el 5 de agosto y el 13 de octubre, en un lugar teológico del encuentro con Dios.

Por Nieves San Martín